Salinas

Científicos por María José Navarro

La Razón
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Servidora ( profesional de la indigencia intelectual) ha vivido en el error durante mucho tiempo. A servidora (precisamente para tratar de disimular su indigencia intelectual profesional) no le ha interesado durante mucho tiempo aquello que era incapaz de comprender. Dirán entonces Vds. que teniendo en cuenta cómo es servidora puede que la lista de las cosas que no comprendo sea inabarcable y tendrán más razón que un santo. Entre las cosas que mi cabeza no me daba para comprender era la ciencia y, sin embargo, paso por una época en la que los científicos y sus quehaceres me tienen flipada, tanto, que le están comiendo terreno a las letras. Ojo, que no digo yo que un poema de Salinas no sea una obra de arte con mucha matemática dentro, pero estoy en un momento en el que los científicos, ya sea por su formación o por la forma en la que ven la vida, me provocan una admiración y un interés loco. Hace poco, asistí a una conferencia de Ginés Morata, un extraordinario biólogo almeriense, sobre el proceso por el que la mosca tiene el ala donde la tiene y no en otro sitio. El eminente investigador no sólo consiguió la simpatía de los asistentes por las moscas («son el Biomanán volante: adelgazan si te las tragas») sino que realizó un fabuloso canto a la esperanza sobre el futuro del ser humano. Los científicos, como cuenta Eduardo Punset en su «Viaje al optimismo» son los verdaderos románticos, son los que aportan una razón por la búsqueda constante de un mundo mejor. Que los recortes que se avecinan no se los lleven por delante. Sería una involución que no podemos permitirnos.