India, una bomba de 1.250 millones de personas a punto de explotar

El Gobierno de Narendra Modi se apresura a tomar medidas consciente de que será imposible detener la pandemia en ciudades como Nueva Delhi o Bombay. El cierre del Taj Mahal y de edificios públicos choca con las creencias como la fe en la orina de vaca para combatir el Covid-19

Una familia espera en una estación de Bombai
Una familia espera en una estación de BombaiRajanish KakadeAP

La pandemia del coronavirus acecha a India, una “bomba” demográfica de 1.250 millones de habitantes que podría estar a punto de explotar. Dado el tamaño de su población, y el lento pero paulatino aumento de casos en el país y en sus vecinos, su Gobierno ha dado la voz de alarma y ha decretado el estado de “catástrofe” con solo tres muertos a causa del Covid-19 y 143 infectados.

Son números ridículos en comparación con otros países, pero son los números oficiales. La realidad podría ser muy distinta ahora o en los próximos días, dada la superpoblación de las grandes ciudades y el hacinamiento y de insalubridad en que viven millones de pobre, y el escaso nivel de alfabetización de sus habitantes. Entre las miles de muertes que se registran a diario en el país, nadie puede garantizar que el virus no haya causado más víctimas, dado además que es muy bajo el porcentaje de indios que tienen acceso al sistema de salud.

Como últimas medidas, el Ejecutivo del primer ministro Narendra Modi ha cerrado este martes el Taj Mahal, su principal atracción turística, y docenas de otros monumentos y museos, incluidas las cuevas de Ajanta y Ellora, y edificios religiosos como el Templo Siddhivinayak de Bombay.

Bombay, una metrópolis de 18 millones de personas, también autorizó a las autoridades hospitalarias y aeroportuarias a estampar con tinta indeleble “Hogar en cuarentena” las muñecas de aquellos a los que se les ha ordenado aislarse. El sello muestra la fecha en que finaliza la cuarentena. Un sistema que servirá de aviso al resto de compatriotas.

El Ejecutivo ha mostrado una honda preocupación por la pandemia y el pasado sábado declaró el estado de “catástrofe” para facilitar la liberación de los fondos que necesiten los afectados por el coronavirus, informó el Ministerio del Interior. Gracias a estos fondos, los gobiernos regionales podrán asistir a las familias de los afectados, que percibirán hasta 5.000 euros, aproximadamente, según el comunicado de Interior recogido por el periódico “Times of India”. Regiones como Goa, Maharashtra, Karnataka, Kerala o Delhi ya han prohibido las concentraciones y cerrado las escuelas.

El país ha registrado un total de 143 casos de coronavirus y dos fallecidos, aunque más de 4.000 personas se encuentran bajo vigilancia, de acuerdo con las estimaciones del ministro de Salud, Sanjeeva Kumar. Una decena de personas ya ha recibido el alta. Modi es consciente de que su sistema de salud no está preparado para una avalancha de contagios y que podría tener serias dificultades para manejarla.

Entre las medidas previas está la suspensión desde este lunes de la concesión de la mayoría de los visados, prohibiendo la entrada de pasajeros de países de la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio, Turquía y el Reino Unido.

También se desinfectan edificios públicos y se hace un estricto seguimiento de esas 4.000 personas “sospechosas”, incluidos más de mil pacientes que no habían viajado a regiones afectadas por el coronavirus o que se sabe que han estado en contacto con casos confirmados, para determinar si la enfermedad ha comenzado a extenderse por el país, según declaró a Reuters un alto funcionario del Consejo Indio de Investigación Médica, dijo. “Eso nos dirá si ya ha llegado a la comunidad o si todavía estamos en la etapa anterior, donde la enfermedad se limita al viajero y a los contactos cercanos”.

El estado occidental de Maharashtra, donde se encuentra Bombay, ha sido el más afectado hasta el momento, con 39 casos confirmados de coronavirus, o aproximadamente una cuarta parte de los 143 registrados. Un paciente murió allí después de contraer el virus el pasado martes, según confirmó a la misma agencia Praveen Pardeshi, quien dirige el cuerpo cívico de la ciudad, de 18 millones de habitantes. Fue la tercera muerte en la India. Y eso que días antes se habían cerrado escuelas, cines, centros comerciales y gimnasios, y prohibido las reuniones masivas.

La fe en la orina de la vaca

La capital, Nueva Delhi, también ha prohibido las concentraciones de gente. Es otro “caldo de cultivo” de más de 21 millones de personas para el coronavirus. Allí han fallecido las otras dos víctimas oficiales. Pero si la pandemia echa aquí raíces, la onda expansiva puede ser incontrolable, ya que además el Gobierno choca con costumbres y creencias imposibles de cambiar con la urgencia que requiere la amenaza.

Como mejor ejemplo de lo anterior tuvo lugar el pasado sábado. Mientras el Gobierno declaraba el estado de “catástrofe” y prohibía las reuniones públicas, se celebraba en la sede de la Gran Asamblea Hindú de la India, un partido de la derecha hinduísta encomendado a salvaguardar la religión y a su comunidad, un acto de exaltación de la orina de vaca como “vacuna” contra el coronavirus.

Un grupo musical interpretaba acordes indios mientras uno a uno se servía de una jarra de orina instalada en una mesa con la estatuilla de una vaca, y un letrero ponía “sálvanos”. Después, uno de los líderes imploraba “Sálvame madre vaca” antes de engullir de un trago una buena cantidad de la orina de una vaca. Era la fiesta de Gaumutra, que llama a confiar en la fe, y con esa confianza tomar orina de este anima, morada de los dioses según la tradición hindú, para protegerse de la pandemia.

Poco después estaban todos comiendo en el suelo, pasándose la comida mano a mano, contraviniendo cualquier recomendación de la Organización Mundial de la Salud. “Este coronavirus que se propaga por todo el mundo, debe llamarnos a detener el consumo de carne, a detener la matanza de animales y consumir orina de vaca para matar las infecciones”, explica con confianza el líder asceta, Swami Chakrapani, máximo líder de la organización.