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De Victoria a César Albelo por Gonzalo Alonso

Film sobre Victoria de los Ángeles y obras de Ginastera, Vives, Serrano, Mompou, Cilea, Donizetti, etc. Cesar Albelo, tenor y Juan Francisco Parra, piano. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 29-X-2012.

Tiempo de lectura 2 min.

02 de noviembre de 2012. 02:07h

Comentada
2/11/2012

Un público, más bien avenido que numeroso y entre el que se encontraba la crítica madrileña casi en pleno, acudió al homenaje a Victoria de los Ángeles que promovió la fundación que lleva su nombre. Una lástima la incapacidad para estar en dos sitios a la vez, pues en el Auditorio Nacional tenía lugar un precioso concierto de la ORCAM con los coros propios y el de RTVE y Michel Corboz en el podio.

La Fundación Victoria de los Ángeles realiza una labor impagable de preservación de la memoria de la insigne soprano y de recuperación de material inédito, así como en el apoyo al hijo de la cantante con síndrome de Down. Tres conciertos públicos anuales ayudan a su financiación. En la primera parte del acto, que se desarrolló en ese Teatro de la Zarzuela donde debutó en 1947, se ofreció un emotivo documental sobre la vida de Victoria, con muchas de sus imágenes tomadas en cinta de 8mm por la propia artista. En él queda reflejo de su carrera internacional de 1950 a 1990, mucho más importante que la que desarrolló en una España en la que sólo se podía triunfar «por tierra, mar y aire» y quedan explicados los porqués de presencias y ausencias. Hay opiniones de allegados, pero quizá se eche de menos un mayor número de imágenes de aquellos grandes, como Fischer Dieskau, Gerald Moore o Di Stefano, que trabajaron con ella. En cualquier caso un trabajo precioso.

En la segunda parte se disfrutó del arte de un tenor que comparte la misma escuela de profesionalidad y seriedad. Celso Albelo, en un momento magnífico, arrebató al auditorio con la delicadeza de canciones como «El árbol del olvido» de Ginastera, la fuerza de la jota del «Trust de los tenorios», el buen fraseo del aria de «Doña Francisquita», la poesía del «Lamento de Federico» o la espectacularidad del «Ah! Mes amis» de «La hija del regimiento», convertida con la propina en una increíble sucesión de «does», emitido con pasmosa facilidad y con un cuerpo que supera al de quienes habitualmente tocan este repertorio ligero. Triunfo grande en una iniciativa que merece toda la difusión.
 

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