¿Qué fue de Mari Carmen y sus muñecos ?: “El Gobierno no tiene ni el bachillerato”

Sigue en activo, con proyectos, e inmersa en la publicación de su cuarto libro, que será un repaso sobre toda su vida a nivel profesional y personal

Mari Carmen y sus muñecos
Mari Carmen y sus muñecosmari carmenLa Razón

Su nombre es María del Carmen Martínez-Villaseñor, pero todos la conocemos como Mari Carmen y sus muñecos. Nacida en cuenca en 1943, logró conquistar a medio mundo gracias a sus dotes de ventrílocua y también por su gran sentido del humor. Su amigo, el productor José Luis Moreno, fue su descubridor cuando esta tan solo tenía dieciséis años. Ahora, a sus 77, y después de una vida llena de éxitos, la conquense, que ha estado viviendo en Madrid hasta hace unos años, ha decidido mudare al Puerto de la Cruz (Tenerife), a un bonito chalet en el que reside junto a sus adorados muñecos.

LA RAZÓN ha podido conversar con ella durante casi una hora, y amablemente nos cuenta, entre otras muchas cosas, que no está retirada, como dicen muchos. Ella sigue en activo, con proyectos, e inmersa en la publicación de su cuarto libro, que será un repaso sobre toda su vida a nivel profesional y personal. Además, nos abre las puertas de su casa y nos muestra una de sus mayores debilidades: su mercedes, un coche del que disfruta en su día a día con la compañía de la música de su querido Sinatra. Una charla con la humorista en la que también nos desvela su opinión -nada buena- sobre el actual gobierno, el papel de los humoristas en la actualidad, y si se siente -o no- olvidada por el mundo del espectáculo.

- ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo le va la vida, Mari Carmen?

- Muy bien. Estoy muy contenta y tranquila. Ahora estoy viviendo en el Puerto de la Cruz (Tenerife) desde hace algunos añitos. Tengo un chalet con piscina en una urbanización pequeña, y aquí estoy.

- ¿Vive sola?

- No. Yo nunca he estado sola, y cuando estoy sola tampoco lo estoy. La presencia en mi vida de Dios es total... Yo es que no tengo fe, tengo certidumbre -risas-. Además, tengo unos vecinos geniales con los que te partes de risa. Nos llevamos todos muy bien.

- Imagino que sale por el puerto

- Claro que sí. Tengo un mercedes, que además me costó carísimo, y no paro de conducir. Me pongo a Sinatra y a Barbara Streisand a todo trapo y me lo paso pipa con mi techo abierto.

- ¿Cómo le ha afectado la pandemia del coronavirus?

- Tenía una gira por Valencia que tuve que suspender por este tema. Yo estoy en activo, tenía pensado hacer teatro pero por la situación actual no ha podido ser. Todavía no me he vacunado y no quiero, pero si nos obligan pues claro que lo haré.

- Imagino que echa de menos a la familia....

- Mucho, me da mucha pena todo esto porque no les puedo abrazar. Mi hijo está en Madrid trabajando mucho. Él es el que se ocupa de todas mis propiedades. Las has mejorado muchísimo. Ahora está reformando un chalet en Pozuelo y lo está dejando maravilloso. Allí tenemos esa propiedad, y somos vecinos de Aznar, que es amigo nuestro.

- Como gran humorista y ventrílocua, no sé si piensa que estos tiempos que corren están favoreciendo, o no, al humor, algo que es tan necesario y más ahora...

- Ha cambiado todo mucho. Desde que la censura nos dio vía libre se han desatado una serie de humoristas que han salido a la luz, de la sal gorda, de lo fácil, de lo grosero y de lo que no se puede aguantar. Me parece una falta de respeto la imagen de algunos, con los vaqueros rotos y sin afeitar. Yo llevaba mis trajes de Dior, por dios... Al que sí que admiro es a José Mota. Admiro a muy pocos humoristas pero él es un genio.

- ¿Qué le parece Dani Rovira?

- Me contrató para hacer un programa hace seis años. Rovira es excepcional y tiene algo que no se puede aprender, algo innato. Tiene ángel y le deseo lo mejor.

- ¿Qué proyectos tiene usted en mente ahora?

- Pues ahora mismo estoy escribiendo mi cuarto libro. No son mis memorias exactamente. En esta novela habrá dos partes. En primer lugar hablo de Mari Carmen y cuento toda mi vida e infancia, y después cuento muchas cosas de mis muñecos. Yo empecé haciendo guiñol con el padre de mi amigo José Luis Moreno en un teatro del Retiro (Madrid). En el libro hago una reflexión que me encanta y es la siguiente: “De los jardines del retiro -donde empecé- al retiro de mi jardín”, que es donde vivo ahora.

- ¿Considera que ya está retirada?

- No, para nada, pero me han apartado del mercado, como a todos.

- Usted es una leyenda del humor y de la televisión. ¿Siente que la han olvidado a medida que iba cumpliendo años?

“El gran pecado del hombre es el olvido”. Es cruel olvidarse de la gente. Este país es cruel, y no tanto la gente como los medios que manejan los hilos. El otro día fui a la farmacia y todas las personas que estaban en la cola me reconocieron. A la gente no se le olvida, pero los que llevan la batuta de todo sí. Un día pregunté a mi amigo Pedro Ruiz para ver si podrían darnos un espacio de humor en televisión, pero tras su respuesta, le pregunté: ¿Ahora es todo Sálvame y Belén Esteban? Me dijo que el sistema actual ha decidido que los que hacemos pensar, molestamos. Ahora son todos muy jóvenes y sin experiencia. Los que pasamos de 40 ya no servimos y parece que somos un despojo, ¡qué pena de siglo XXI!

- ¿Culpa del gobierno?

- Tenemos un gobierno que no tiene ni el bachillerato. He conocido a algunos parlamentarios, que además han sido amigos. Pero ahora sale gente muy poco preparada, además van fatal vestidos. Es muy triste todo. Como dice César Manrique, “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

- Pese a todo lo que dice, es increíble como a sus 77 sigue teniendo esas ganas de comerse el mundo...

- Algo mágico ocurre con las personas vocacionales como yo. Existe un chip que nos mantiene con mucho entusiasmo y con ganas de seguir creando, actuando y funcionando. No parece que tenemos la edad que tenemos -risas-.

- Siempre ha sido y sigue siendo muy generosa con la prensa

- Nosotras, las de antes, sabemos que los periodistas son nuestros mayores socios. Sin ellos no seríamos quienes somos. Es emocionante y hay mucho respeto. Las cosas antes eran así, no es que seamos generosos, es que tenemos claro lo que sois para nosotros.

- No podía despedirme sin preguntarle por sus adorados muñecos

- Están hasta las narices de todo -risas-. Yo les tengo que calmar y hablo todos los días con ellos. Doña Rogelia está muy cabreada, el pato está encantado con el virus porque no da un palo al agua. Rodolfo está triste porque no tenemos carnaval -risas-. Al final mis muñecos son una extensión de mí. Son mis niños y no me gusta que les llamen “mis muñecos”.