El escrutinio final estrecha la victoria de «Bibi» Netanyahu

Al Likud y a sus aliados les faltan tres escaños para la mayoría absoluta. Azul y Blanco presenta una ley para impedir gobernar a imputados

Coronavirus en Israel
Funcionarios del Comité Central Electoral cuentan los votos de los sometidos a cuarentena por el coronavirus en Shoham (Israel)/EFEATEF SAFADIEFE

Con el 99% de los votos escrutado, el suflé triunfalista se desinfla en las filas del Likud, cuando a primera hora de la mañana recibió un simbólico golpe moral. El bloque de derecha y religiosos bajó de 59 a 58 escaños, ya que el ultraortodoxo Shas bajó un diputado en beneficio del Azul y Blanco del ex general Benny Gantz, que ascendió a 33 diputados.

A pesar de resultar el partido más votado, con 36 escaños, y de haber mantenido los primeros contactos con sus socios naturales para diseñar el próximo Ejecutivo, Netanyahu no sumaba para la mayoría absoluta. «Tomate un vaso de agua y espera a los resultados finales», le aconsejó tras el baile de cifras un resucitado Gantz, que junto al resto de formaciones opositoras ven ahora viable que el «Rey Bibi» no se salga con la suya.

Muchos protestaban ayer por el lento y anticuado proceso de conteo de papeletas –poco acorde con el popularizado concepto «start-up nation» como se conoce al país– que, junto a las complejas negociaciones para formar coalición, no aclaran si continuará o no el bloqueo político. Pero ayer la coalición Azul y Blanco de Gantz tomó la iniciativa: confirmó que está trabajando en lograr una mayoría parlamentaria para aprobar una ley que impida a un primer ministro imputado por la Justicia ejercer el cargo.

Tras hacerse oficial la apertura de tres causas judiciales contra Benjamin Netanyahu por corrupción, fraude y abuso de confianza, la Corte Suprema no aclaró si permite a un primer ministro gobernar mientras se sienta en el banquillo de los acusados. El pasado septiembre, la formación centrista ya intentó pasar una ley en esta línea, pero el árbitro, Avigdor Liberman se opuso. Pero la prensa local informó ayer que el líder del rusófono Israel Beitenu está tanteando ahora dar el visto bueno a la medida.

Desde el diario izquierdista «Haaretz», el analista Anshel Pfeffer recordó que «en el Estado de Israel, la Knesset representa la voluntad del pueblo. El 52% de la población votó por partidos cuyos líderes dijeron alto y claro que no se unirían a un Gobierno bajo mando de Netanyahu. No hay dato más esclarecedor: el pueblo votó en su contra». Parece inviable compaginar un Gobierno de centro izquierda de Azul y Blanco, con 33 escaños, junto a la mermada coalición izquierdista Avodá-Gesher-Meretz (7), y un hipotético apoyo externo de los antagónicos Israel Beitenu (7) y Lista Árabe Unida (15), cuya suma hace 62 diputados. Aún más tras el giro a la derecha en campaña de Gantz, que apostó por buscar «una mayoría judía» y comprometerse a no gobernar gracias a los votos árabes. Pero hay un denominador común que les une: el deseo de expulsar a Netanyahu del poder.

El discurso del miedo

Un enojado Netanyahu estalló tras conocer las intenciones de Gantz: «Está intentado robar las elecciones, es una erosión de la democracia». E incidió en su campaña del miedo: «Necesitará el apoyo de quienes apoyan el terrorismo y se oponen al Estado de Israel», dijo en referencia a la Lista Árabe Unida. La coalición cuatripartita incluye a radicales anti sionistas, pero su líder, Ayman Odeh, lleva años insistiendo en la necesidad de una cooperación árabe y judía para derrocar al «racista Netanyahu».

Su histórico resultado, que le consolida como tercera fuerza, se achaca a un significativo incremento de la participación árabe en protesta contra el Acuerdo del Siglo de la Administración de Donald Trump, que incluye la opción de transferir a miles de árabes israelíes del llamado «triángulo» a un eventual Estado palestino; y a un significativo trasvase de votos de judíos progresistas favorables a la solución de los dos Estados y contrarios a la ocupación, que consideraron que los valores de Meretz se diluyeron en la fracasada coalición de izquierda.

La opción de lograr atraer a tres tránsfugas para obtener la mayoría absoluta parece lejana para Netanyahu, por lo que se especula en retomar la vía del «Gobierno unitario» entre un Likud «post Bibi» y Azul y Blanco con la mediación de Liberman.