Lotería de navidad

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La calle de la suerte

Esta Navidad la calle Emilio Ferrari ha tenido un particular idilio con la diosa Fortuna. Esta vía, situada en el barrio obrero de Ascao, ha pasado las fiestas rodeada de botellas de cava y champán para celebrar los importantes premios que ha repartido gracias a los números 57.896 en el sorteo de Navidad y al 70.013 en el sorteo del Niño celebrado ayer.

SORPRESA DE REYES. Los vecinos de Ascao salieron a la calle para celebrar la lluvia de millones que cayó en el barrio
SORPRESA DE REYES. Los vecinos de Ascao salieron a la calle para celebrar la lluvia de millones que cayó en el barriolarazon

El romance con la suerte comenzó el pasado 22 de diciembre cuando la administración del número 27 de Emilio Ferrari repartió alegría en forma de millones con un cuarto premio del sorteo de Navidad. Pasaban las diez y cuarto de la mañana cuando Alicia P. Rodríguez y Gessy Quisnancela, las niñas que repartieron el Gordo de Navidad el año pasado, cantaron el 57.896.

Su voz angelical iba a ser el punto de partida de esta relación tan especial que uniría a la lotería con esta calle madrileña. Era un pequeño aperitivo, un anticipo traducido en 20.000 euros al décimo que iban a distar mucho de las cantidades que, apenas dos semanas después, iba a dejar el sorteo del Niño.

Ayer, este vínculo se acrecentó aún más en la administración del número 264 de la calle Emilio Ferrari. «El dado de oro» hacía honor a su nombre y entregaba el premio Gordo del sorteo del día de Reyes. En total fueron 120 millones los que se repartieron puesto que el dueño de la administración, José Luis Nieto Fernández, aseguraba que había vendido las sesenta series en ventanilla. El 70.013 era un número que tenía abonado, desde hace años, esa administración de loterías, aunque nunca había resultado premiado antes.

Estas navidades siempre serán recordadas en el barrio de Ascao y, más concretamente, en la calle Emilio Ferrari, como las fiestas en las que una lluvia de millones inundó de felicidad a todos los vecinos. El sorteo de Navidad, en primera instancia, y el sorteo del Niño, como colofón, supusieron un alivio para las cuentas bancarias de una zona humilde y obrera. Una barriada que sabe lo que es ganarse el pan de cada día con trabajo y esfuerzo.