El español atrapado en Vietnam: “Si me obligan a ir a Hanói, iré andando”

La situación de Diego López se enquista y a la espera de soluciones para poder volver a España después de más de dos meses. Ante la falta de recursos, se plantea caminar los 760 kilómetros que lo separan de la capital

Imagen de Diego cedida por la familia
Imagen de Diego cedida por la familia

La situación de Diego López Ruiz en Vietnam se enquista, sigue sin contar con grandes avances ni soluciones que permitan su regreso a España lo antes posible. Las últimas noticias que ha recibido a través del Consulado de España en Hanói es que, de nuevo, el Ministerio de Seguridad y Salud Pública le ha requerido para volver a declarar, y le invitan a viajar a la capital para hacerlo.

Cabe recordar que Diego es un ingeniero español que se encuentra en libertad pero con el pasaporte retenido, sin mayor justificación por parte de las autoridades vietnamitas que la de una investigación en curso. Una investigación que inició el Gobierno local a finales del año pasado por deficiencias en una serie de infraestructuras públicas.

“He pedido que me envíen por escrito la información al respecto de mi requerimiento y las preguntas que se me quieran hacer”, señala Diego, como muestra de su buena voluntad. “Si en ese escrito me obligan a acudir a Hanói, iré andando”, añade. En el primer contacto que LA RAZÓN tuvo con este ingeniero castellanoleonés precisó que no estaba recibiendo ningún tipo de ayuda económica, circunstancia agravada por el hecho de que poco antes de partir para Vietnam había dejado de trabajar.

A esto habría que añadirle que para trasladarse de Hanói a Da Nang tuvo que coger un tren, lo que le llevó a un viaje de 18 horas, una experiencia que se muestra poco partidario de repetir. Por tanto, la opción más factible en estos momentos para acudir a la capital es la de ir por su propio pie. Así las cosas, en caso de tener que declarar, Diego tendría que cubrir una distancia de más de 760 kilómetros, lo que le llevaría aproximadamente seis días y medio si todo va bien.

En un bucle burocrático

Diego insiste en que desde el primer momento siempre mostró una buena predisposición a colaborar con las autoridades. Acudió de forma voluntaria para ayudar a un amigo que le necesitaba, previamente pidió declarar ante un juez en España para aclarar todo y sin que el Gobierno de Vietnam lo pidiera, e incluso llegó a ofrecer su ordenador personal para que quedara a disposición de las autoridades para mostrar que no tenía nada que ocultar. De hecho, una vez fue consciente de que podrían aparecer grietas en la carretera que se estaba construyendo, informó de ello tanto a sus superiores como al cliente.

Pues bien, a pesar de todo, los investigadores le han vuelto a requerir para que, a priori, repita un proceso por el que ya ha pasado en varias ocasiones: declarar respecto a cuestiones técnicas de la obra y enfrentarse a peticiones de firma de documentos, a lo cual se niega sin que medie un representante legal, una persona con poder notarial para poder tomar decisiones, acuerdos, no solo con él si no también con el resto de partes implicadas, y capaz de gestionar la información que pueda aportar Diego o el cliente, VEC (Vietnam Expressway Corporation). Nuestro compatriota reclama la presencia, en definitiva, de algún director o delegado con los conocimientos necesarios para manejar la información que pueda aportar, alguien que haya sido ingeniero también.

Desde nuestro país se está siguiendo muy de cerca las evoluciones del caso, y no sólo a nivel político e institucional. En la web de Change.org se puso en marcha una recogida de firmas, “Traigamos a Diego: Retenido sin derechos en Vietnam”, que lleva más de 6.700 adhesiones de un total de las 7.500 necesarias para que las autoridades consulares exijan información a las locales para que aclaren de qué se le acusa y si no es grave se le permita regresar a casa.