África

La voz de la revolución de Sudán

Una foto la convirtió en el icono de las protestas que tumbaron a Omar al Bashir. La joven promete que «seguirá militando por la gran causa del cambio» en su país

Cuando el teniente general Omar al Bachir llegó al poder en Sudán en 1989 a través de un golpe de Estado, Alaa Salah ni siquiera había nacido. La historia de esta joven comenzó en 1997 aunque no saltó a la Prensa internacional hasta la pasada primavera, cuando, junto a cientos de miles de sudaneses, decidió salir a protestar día sí y día también. El 6 de abril, una foto que le tomó Lana Haroum (entonces una desconocida, hoy ya una amiga) dio la vuelta al mundo y la convirtió en el símbolo de la revolución en Sudán, la reina nubia de 22 años, que terminó con un régimen dictatorial de tres décadas. Su vida y la de más de 40 millones de sudaneses cambió por completo. «A causa de esta foto, de esta captura, el mundo entero se dio cuenta de los sacrificios y de la lucha que había en Sudán durante esta revolución», cuenta Salah a LA RAZÓN después de participar en un foro organizado por Casa Árabe.

Dos semanas después de la caída del dictador, los partidos políticos le ofrecieron unirse a sus filas. Ella se negó. «Les dije que no, porque considero que yo represento solamente a la revolución y sigo militando por la gran causa que es conseguir el cambio en Sudán». Lo que sí ha cambiado completamente es su vida. «Al estallar la revolución dejamos de estudiar y empezamos con las manifestaciones...». Salah dejó su carrera de Arquitectura a un lado para involucrarse totalmente en las protestas. «Después de la foto, es verdad que hubo un giro radical en mi vida porque sentí una gran responsabilidad, que tenía un papel más importante. Comencé a actuar como una representante, como una voz de la revolución, por lo que crecí mucho, pero también espero estar a la altura de esta responsabilidad».

Se ha prometido a sí misma que acabará la carrera. «Tengo que ser licenciada como quería y voy a trabajar más para formarme en el campo de los derechos humanos para que así pueda hacer mi papel con más conocimiento científico», explica la joven con esperanzador brillo en su mirada.

Como en casi todos los Estados opresores, la mujer sudanesa ha sido víctima de horribles abusos y hasta de castigos físicos por simplemente portar pantalones. «Antes había órdenes que limitaban la libertad de las mujeres, su vestimenta, en cuanto a relaciones... muchas cosas. Eran limitaciones enormes», confiesa Salah. «Afortunadamente, desde la semana pasada se anularon todas estas leyes. Antes no teníamos libertad política, no podíamos ni siquiera hablar en voz alta en los espacios públicos. Y es que uno de los resultados de la revolución sudanesa ha sido abolir todas estas limitaciones que, realmente, eran herramientas de represión. Después del desmantelamiento de estos órganos y el ‘establishment’ anterior también se han desmantelado las leyes que reprimían a las mujeres».

Asimismo, Salah destaca que por primera vez, en el Gobierno tecnócrata ya hay mujeres, una jefa de transición, una ministra de Exteriores... La joven aboga por llegar al 50% de representación femenina, no «solo es cuestión de que haya más mujeres, sino que estén en la toma de decisiones importantes». Y es que en su opinión, «donde hay mujeres, hay paz, siempre».

Sobre el viejo tirano, Omar al Bashir Salah es clara: «Tiene que recibir el castigo merecido por los crímenes que ha perpetrado a lo largo de los 30 años, en los que ha destruido la economía, la política... Excluyeron a los ciudadanos y los marginados. Por lo que es correcto que reciba su castigo. Es verdad que el lema de la revolución fue ‘justicia y paz’, pero tiene que haber justicia, no solo Bachir merece lo que merece, sino todos los que han ayudado a perpetrar esos crímenes y esas limitaciones. La justicia tiene que tomar su curso».

Salah reconoce que «para poder tener una sociedad civil que participa activamente, hemos tenido un coste muy elevado. Tuvimos muchos mártires y todo en aras de conseguir la libertad y la democracia. Para conseguir esto siempre hay que tener y hacer sacrificios».

Uno de los secretos y de la revolución y la esperanza en que esta primavera en Sudán llegue a buen puerto es que «cuando salimos, no reivindicamos solo derrocar a Bachir, sino acabar con todo el régimen, con el sistema. Ahora se han caído todos los símbolos del régimen despótico».

Ahora estamos en una transición están trabajando arduanmente para llevar esta transición a buen puerto. «Tenemos muchas esperanzas, grandes esperanzas en este periodo. Precisamente después de lo que está haciendo el Consejo de Ministros, con un papel muy importante. Hemos empezado a apreciar el cambio en la calle sudanesa. Cuando hacemos una reivindicación, el Gobierno transicional nos escucha y nos ha prometido trabajar al respecto. Ahora sabemos que los responsables nos escuchan».

Para Salah, «si el Gobierno transicional sigue por este camino, de atender a las demandas de la población, éste va a ser la piedra angular de la construcción del nuevo Sudán. Esto es lo que soñábamos».