Las vacaciones pre-covid de...Carla Royo-Villanova: «El verano que mi novio Kubrat conoció Berria»

Una jovencísima Carla Royo-Villanova y su por entonces novio, Kubrat de Bulgaria, disfrutando de sus vacaciones en Santoña durante el año 1989
Una jovencísima Carla Royo-Villanova y su por entonces novio, Kubrat de Bulgaria, disfrutando de sus vacaciones en Santoña durante el año 1989La RazónCarla Royo-Villanova

«Lo recuerdo como si fuera hoy. Es el verano de 1989, en Santoña. Yo tenía 19 años y estoy con mi novio (Kubrat de Sajonia-Coburgo o «de Bulgaria»). Aquel fue un verano distinto porque era la primera vez que él venía a pasar unos días a casa. Desde que nací –hasta hoy– nunca he fallado a mi cita con la playa de Berria, que para mí es el paraíso y al que debo gran parte de mi carácter», resume la empresaria que ha diseñado unas mascarillas no sólo bonitas sino homologadas sanitariamente, y que están disponibles en su web (www.carlabulgaria.com).

«Fue mi abuela materna –prosigue– quien lo escogió cuando mi madre era pequeña. Santoña es culpable de mi energía. El Cantábrico forma parte de mí y no podría prescindir de ese trocito tan bello de la tierruca. Por eso era importante que al amor de mi vida le cautivara para que pudiésemos disfrutar, en un futuro, con nuestros hijos –como luego ocurrió– tal y como hicieron mis padres con nosotros», explica Carla, quien fundó hace trece años la línea cosmética Carla Bulgaria, y desde hace una década lo compagina con funciones de consultora de gastronomía y turismo y escribe para distintos medios. Para la empresaria ese verano es la síntesis de todos los vividos: estar en familia, sin televisor, dando largos paseos, mesas llenas de tertulia frente a eternos aperitivos, «rutas gastronómicas, compras en el mercado de abastos, charlas con los hortelanos... Por eso era fundamental que Kubrat conociera mi paraíso. Mi labor era que se enamorase de aquel lugar». Y lo logró, pero no puede olvidar los nervios en su casa antes de que él llegara, «algo normal –matiza Carla– porque era mi primer novio. Pero él los ganó a todos desde el primer instante y, desde aquel verano, tampoco puede prescindir de unos días en Berria, por no hablar de que hemos logrado mi sueño: que también nuestros hijos amen aquello y tenga un significado familiar especial». La responsable del blog Viaja con Carla, en el que organiza experiencias gastronómicas y viajes a la carta, evoca muchas imágenes contemplando la foto: «El sabor y el aroma de Cantabria lo llevo grabado en la memoria y en la piel. El de la marisma de Santoña en bajamar, el olor de las conserveras el pueblo, el del heno fermentado en los praos, el de los cántaros donde vamos a buscar la leche, que son los mismos –y con los mismos abollones– de cuando era pequeña... Subir a los montes cercanos, recorrer en bicicleta los acantilados...».

Era imposible que el plan no cautivara a quien por aquel entonces era su novio, el hijo del rey Simeón de Bulgaria y hoy eminente cirujano, con quien terminaría casándose y formando una preciosa familia, «aquel verano sigue siendo el mismo de todos los años... salvo que hoy la felicidad es cada vez mayor». No quiere concluir la evocación de los periodos estivales de su vida sin recordar los agostos en Cabo de Palos (Murcia), «es mi segunda rutina veraniega. Allí se encuentra el resto de mi familia paterna y es otro encuentro memorable para todo el clan. Mi padre y Almudena, su mujer, son dichosos compartiendo con nosotros el mismo verano cabopalero de siempre». En realidad, como ella explica con los ojos inundados de ternura «mi abuela materna, Maricar, eligió el paraíso del norte y mi abuela paterna, Guillermina, el del sur. Lo hicieron tan bien, que nunca he querido cambiar de plan, porque ellas nos regalaron sus vacaciones y nosotros mantenemos viva la tradición, ¡es increíble la unión familiar que dos mujeres lograron hace tanto tiempo!».