La pesadilla del coronavirus entra en El Celler de Can Roca

Joan, Pitu y Jordi cierran el restaurante al detectar entre el personal varios positivos de Covid-19 asintomáticos leves

Es el pan nuestro de cada día hasta el momento en que logremos fulminar al maldito bicho con la tan esperada vacuna. Porque sobra decir que los cocineros y empresarios hosteleros se dejan la piel a la hora de aplicar las medidas higiénico-sanitarias necesarias en unos establecimientos ya de por sí impolutos. Sobre todo, porque el pato lo pagan ellos. Por esto mismo ya pasó Ángel León, que, aunque ya ha reabierto después de quince días, tuvo que atracar Aponiente, en El Puerto de Santa María, al detectarse tres casos positivos en el equipo del molino de mareas una vez realizados los continuos test que se hacen los trabajadores del tres estrellas tras la reapertura después del confinamiento.

Hace unos minutos hemos conocido la noticia de que los hermanos Roca, Joan, Pitu y Jordi se han visto obligados a echar el cierre de El Celler de Can Roca. Para dar a conocer la noticia al mundo entero, han emitido un comunicado en varios idiomas a través de las redes sociales del establecimiento, ya que en las mesas del que ha sido nombrado en dos ocasiones mejor restaurante del globo, se sientan amantes del buen comer procedentes de numerosas partes del planeta: “El Celler de Can Roca permanecerá cerrado hasta nuevo aviso por decisión voluntaria y atendiendo a la responsabilidad ética y al compromiso con las personas de nuestro equipo y con las que tenían la reserva hecha en los próximos días”, explican en el escrito, en el que especifican que ha sido durante los trámites de control interno para hacer el rastreo del Covid-19 en el que se han encontrado con casos positivos, “que no nos permiten tener la tranquilidad de seguir ofreciendo nuestro trabajo en las condiciones adecuadas. La familia está bien, todo el equipo también y los positivos son asintomáticos leves”.

Asimismo, han querido enviar un mensaje “de ánimo, coraje y valentía” a todos los compañeros, porque “la vulnerabilidad de nuestro sector es más que evidente. Nos hará falta firmeza, responsabilidad y sacrificio. Nos toca asumirlo y aprovecharemos esta parada para cuidar a nuestra gente y proteger a nuestros clientes”, sentencian.

Tras el confinamiento, los Roca regresaron al panorama gastronómico con un Celler renovado, ya que aprovecharon el tiempo para realizar algo de chapa y pintura a un establecimiento que volverá a encender sus fogones para continuar ofreciendo un menú de arriesgadas e innovadoras elaboraciones, ya que la creatividad no sabe de crisis. Y menos ellos, que al dar por sentado que jamás prescindirían de nadie de su equipo por mucho que vinieran mal dadas, convirtieron Mas Marroch (www.masmarroc.com), el espacio dedicado a eventos antes de que comenzara esta pesadilla de la que soñamos despertar, en un espacio idóneo, abierto y natural para ofrecer los platos clásicos de un restaurante que durante diez años se ha colocado en el top cinco de The World’s 50 Best. Lo abren sólo por las noches y con dos turnos para mantener la conciliación familiar.

A pesar del cierre de El Celler de Can Roca de una manera temporal, los hermanos mantienen abiertos el resto de sus negocios, que son Mas Marroch, las heladerías Rocambolesc (www.rocambolesc.com) y el hotel boutique Casa Cacao (casacacaogirona.com), que cuenta con quince habitaciones, una maravillosa terraza y un obrador en el que saborear las piezas creadas por Jordi.