La cara y la cruz de las Campos: la dura pelea por una silla en televisión

El sábado protagonizaban el esperado rencuentro público, que no familiar

Terelu Campos, Carmen Borrego y Alejandra Rubio
Terelu Campos, Carmen Borrego y Alejandra Rubioangel trotterGTRES

Durante años la referencia cuando se nombraba el apellido Campos era Teresa, «la reina de las mañanas». Terelu era Terelu a secas. Tenía programa propio en Telemadrid y las tardes eran suyas. En aquellos tiempos no había críticas a las Campos. Por el espacio matinal de Telecinco pasaron políticos en ejercicio, ministros, presidentes de Comunidades Autónomas, empresarios y nombres de primera fila en el mundo artístico. Todo aquel que aspirara a cierto protagonismo buscaba ser entrevistado por Teresa. Las Campos se reducían entonces a dos: madre e hija primogénita, aunque para algunos reportajes familiares también entraba en escena la nieta Alejandra. No hay que olvidar que Terelu retransmitió para su programa las últimas horas antes de que la niña llegara al mundo en la Fundación Jiménez Díaz. Un reportaje memorable que en aquellos tiempos nadie criticó. En este sentido resultó llamativo años después cómo colaboradores que habían trabajado con las dos fueran a «Sálvame» para criticar las supuestas presiones laborales que ejercía la directora de «Día a Día» contra ellos. Cuando llegaron las vacas flacas y Teresa dejó de ostentar el poder televisivo, olvidaron que su productora era una de las que mejor pagaba al personal fijo y a los colaboradores.

Carmen aún no había entrado en escena. Para diferenciarse del clan siempre mantuvo el apellido Borrego de su padre. Por decisión propia, su elección fue no ser visible. Dejaba el protagonismo a su hermana, y ahora, ante los conflictos fraternales, se ha llegado a decir que siempre hubo cierto resquemor por su parte. Carmen era menos vistosa físicamente pero, en cambio, tenía un sentido del humor y una ironía muy parecidas a la de su madre. Llegó al programa matinal en Telecinco para dirigirlo cuando ya era un espacio consolidado. En su andadura laboral, estar detrás de las cámaras le daba una aureola profesional importante. Así se mantuvo unos años, hasta que Teresa pasó de ser dueña y señora de sus programas a tener unos contenidos en los que no intervenía.

De izq. a dcha., Carmen, María Teresa y Terelu
De izq. a dcha., Carmen, María Teresa y Terelu

Fue entonces cuando comenzó la cuenta atrás de la saga en el aspecto profesional. Terelu siguió su carrera en «La fábrica de la tele» con altibajos. En su participación en «Sálvame» y el «De Luxe» no llegó a estar tan cómoda como cuando era la estrella de Telemadrid. Fue entonces cuando Carmen apareció en escena. Grabaron el «reality» «Las Campos» donde ya se vio la diferente manera de ser entre las hermanas: Borrego daba más juego que Terelu, más ajustada a los guiones establecidos. Teresa Campos era la titular de la tribu, pero no estaba cómoda y se notaba. A partir de ese momento las hijas se convirtieron en protagonistas de reportajes donde se removían historias familiares dolorosas y supuestos conflictos y celos entre ellas por un sillón televisivo. Esta situación llegó al límite cuando Terelu abandonó «Sálvame» porque no podía soportar las críticas a Carmen y al resto del clan.

El «huracán» Alejandra Rubio

La pequeña de las Campos no lo puso fácil y las exclusivas en la revista «Lecturas» avivaban aún más el fuego mediático. Sus comentarios sobre los que habían sido sus compañeros de trabajo le complicaban la vida y más aún con la irrupción de su sobrina Alejandra como colaboradora de «Viva la vida». Rubio llegó pisando fuerte y con las cosas muy claras: «Yo estoy aquí porque soy la nieta de Teresa Campos, la hija de Terelu y la sobrina de Carmen Borrego. Espero hacerlo bien». Con ese planteamiento consiguió que no se le pudiera achacar su árbol genealógico como determinante a la hora de su contratación. No tenía experiencia, ni estudios, ni ningún curriculum televisivo salvo ser una Campos. Y en estas últimas semanas, haber reñido con su tía Carmen ha vuelto a actualizar la cara y cruz de las hermanas.

Así, el sábado aparecían las tres en «Viva la vida» y escenificaban el reencuentro televisivo, que no familiar. A pesar de lo que se escribe y se comenta en las tertulias, una cosa es la relación mediática y otra diferente la privada. Un amigo que las conoce desde hace muchos años me asegura que «una cosa es la televisión y las exclusivas y otra bastante diferente sus relaciones personales. Son una piña, se adoran, y sufren una barbaridad cuando atacan a una de ellas».