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Embarcación

La ruta del lujo: El regreso estival de «Lady Haya», el yate de la familia real saudí

Construido en 1981 y propiedad en su día del fallecido rey Fahd, el «Lady Haya» sigue bajo pabellón saudí y ondea bandera de las Islas Caimán

HANDOUT - 18 May 2023, Saudi Arabia, Jeddah: Syrian President Bashar Al-Assad (L) is received by Mecca Province Deputy Governor Prince Badr bin Sultan bin Abdulaziz Al Saud, as he arrives in Jeddah to attend the 32nd Arab Summit. SANAdpa

Cada verano, Puerto Banús presume de ser el puerto predilecto de la jet set internacional. Allí suele atracar el «Lady Haya», el yate de la familia real saudí. Este 2025 la embarcación no ha cambiado de escenario: el imponente buque de 63 metros de eslora ha recalado en el puerto de la localidad malagueña, confirmando el lugar como epicentro indiscutible del lujo estival.

Con helipuerto privado

Construido en 1981 y propiedad en su día del fallecido rey Fahd, el «Lady Haya» sigue bajo pabellón saudí y ondea bandera de las Islas Caimán. Su diseño y comodidades lo convierten en un refugio exclusivo en altamar: seis suites, incluida una principal de 50 metros cuadrados; un beach club de 100 metros cuadrados en popa; un portón abatible que se convierte en terraza sobre el mar y hasta un exclusivo helipuerto privado. Todo ello acompañado por una tripulación de veintinuna personas al servicio de hasta dieciséis invitados.

Prince AbdulazizPrince Abdulaziz

Discreto paso por el Mediterráneo

Aunque su puerto base es el Principado de Mónaco, el yate pasa temporadas navegando por aguas del Mediterráneo. No es el único de la familia saudí que se ha dejado ver por el Mediterráneo: el «Turama», el «Al Diriyah» o el majestuoso «Prince Abdulaziz» –con aproximadamente147 metros de eslora y considerado uno de los mayores megayates del planeta– también han escrito capítulos de esta historia de lujo, glamur y controversia, incluido el célebre fondeo sobre posidonia que puso en jaque a las máximas autoridades locales. El «Lady Haya», con su discreta elegancia y envuelto en su inevitable aura de poder, es la última prueba de que en Puerto Banús, cada verano, el lujo siempre vuelve a reinventarse.