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Tana Rivera, la pacificadora de los Alba

«Es una chica con mucha personalidad y, sobre todo, libre», la define su tío Cayetano Martínez de Irujo, agradecido por su presencia en la misa por la Duquesa de Alba

Tana Rivera, reina de La Goyesca 2021
Tana Rivera, reina de La Goyesca 2021 FOTO: Daniel Gonzalez GTRES

Cayetana, la hija de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera ha elegido un papel difícil. Intentar tener una vida privada ajena su árbol genealógico. Antes de nacer ya tenía portadas y el embarazo de su madre se siguió casi mes a mes hasta que nació el 16 de octubre de 1999. En el organigrama de los nietos de la Casa de Alba ocupa el penúltimo lugar por delante de los mellizos Amina y Luis, con los que se lleva un año. Por encima de ella están los primos Jacobo y Brianda, hijos del Conde de Siruela, Luis y Javier, los varones del Duque de Hijar, Fernando y Carlos, cuyo padre es el actual Duque de Alba. Con todos ellos se lleva de maravilla, aunque tiene más química con los que tienen una edad parecida.

A Tana, como la llaman familiarmente, solo le gusta que se dirijan a ella de esa manera sus amigos. Al menos, así lo dijo en una ocasión su padre cuando un periodista le preguntó: «¿Cómo está Tana?». La respuesta del torero resultó muy desabrida: «Tana es para los de casa». Y así quedó la anécdota. Puede ser que los nervios le jugaran una mala pasada a Francisco Rivera. Por aquellas fechas la nieta más parecida a su abuela había pasado por unos desajustes de salud que desaparecieron con el tiempo. En un par de ocasiones sufrió desmayos que no fueron a más.

«Una chica libre»

Cayetana ha demostrado tener mucha personalidad y ser una especie de nexo familiar y así lo reconocía su tío Cayetano Martínez de Irujo. Este año, como los anteriores, el hijo jinete organizaba una misa en la sevillana iglesia de los Gitanos donde reposan en la cripta parte de las cenizas de la Duquesa de Alba. Se cumplía el séptimo aniversario y esta vez el Duque de Arjona (el título que ahora utiliza) estaba arropado en la distancia por sus hermanos Fernando y Eugenia. Ninguno de los dos acudía al templo por encontrarse fuera de España. «Los dos han aportado dinero para la esquela, las flores y el donativo. Me apoyan y me he sentido menos solo». Lo que no esperaba era la presencia de su sobrina Cayetana en la liturgia religiosa. «Fue para mí una alegría, una sorpresa que no me esperaba y mi madre estaría feliz desde el cielo», contaba el aristócrata días después en un acto en el Teatro Real. «Mi sobrina es una chica con mucha personalidad y, sobre todo, libre. Ha demostrado que ha querido estar donde quería. Estoy muy agradecido». La joven se presentó en Los Gitanos para acompañar al hermano de su madre y rendir su homenaje a la abuela querida.

Cayetana Rivera y Cayetano Martínez de Irujo en la misa homenaje a la duquesa de Alba
Cayetana Rivera y Cayetano Martínez de Irujo en la misa homenaje a la duquesa de Alba FOTO: CRISTOBAL_DUENAS GTRES

Cayetana (Tana) es una joven fuerte, simpática, sin necesidad de ocupar titulares para convertirse en influyente y con su Instagram cerrado a los curiosos. La joven acabó el bachillerato y no quiso perder tiempo en una carrera universitaria. Estudió en el Colegio Británico, igual que su madre. Y como todos los alumnos que finalizan su preparación académica en dicho centro escolar de Pozuelo de Alarcón (Madrid), domina el inglés. Al desistir de continuar con una carrera superior comenzó a trabajar como becaria en una empresa vinculada a la compañía Universal. Se trataba de Global Talent Services que se dedica a la organización de conciertos y festivales. Una de sus primeras responsabilidades fue colaborar con los responsables de la empresa que organizan cada año los conciertos en el Teatro Real de Madrid. La pandemia paralizó las convocatorias y ya no hubo encuentros musicales hasta el año siguiente. Los que coincidieron con ella aseguran a quien esto escribe que prefería pasar desapercibida. «No se hacía notar y estaba para todo lo que hiciera falta. Hay otros becarios que ponían pegas a determinadas cosas, pero ella no».

