¿Qué pasa con nuestros hijos cuándo nos separamos?

Lalu Gómez, experta terapeuta de familia, reflexiona sobre este delicado asunto

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Madrid.

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10 de diciembre de 2018. 08:58h

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Lalu Gómez.  Madrid. 11/12/2018

Algo se mueve internamente cuando tus padres se separan, y tarde o temprano esa vivencia acaba poniéndose en palabras. La terapeuta Lalu Gómez lo explica: “Conozco niños que pequeños que dicen cosas como “tengo dos familias, o cuando vivíamos todos juntos” ¿realmente lo recuerdan? ¿son palabras que recibe del adulto y las reproduce? ¿o es un discurso propio, fruto de sus primeras reflexiones acerca de la vida? La experta explica que se puso a meditar sobre ello... ¿puede uno tener dos familias? ¿Cómo es posible fomentar y desarrollar una vivencia del yo integrada y completa en los niños y niñas aún cuando sus padres se han separado. Tal y como recientemente ha reflexionado en Día a día psicología, la experta resume este trance en varios puntos muy importantes a tener en cuenta.

¿Quién se divorcia? La pareja lo hace, los hijos no

“Los vínculos humanos no han de pesar. Las relaciones sanas no tiran, no escuecen. No pinchan ni arañan. A veces las relaciones de pareja se rompen, y cuando existen hijos, el impacto de esa decisión adquiere una trascendencia mayor” -sostiene la psicóloga.

Uno de los retos fundamentales en la crianza es dotar de autonomía a los menores, fomentar un pensamiento crítico, un criterio propio y la capacidad de tomar decisiones y defender su integridad y su punto de vista. Y para eso los niños necesitan saberse únicos, distintos al otro, dar pasitos en su proceso de diferenciación e independencia. Sólo transitando de forma sana ese proceso de diferenciación, la persona adulta podrá construir su propia vida, una vida con sentido. Por eso es importante que no hablemos en primera persona del plural en lo que a emociones y vivencias se refiere (“es que estamos un poco malitos hoy” o “nos han puesto una vacuna”). Al niño le pasan cosas, le pasan cosas a él, y al adulto le pasan otras.

Es fundamental que les ayudemos a distinguir. Gómez sostiene que Ante una separación hay muchas cosas que suceden que no tienen ni deben tocar a los niños, basta con que les demos una versión real y clara de lo que ha sucedido “mamá y papá han decidido...” “a partir de ahora estarás/estaréis con mamá... y con papá...de hecho -añade- es de vital importancia que se dé esa explicación. Hay otros temas que corresponden a los mayores, y el mayor bien que les podemos hacer es mantenerles protegidos de ellos (reproches y descalificaciones, asuntos económicos, opiniones sobre las decisiones o cualquier aspecto de la nueva vida del otro progenitor). Cuando el niño siente que se critica/rechaza o juzga en algo a uno de sus progenitores, se produce un daño directo en él, porque él procede de ambos. Un niño que siente que no se pueden hablar de las cosas de mamá cuando está con papá o de las cosas de papá cuando está con mamá, se siente dividido, desgarrado, despojado de una parte fundamental de su identidad. La salud consiste en integrar -explica la psicóloga.

En una familia en la que se produce un divorcio se produce una herida. Ciertamente, explica Lalu Gómez “es una herida que cura bien, tiene memoria, cuenta una historia. Hay heridas que al contacto aún evocan recuerdos, y son capaces de despertar sensaciones antiguas. Para un niño o una niña cuyos padres se separan, queda una marca en su historia, queda un recuerdo. ¿Que si le impacta? claro que le impacta. ¿Que si determina? claro que determina... pero yo qué sé si es para bien o para mal. Yo soy de la idea de que es para bien, siempre es para bien. Una familia en la que los padres no se entienden o no se respetan, no encuentran la forma de estar bien... es un hogar dañado, es un espacio hostil para todos, aunque se quieran. Claro que se quieren. Hay que quererse mucho para confiar en alguien tanto como para decidir vivir una vida en común. Hay que tenerlo muy claro para tomar la decisión de traer una vida al mundo. Entonces ¿cuándo tus padres se separan queda una herida en el psiquismo del niño? Bueno, pues sí, todas las experiencias nos marcan, nos dejan huella”- reconoce la terapeuta.

Una herida si se cura bien, si se limpia, se pone atención y se aplican cuidados, se convierte en cicatriz, grande o pequeña. Una cicatriz -agrega la experta- “es piel sana que se ha regenerado. Una cicatriz habla de la capacidad del organismo y de las personas de responder y recomponerse ante la adversidad, y de crecer ante todo ello (te suena el término resiliencia ¿verdad?). Una cicatriz no falta ni sobra, las mismas venas y arterias que irrigaron los tejidos ilesos, lo hacen ahora. No está bien ni mal, simplemente es. Es parte de ti. Una parte igual de legítima y de respetable que cualquier otra”.

Es cierto que la separación produce una profunda sensación de mutilación, de desgarro, de desintegración. En el adulto. En un adulto que ha puesto una serie de expectativas, deseos, planes y sueños. El niño o la niña no ha hecho eso, aún no. Elegirá, planeará y construirá la vida que quiera tener, en un ratito. Un ratito largo. Ahora solo tiene dos progenitores que han decidido separarse, romper su proyecto de vida en común. Ahora solo necesita entender y asimilar la nueva situación, y los niños tienen mucha más flexibilidad para hacerlo de una manera fácil y natural. La pareja ha terminado, la familia NO, los progenitores seguirán siempre en esa posición, habrá algo que compartan. La familia cambia de forma. Para el niño o la niña cuyos padres se separan varía el formato en el cual venía compartiendo tiempo con ellos, pero en el mejor de los casos va a seguir compartiendo tiempo con ambos, y si antes estaban implicados y presentes en su crianza de forma estable, lo seguirán estando. Y se tendrán que encontrar en esa labor de padres (en fiestas escolares, en médicos, en celebraciones y en los intercambios del día a día).

Lo ideal -culmina la terapeuta- es que “si hay una separación se haga con delicadeza, con madurez y templanza. Algún día ese niño o niña crecerá, y quizá elija a alguien para compartir su vida, y tal vez también forme una familia. Y probablemente, los padres puedan transmitirle que el amor merece la pena. No solo que merece la pena, que es uno de los mejores inventos hasta el momento”.

Lo ideal

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