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María Jiménez: “No tengo problemas sino soluciones”

La cantante ha cumplido este año casi cinco décadas en activo. TVE le dedica el primer programa biográfico de esta temporada de «Lazos de sangre»

La cantante María Jiménez
La cantante María JiménezLuca PiergiovanniEFE

María Jiménez Gallego, nacida en el sevillano barrio de Triana, nunca pasó por escuela de baile o cante, lo suyo ha sido inspiración. A los once años deja el colegio y comienza su vida laboral en un obrador. De hacer polvorones en Sevilla se va a fregar escaleras y se coloca «de chacha» en Barcelona, hasta que le llega la oportunidad de cantar. Lo demás ya es historia musical de España. Su último disco, «Vivir la vida a mi manera», se ha grabado con las dificultades impuestas por la pandemia: «Cuando nos encerraron sólo teníamos cinco temas grabados y cuando nos dijeron a meterte en tu casa, pues nada, aquí estuve dándole vueltas a la cabeza: pensando en el vestuario, las canciones y así me iban saliendo las letras, porque me dejé los papeles en el estudio. Yo lo memorizaba todo, porque no canto en mi casa. Aquí no canto ni en la ducha. Resultó un doble esfuerzo para mí este disco». En mayo de este año recogía su Medalla de oro de Andalucía y desde su silla de ruedas con lágrimas en los ojos, repetía: «Muchas gracias a todos de corazón». Esta noche, TVE le dedica el primer programa biográfico de esta temporada de «Lazos de sangre» en el que habrá alegrías, muchas, pero también golpes, como perder a una hija, sufrir un cáncer de colon y divorciarse dos veces del mismo hombre, José Sancho, padre de su hijo Alejandro. Y lo peor para ella: depender ahora de una silla de ruedas para moverse. Aún así, María le pone coraje: «Yo no tengo problemas, tengo soluciones», espeta a LA RAZÓN. Y repite que muchas cosas las hace «con el corazón en la mano y por la memoria de mi niña».

A Rocío, que la tuvo en una España donde las madres solteras no lo tenían fácil, la perdió en un accidente de coche, cuando la joven tenía 16 años. Aunque ya han pasado 36, parece tenerla siempre presente, eso sí, «borraría todas las Navidades del calendario», según le contó a Bertín Osborne cuando visitó su casa. Ella se ríe de las adversidades y cuando se le menciona los tres meses que pasó en coma en 2019, cuando muchos perdieron la esperanza de volverla a ver, se arranca con un: «No estaba muerta que estaba de parranda», porque María es de esas artistas que te canta a poco que te descuides. Es generosa en todo. Por ejemplo, le regaló su todo terreno de gama alta al jardinero. «No tengo coche porque se lo regalé al jardinero que le hacía mucha falta. Era un Mercedes todo terreno al que no podía casi subirme con la pierna como la tengo», explica. Y también le pone humor ante noticias adversas como su estancia en la UCI en mayo de 2019. Recibió tantos mensajes de gentes que rezaban por su curación que ella ironizaba con sorna: «Este país se ha vuelto católico conmigo de tanto rezo».

La cantante María Jiménez FOTO: Ricardo Rubio Europa Press

Genio y figura

Lo curioso de María Jiménez es que afirma no ser consciente de la figura pública que es, aunque sus discos sean de los más vendidos y encabecen las listas de descargas. Aunque su hijo haya plasmado su rostro en camisetas y vasos que vende en su página web. Lo suyo es reinventarse con plumas de pavo real o con abalorios brillantes, da igual, es genio y figura, con su ironía, su voz ronca y su gran corazón. Eso sí, sin un pelo de tonta aunque peque de ingenuidad cuando me aseguraba, de lo más normal, que «yo no sé quién soy ni lo que represento. No soy consciente de quién es María Jiménez. Soy sentimiento nada más. Mi cabeza no para de trabajar y cuando me despierto de madrugada porque se me apaga la tele, lo que hago es empezar a trabajar», detalla y asegura que cuando habla no tiene filtros.

Con 71 años cumplidos en febrero, María ha celebrado 47 años en activo. La artista tiene una curiosa forma de trabajar: «Me levanto tarde y lo hago porque me despierto muchas veces durante la noche y me pongo a estudiar y a repasar canciones de un disco de memoria. Dándole vueltas a mi cabecita me voy recordando los temas y los canto de memoria en mi cabeza. Esa es la mayor parte de mi noche y de mi día. Cuando me levanto, me pinto los labios y me pongo mis pendientes de corales. Luego, desayuno, me ducho y me pongo algo cómodo y el que viene a casa me ve en el sofá porque yo no soy mucho de salir. Cuando llega la hora del aperitivo, me tomo mi tintito dulce, almuerzo, me echo una cabezadita, y hablo una barbaridad por teléfono». El teléfono, que atiende ella personalmente, la mantiene en contacto con el mundo exterior. Su voz es fuerte y directa. A María no le puedes andar con rodeos porque enseguida te pilla. Ahora está satisfecha con el programa que le dedica la primera cadena de Televisión Española: «Nunca es tarde pero yo no me voy a ver. La gente va a encontrar a María Jimenez tal cual, como siempre he sido. Cuento mi verdad porque yo nunca miento. Para mí es muy fácil hablar de mi vida, porque como no miento, no me cuesta acordarme de lo que he vivido», declara agradecida.

Y seguro que, desde su sillón de su «chalé de 600 metros en una parcela de 4.500» en Chiclana de la Frontera, Cádiz, esta noche vivirá las emociones contradictorias de sentir vergüenza: «A mi no me gusta verme, nunca me ha gustado , me da como pudor. Yo estaré en la otra parte de la casa mientras mi hijo, mi nuera, mis dos nietos y unos amigos de Toledo estarán siguiendo el prorama, porque mi hermana Isabel estará en el plató». María se emociona con facilidad: «Creo que aún hay muchas cosas que contar de mi vida pero no sé si seré capaz de sacarlo todo en una nueva biografía. Luego me da mucha vergüenza leerme. Primero, lo voy a grabar y cuando lo escuche en frío, decidiré si lo escribo o no», afirma. María ejercita su memoria constantemente. Confía poco en las tecnologías y cada vez más en sí misma. Como ella misma dijo a los médicos cuando entró a la UCI :«La rubia va a salir adelante». Con este tesón, hay María para rato.