Puede ser que el hecho de que el marido de su madre, Narcís Rebollo, fuera el presidente de Universal la hacía ser más cauta para que nadie hiciera comentarios. «Y la verdad es que todos entramos por alguien que te recomienda. Si no sirves te desalojan», aseguran a LA RAZÓN. Los compañeros que coincidieron con ella la catalogan de buena chica, divertida y dispuesta a apuntarse a cualquier plan. En este aspecto la chica es muy parecida a su abuela que con todos sus años a cuestas no perdonaba un viaje a Venecia donde tenía una casa o a cualquier otro lugar. Esa querencia por los viajes también forma parte de la vida de la Duquesa de Montoro, y más desde que conoció a Narcís Rebollo, y viaja con él a Los Angeles, Las Vegas o donde se celebre un acto relacionado con Universal.

Físicamente es muy parecida a su padre Francisco, que a su vez era más Ordóñez que Rivera. Tana es morena, con una mirada que recuerda a la de su otra abuela, la añorada Carmen Ordóñez para la que la llegada de su primera (y única nieta a la que conoció) era un regalo del cielo. Ninguna de las dos abuelas pudo estar en la fiesta de su mayoría de edad que se celebró en la finca La Pizana, propiedad de Eugenia Martínez de Irujo. Ese día sí hubo un recuerdo para ambas en el vídeo donde se proyectaban imágenes de sus dieciocho años de vida. Y no solo eso, sino que quiso lucir en esa noche mágica unos pendientes de coral y ónix que fueron de su abuela y que su madre lució treinta y dos años antes en su fiesta de mayoría de edad.

Fiesta sorpresa

Hace unos días se encargó de organizar a su madre su cumpleaños sorpresa. No pudo ser el mismo día, ya que Eugenia quiso apoyar con su presencia la cena de la Fundación Querer que creó la periodista Pilar García de la Granja y donde siempre se ha involucrado. A las doce de la noche le cantaron el cumpleaños feliz los asistentes al evento solidario. Su hija, «la ratona», como la llama, le envió un mensaje. Lo que no esperaba la Duquesa de Montoro era que al día a siguiente su niña le hubiera preparado un encuentro sorpresa por sus 53 años.

Cayetana Rivera, junto a su madre Eugenia Martínez de Irujo, el día de su puesta de largo
Cayetana Rivera, junto a su madre Eugenia Martínez de Irujo, el día de su puesta de largo

Y lo mejor, como contaba Eugenia, era que lo hizo todo a escondidas. Tal fue el secreto que, como explicaba la cumpleañera, «ni me enteré. La veía hablar con Narcís, pero pensaba que eran temas suyos de trabajo o algo así. No me imaginaba que lo estuviera montando». Cayetana lo llevó en secreto. Sabía cómo era la agenda y, por lo tanto, con tiempo para avisar a las amigas de toda la vida. No hubo que entretener a la homenajeada, que cuando llegó a su casa se encontró con todo dispuesto. Una mesa con aperitivos y de postre una tarta de chocolate, la preferida de la Duquesa de Montoro. Su hija, como todos los adolescentes, tuvo su época rebelde, pero de menor intensidad que la de su madre a su misma edad. Hasta los novios de una y otra fueron diferentes. Los de la madre querían visibilidad, mientras que los de la hija han sido discretos. Tana tiene por delante toda una vida que se va construyendo día a día. Lo que está claro es que hoy por hoy es un nexo de unión entre toda la familia.