Bolsonaro, un año de rupturas y provocaciones

El presidente aprobó la reforma de las pensiones, pero la mayoría de sus iniciativas quedaron bloqueadas en el Congreso. La economía crece lentamente y la tasa de homicidios cae un 24%

Un partidario del candidato presidencial Jair Bolsonaro
Un partidario del candidato presidencial Jair BolsonaroEraldo PeresAP

Una gran parte de las promesas de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, un año después de llegar al poder, no se han traducido en leyes y políticas efectivas. “Ha sido un año de peleas y luchas políticas y todas ellas han sido generadas por el presidente y su entorno más cercano”, explica el analista político Leandro Machado.

En mayo, el mandatario firmó varios decretos para relajar las restricciones a la importación y porte de armas y a la compra de munición, aunque el Senado rechazó estas propuestas. De hecho, la mayoría de sus iniciativas no fueron aprobadas por las cámaras, con la excepción de algunas leyes como la reforma de las pensiones, alabada por los empresarios y los mercados financieros. Esta ley permitirá que las aseguradoras privadas puedan entrar en la golosa tarta del actual sistema público, calificado de insostenible por el Gobierno.

El líder ultraderechista ha gobernado sin mayoría en el Congreso, y lo ha hecho a base de pactos: “Ha intentado una nueva forma de gobierno evitando la formación de grandes coaliciones”, explica Felipe Ziotti, profesor de la Universidad Estatal Paulista “Esta estrategia provocó conflictos con el Congreso. Ha habido pactos, pero muy frágiles y existe el riesgo real de parálisis legislativa. La tendencia divisionista del Gobierno empeora las cosas. El presidente, por ejemplo, abandonó su partido (Partido Social Liberal) para crear otro (Alianza por Brasil)”.

Pese al tono desafiante del presidente, el sistema de contrapesos no se ha resentido, añade Ziotti: «Aunque haya una tensión constante entre Gobierno y las instituciones, hay señales de que éstas ofrecen algún contrapeso al arbitrio del poder. Por otro lado, las tendencias autoritarias crean una atmósfera tóxica para una democracia frágil tras el deterioro socioeconómico de los últimos años y de la crisis institucional abierta en 2016».

A juicio de este analista político, “el Gobierno de Bolsonaro se sustenta en un programa liberal para sus reformas económicas y en un conservadurismo social en temas como religión, moral, costumbres y familia. "Bolsonaro es una facción radical de la derecha conservadora latinoamericana y depende de la agitación y del tono combativo contra las instituciones de la democracia liberal”.

Brasil sufrió una dura recesión en 2015 y 2016, con una caída del Producto Interior Bruto de 7 puntos, creciendo solo un 1,3% en 2017 y 2018. La llegada de inversiones extranjeras en el primer año de Bolsonaro ha sido menor de lo esperado por el gobierno. El crecimiento del PIB ha sido solo de un 1%, lo que no pocos expertos consideran un estancamiento. La mejora de la actividad económica vino de la mano de “las reformas acometidas entre 2017 y 2019” por el Gobierno de Michel Temer, apunta Ziotti. La bolsa de Sao Paulo ha respondido positivamente a la gestión de Bolsonaro con un crecimiento del entorno del 30%, y las empresas se frotan las manos a la espera del plan para privatizar el sector público de empresas brasileñas.

La tasa de desempleo es muy alta y hay una visible caída en la calidad de vida", añade Ziotti. "El Gobierno tiene problemas para atraer inversión extranjera y activar la creación de empleos y productividad. Una apuesta es la privatización del sector de las infraestructuras, pero el esfuerzo no es suficiente sin políticas publicas de Estado para la corrección de la desigualdad social y la capacitación de mano de obra”, añade el analista.

En materia de seguridad pública, el Ejecutivo brasileño ha presumido de una caída de la tasa de homicidios del 24%. Según sus rivales, esta mejoría comenzó en enero de 2018 -antes de la llegada de Bolsonaro al poder- con la puesta en marcha de medidas de prevención, refuerzo de la coordinación policial y cambios en las siempre peligrosas cárceles del país separando a líderes de los grupos criminales.

En el terreno de la corrupción, el presidente se ha visto en apuros, magnificados por su férrea campaña contra la corrupción del Partido de los Trabajadores de Lula. “Bolsonaro ha tenido problemas con corrupción en su familia, ligados a su hijo mayor y su esposa. Así que será muy difícil consolidar las promesas que hizo de acabar con la corrupción cuando la tiene dentro de su familia”, explica Constanza Mazzina, analista de política latinoamericana. “Hay investigaciones sobre negocios muy oscuros de su hijo y su ex asesor Fabrício Queiroz. La Fiscalía de Rio de Janeiro acaba de decir que forman una organización criminal para sacar plata pública cuando Flaviao Bolsonaro, hoy senador, era diputado local en Rio”, añade el analista Leandro Machado.

A nivel externo, el objetivo del Ejecutivo ha sido recomponer la imagen del país en el plano internacional y la recuperación del liderazgo de Brasil en la región con un acercamiento a Estados Unidos. En este sentido, intentó estrechar su alianza con los Estados Unidos de Trump, pero en octubre, el inquilino de la Casa Blanca anunció el restablecimiento de aranceles a las importaciones de acero y aluminio de Brasil y Argentina por la devaluación de las monedas de estos dos países. Con China, marcó distancias y fue crítico con Pekín. “El problema es que la penetración económica china en América Latina es muy fuerte y el Gobierno tendrá problemas para posicionarse en la guerra comercial de EE UU y China”, afirma Ziotti.

La relación con la vecina Argentina se ha tornado más problemática, sobre todo después de la victoria del peronista Alberto Fernández. No estuvo en la toma de posesión en diciembre y tampoco envió a alto ningún representante: “Lo que ha hecho Bolsonaro es acercarse a Estados Unidos y rearmar la agenda de Brasil, pero también ha tenido un claro elemento confrontacionista con el Grupo de Pueblo”, apunta Mazzina.

El ímpetu liberalizador quedó estancado en noviembre. La ola de protestas sociales en varios países de América Latina llevó al Gobierno a frenar las reformas tributaria y la de la función pública, dentro de una estrategia para evitar el contagio por la falta de oportunidades y la corrupción crecientes en la región.

La política medioambiental le ha supuesto un quebradero de cabeza para el presidente, sobre todo a raíz de la gestión de los incendios de la Amazonía, con un discurso que le llevó a enfrentarse dialécticamente con el presidente de Francia Emmanuel Macron, al que achacó tener “una mentalidad colonial”. El líder francés había calificado los incendios forestales de la selva como “una crisis internacional”. “Ha habido una deforestación récord en Brasil y tiene a los grupos ambientales en contra”, explica Machado.

Bolsonaro aspira a repetir mandato. Empezó la gestión con un 49% de aprobación popular y acabó el año con un índice del 30%. Según una encuesta reciente, el único político que le podría hacer sombra en una hipotética elección sería precisamente su ministro de Justicia, Sergio Moro.