Carmen Borrego, a la caza de las otras Campos

Con un perfil aparentemente más discreto que no quiere decir bajo, Carmen puede llegar tan lejos y hacerse tan popular o discutida como su parentela.

Carmen Borrego sigue en el candelero parece que dispuesta a emular e incluso superar lo conseguido profesionalmente durante años por su madre, la añorada María Teresa Campos, y hermana Terelu. Con un perfil aparentemente más discreto que no quiere decir bajo, Carmen puede llegar tan lejos y hacerse tan popular o discutida como su parentela. Ganas no le faltan y, casi a la chita callando, gana adeptos, seguidores y aplausos. Es cuestión de tiempo, de agallas y ganas de aguantar. Promete tras un verano carente de grandes personajes, eventos y acontecimientos sociales. Lo deseamos o más bien lo necesitamos. Acaso solo suponga un paréntesis estival donde el calor nos relaja y despreocupa resultado de estar bajo el sol que más calienta. Resulta esperanzador el retorno con Borrego encabezando sorpresivamente el supuesto y necesario palmarés porque lo demás no interesa. A ver cuánto dura.

Quizá por eso recurran a resucitar a Camilo Sesto, cuyo primer aniversario mortuorio se cumplió hace una semana para darle alegría al cotarro. «Hormigas blancas» le hace homenaje en su programa donde hasta entrevistan a alguna de las coristas que durante diez años lo acompañaron en su carrera internacional. Julio Iglesias también soñaba, o más bien suspiraba, con el mercado norteamericano y hacer pareja con el gran y difícil Sinatra, al que tras varios problemas entrevisté en su breve visita a España que no le gustaba desde que filmó aquí «Orgullo y pasión» con Sofía Loren. No le gustábamos como él a nosotros. Julio Iglesias cantó en la Quinta Avenida de Nueva York, sí, solo para público latino. No lo conquistó y resignado pero dolido se dedicó a dar múltiples y continuados conciertos por Argentina, México, Miami o África, donde el entonces rey marroquí era su encendido fan. Fueron su mejores mercados. «Algo de mí se va muriendo» ya es un clásico universal como la versión popera que Miguel Ríos, otro olvidado, hizo del «Himno de la alegría». Lo convirtió en un hit del pop no superado hasta ahora. Miguel pretendió bisarlo y fracasó. El otoño puede traernos más que la caída de la hoja. Acaso produzca sensaciones sociales imposibles de predecir y dar un giro a lo establecido. Cabe suponerlo o hasta desearlo. Calculo lo que podría montarse y hasta qué extremo animará a la elite madrileña. Ojalá se cumplan mis augurios.