El padre del “héroe de Londres”: “Ignacio nos ha dado la capacidad de creer en nosotros mismos”

Publica un libro en el que recuerda la vida de su hijo, el “héroe del monopatín” fallecido hace dos años en un atentado yihadista en Londres

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Un cara a cara con el hijo que ya no está, con el héroe anónimo que dio una lección de vida al morir salvando la vida de otros la noche del 3 de junio durante un ataque yihadista en Londres. Es el relato que Joaquín, el padre de Ignacio Echeverría, traza en un libro conmovedor en el que relata la angustia de aquellos días, pero sobre todo es un testimonio para explicar cómo fue la vida de su hijo, su infancia, sus inquietudes, sus tropiezos, hasta construir el perfil de una persona excepcional que está "siempre al lado de los débiles" y "amante de la vida".

"Así era mi hijo Ignacio. El héroe del monopatín", publicado por JdeJ Editores, incluye fotos de su infancia y de sus amigos y ofrece testimonios como la carta que el ex primer ministro británico Tony Blair envió a la familia o la imagen de los padres de Ignacio con el agente que sobrevivió malherido en la fatídica noche.

-¿Por qué decidió escribir este libro? ¿Fue una manera de mantener viva la memoria de su hijo?

-Cuando empecé a recopilar información sobre lo que se había publicado a raíz de la desaparición y de la muerte de Ignacio pensé en hacer un dossier con copias para mi familia. Entonces me di cuenta de que valía la pena contar la vida de Ignacio y explicar otros cómo había sido su vida, su afán de superación. Mi hijo tuvo una buena vida, pero también hubo tropiezos y disgustos; sin embargo, supo reaccionar ante las adversidades, haciendo de la necesidad virtud y haciendo de él mismo una persona mejor y un profesional mejor. Esas situaciones le convirtieron en una persona tremendamente empática y capaz de ayudar a las personas de su entorno.

-Ha asegurado que no quiere que la imagen de su hijo se mitifique. ¿Siente que ha sucedido así?

-No quiero que nos inventemos una personalidad que no tenía, quiero recordar a la persona que era, no a otro. Agradezco lo que otras personas digan de él, pero lo que quiero recordar es a una persona, mi hijo, con sus limitaciones y sus virtudes. Si Ignacio fue capaz de hacer lo que hizo, siendo un hombre con limitaciones, eso nos dice que cualquiera podemos ser extrordinariamente buenos si trabajamos para serlo. Y eso es lo que nos ha dado Ignacio, la oportunidad de creer en nosotros mismos.

-¿Cree que este libro puede ayudar a otras personas a enfrentarse a un duelo?

-Eso espero. Estoy pensando en la gente joven sobre todo. Tengo la impresión de que la asunción de la muerte de los familiares implica un factor un dificultad y de depresión para muchas personas y si mi forma de ver la muerte de Ignacio sirve a alguien para llevar mejor el duelo de un familiar sería muy positivo. Mi visión de la vida es esta, hay que asumir que la muerte tiene que llegar y que no es importante, no pasa nada. Comprendo que haya personas para las que el dolor es muy grande y muy dificil de asuir. Yo creo que no hay que pensar tanto en nosotros mismos sino en la persona que muere.

-¿Se sentiría cómodo su hijo con el libro que ha escrito su padre?

-Mi hijo era tremendamente crítico con mis escritos y con mis teorías especulativas sobre toponimia. Ignacio era tremendamente un hombre crítico, no creo que le pudiera molestar nada de lo que está escrito más allá de alguna interioridad que la mujer que le dio calabazas pasados veinte años se haga monja de la madre Teresa o la última anécdota cuando volvió en Semana Santa quejándose porque no le miraba a los ojos la amiga.

-¿Le dice cosas a su hijo en el libro que no le dijo en vida?

-Le escribo una carta en la que intento saldar cuentas con él. Ignacio se había despedido de nosotros en una conversación con Alexis. Es una conversación providencial que nos hacía falta y yo le escribo una carta en la cual intento cerrar cuentas que pudiera haber abiertas. También es un modo de dar a conocer como era Ignacio. No creo que nadie sea un buen padre, es imposible serle, pero yo he intentado no hacer absentismo nunca como padre y ejercer mi responsabilidad, con acierto y con errores. Muchas veces supongo que fui muy duro y poco comprensivo.

-¿Cómo se imagina la vida de Ignacio si estuviera aquí?

-Ignacio estaba en un buen momento profesional e imagino que su trayectoria iba a ser seguir en el banco en el que trabajaba o en otro banco, porque en Londres hay mucha mucha movilidad. Ignacio tenía una relación amistosa con una persona, que llevaba camino de ser una relación amorosa. A mí me hubiera llenado de satisfacción.

-¿Qué momento fue más complicado de sobrellevar?

-Lo más difícil fue la zozobra de no saber dónde está Ignacio porque en ese momento te inventas conjeturas de cosas que podrían haber pasado y que son peores que la muerte. Cuando supimos que había muerto supimos también que no estaba en manos de una red terrorista que lo podría haber secuestrado o que no estaba tirado en una sala de un hospital donde nadie lo conoce y donde no es capaz de hablar y que está pasando una angustia enorme sin que nadie lo consuele. Eso es peor que la muerte.

-¿El terrorismo yihadista no quiere asumir que tiene la batalla perdida?

-El terrorismo es una campaña propagandista. Un atentado en Bombay no tiene para ellos tanta importancia porque su mensaje no llega, por eso consideran que hay que hacer un atentado en el corazón de París, de Londres o en ciudades americanas porque eso tiene un eco enorme. Pero no es más que una campaña de propaganda para desmoralizar a una sociedad democrática y para extorsionar y conseguir poder.

-¿Cómo le han tratado a su hijo en Reino Unido?

-En Reino Unido le han prestado atención mediática, desde la BBC a otras cadenas. Se desplazaron a España para rodar en nuestra casa para hablar de Ignacio. En el primer aniversario de los atentados, el protagonismo en boca de todos los "speaker" fue para Ignacio, se le dio una consideración especial, supongo que porque había hecho algo especial.