Doña Sofía: hija, esposa y madre de rey

Su nombre no aparece en ninguno de los comunicados de la casa real, lo que hace pensar que ahora cobrará el protagonismo familiar que siempre tuvo pero donde reinará en solitario

En los treinta y ocho años y siete meses que Doña Sofía ha sido la única Reina consorte en ejercicio, ha dado numerosas vueltas al mundo en viajes oficiales, ofrecido decenas de discursos y recibido a miles de personas en audiencia. En su primer año como Reina consorte emérita no realizó ni viajes oficiales ni recibió en audiencia oficial en el palacio de La Zarzuela. Su actividad oficial quedó aplazada. Se acabaron los viajes de cooperación al extranjero o la representación de España más allá de las actividades culturales o solidarias. Eso sí, sigue siendo Presidenta ejecutiva de la Fundación Reina Sofía, Presidenta de Honor de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y la Escuela Superior de Música de Reina Sofía no ha cambiado de nombre. Pero las calles, hospitales o centros culturales, desde el 19 de junio de 2014 ya no reciben tantas solicitudes para que se llamen Reina Sofía, sino infanta Sofía, Reina Letizia o princesa Leonor.

Hace años declaró, cuando la costumbre dictaba que los reyes morían en ejercicio y no abdicaban, que no quería ser nombrada Reina Viuda, ni Reina Madre, ni nada similar, que ella siempre sería la Reina Sofía. De ahí que, la soberanía popular, que no la oficial que simplemente la denominan por expreso deseo de ella, Reina Sofía a diferencia de Doña Letizia a la que se refieren como Reina a secas, la hayamos adjudicado el sobrenombre de «Emérita».

Es una mujer que ha sabido estar en su sitio, a la que una vez el rey Juan Carlos la definió como profesional y con un comportamiento siempre impecable. Jamás se la ha visto en público una mala actitud ni un mal gesto, al contrario, ha puesto la mejilla cuando ha recibido una muestra desagradable. La imagen de ella ofreciéndole el brazo a su marido para que se apoyase al bajar unas escaleras porque Don Juan Carlos dio un traspiés y él lo rechazó de malas formas o el incidente con la Reina Letizia en la catedral de Palma de Mallorca saliendo de la misa de Semana Santa, son momentos grabados en la retina que dan más argumentos para que se la tenga en tan alta estima y que, a la vez, son detalles que reflejan su carácter.

No a las pieles

En una de las visitas del Papa Juan Pablo II a Madrid, el Santo Padre estuvo en La Zarzuela y como es lógico todos los trabajadores querían verle de cerca. Se escogió solamente a un grupo para ello, pero cuando se entero la Reina Sofía hizo que todo el personal pudiera estar presente. Es además una mujer interesada e implicada en la ecología. Hace décadas que abandonó el uso de abrigos de pieles, a la que hemos visto soltando tortugas en la isla de Cabrera y recogiendo basuras en la playa. Y, personalmente conmigo estuvo un buen rato hablando de coches eléctricos porque contaminan menos. Además, la madre del Rey Felipe VI disfruta yendo de tiendas y mercadillos de los que nunca se va de vacío porque «es muy comprona» como la retrataba su cuñada Pilar en las conversaciones que manteníamos.

Doña Sofía, consorte de rey abdicado, madre de dos infantas y un Rey y abuela de ocho nietos, aparece la última en el escalafón del organigrama oficial de la que fue su Casa, por detrás de las pequeñas Leonor y Sofía. Felipe, Letizia, Leonor, Sofía, Juan Carlos y Sofía, así es el orden de preferencias, que de momento, no han modificado. Pero Doña Sofía es sobre todo el nexo de unión en la familia y tiene una gran complicidad con el Rey Felipe.

Un mes después de pasarle el testigo a su nuera Letizia, la princesa Irene me confesó en los jardines de la embajada griega en Madrid que su hermana estaba «muy contenta. Ahora es otro ritmo pero sigue sin parar su actividad. Continúa al frente de su fundación y sigue teniendo el día muy ocupado». Lo que es cierto a juzgar por su buen aspecto, más delgada y relajada. Ahora tiene más tiempo para ejercer de madre y abuela y ése será, seguramente, el papel que seguirá teniendo.

Lleva años viviendo su vida privada sin su marido, de ahí que el traslado de residencia al extranjero de Don Juan Carlos no suponga un cambio de costumbres para la Reina Sofía. Ambos monarcas llevan caminos personales diferentes desde hace décadas. De hecho, nada más abdicar el rey Emérito apenas tuvo agenda oficial y se le podía ver en los toros –un gusto que Doña Sofía no comparte–, comiendo por restaurantes de medio mundo, recalando en distintos países por los que pasaba el campeonato de Fórmula 1, pasando las navidades en Los Ángeles o en reuniones en el Caribe, un destino que no entra entre los favoritos de su esposa. Por el contrario, la Reina Sofía ha mantenido un perfil bajo siempre, viajes a Suiza, para visitar a los Urdangarín-Borbón, a Londres, Grecia o Palma de Mallorca, lugar al que parece que no tiene previsto dejar de acudir. Por cierto, no quiero desmontar el mito del vegetarianismo de Doña Sofía, pero Carmelo Pérez, que la sirvió durante 25 años, me dijo en su día que «es de gustos fijos y come bastante bien. Le encantan los huevos y todos los pescados. Su única limitación es que no come carne».