Sanders, presionado para renunciar, se conjura para el debate de Arizona

U.S. Democratic presidential candidate Bernie Sanders addresses news conference in Burlington, Vermont
Bernie SandersLUCAS JACKSONReuters

Crecen las presiones entre bambalinas, sutiles de momento, para que Bernie Sanders, el robusto, tozudo Sanders, abandone la pelea. Si no ahora, que sería lo ideal, al menos sí antes de la convención demócrata. Los analistas estiman que nada más sería devastador de cara a las presidenciales de noviembre que una reunión a cara de perro. Con los delegados tirándose los peores epítetos a la cara.

Enfangados por la promesa de quedarse en casa, y contribuir la reelección de Donald Trump, si gana el candidato de enfrente. De ahí que por ejemplo la Casa Blanca, y especialmente el propio Trump, no haya dudado en azuzar la sombra de la desconfianza entre los partidarios de Sanders. Aficionado a las conspiraciones, a las teorías de la mano negra, a las explicaciones rocambolescas, hace días que Trump predica que los poderes demócratas van a por Sanders. Un argumento repetido en publicaciones como «The Nation», una de las revistas influyentes entre la izquierda. Andan los votantes de Sanders mosqueados por si los suyos, el aparato más bien, toma postura de forma descarada. La gente más cercana a Nancy Pelosi y Barack Obama avisa de que los grandes nombres del partido no han apoyado todavía de forma pública a Biden por una cuestión de cautela. Hacerlo y descubrir luego que Sanders era el elegido reventaría unas alianzas demasiado frágiles.

Ahora que Biden avanza imparable en las sucesivas primarias la explicación resulta más sutil: conviene evitar a toda costa que el senador por Vermont, y sus fervientes candidatos interpreten que tienen al partido en contra.

Sanders, entre tanto, sostiene que aguarda con emoción y ganas el debate de este domingo. Tendrá lugar en Arizona, un Estado donde los hispanos deben de ser su gran baza, pero el encuentro a cara de perro será a puerta cerrada por el miedo al coronavirus y las advertencias de las autoridades sanitarias. «Qué vas a hacer», ha dicho en un discurso dirigido al mentón de Biden, «con las 500.000 personas que fueron a la bancarrota por las deudas sanitarias, y que vas a hacer por la clase trabajadora de este país, y con los dueños de pequeños negocios, que pagan de media el 20 por ciento de sus ingresos en sanidad, Joe, qué vas a hacer para remediar lo absurdo de que Estados Unidos de América sea el único país desarrollado en el mundo donde la atención sanitaria no es un derecho humano».

Batalla a cara de perro

Son algunas de las preguntas que planea hacer al favorito en el debate del viernes. Su última ocasión de seguir vivo. Esa noche Biden, mucho menos brillante ante los micrófonos, se las verá con un Bernie Sanders que definitivamente peleará por su supervivencia política. Más que chispas, saltarán vísceras. Es su última bala antes de las primarias del 17. Si se mantiene la dinámica decreciente (como auguran las encuestas), el veterano senador de Vermont tendrá que tirar la toalla.