Nueva York apila a sus muertos en camiones de mudanzas

Colapso en las funerarias de la ciudad: la Policía descubre decenas de cuerpos en descomposición junto a una empresa de pompas fúnebres de Brooklyn. El sistema se ha bloqueado y los cementerios rechazan más entierros

Sanitarios trasladan los cuerpos encontrados en los camiones
Sanitarios trasladan los cuerpos encontrados en los camiones FOTO: Craig Ruttle AP

La funeraria Andrew T. Cleckley no tenía sitio para más cadáveres y empezó a apilarlos en el interior de dos camiones. Igual que el resto de empresas de pompas fúnebres neoyorquinas, que desde hace semanas que no dan abasto. Los hospitales al menos recibieron camiones frigoríficos especiales, que permitieron aliviar unas morgues absolutamente saturadas. Los cuerpos a menudo esperan largas horas en sus domicilios hasta que son recogidos. Y las funerarias, funcionando 24 horas al día, siete días a la semana, están siendo incapaces de dar salida a los más de 17.000 muertos que de momento ha dejado en Nueva York una pandemia que solo puede equipararse ya con la de la llamada Gripe Española de principios del siglo XX, y con matices a la del SIDA en los años ochenta y primeros noventa.

Lo sucedido en las inmediaciones de la Andrew Cleckley recuerda la escena mítica de la película «Uno de los nuestros», cuando la Policía encuentra los muertos en el tráiler de un distribuidor de carne. Igual que en la ficción de Martin Scorsese, había decenas de finados en varios vehículos aparcados en una concurrida calle de Brooklyn. Pero los cadáveres de la Avenida Utica no estaban en un frigorífico. La peste, pegajosa, purulenta, terrible, podía olerse desde varios cientos de metros.

Fue el hedor, claro, lo que provocó que un vecino llamase a la Policía. Los agentes, y los funcionarios del departamento de Salud, acordonaron la avenida y encontraron los cadáveres que los empleados de la funeraria ya no tenían dónde colocar. El director de la empresa, Andrew T. Cleckley, ha explicado a quien quiera escucharle que los muertos, literalmente, se les salían por las orejas. Que no tienen sitio y que aunque trataron de comprar camiones frigoríficos no fue posible encontrar ninguno en el mercado.

Para comprender mejor la presión que ha sufrido el sistema conviene recordar que Nueva York ha pasado de registrar unos 20 muertos diarios en domicilios particulares a más de 200. Se ha llegado a cavar fosas comunes. De ahí que hace unas semanas el responsable del Salud, Mark Levine, comentase que «el sistema de salud de Nueva York ha sido forzado al límite», con las morgues en unos niveles de saturación no vistos desde el 11 de septiembre. «Una morgue típica de hospital puede contener 15 cuerpos, y están todas llenas», dijo. De ahí que la ciudad enviase hasta 80 camiones especiales a los hospitales, con capacidad para cien cuerpos cada uno. Pero incluso los remolques estaban «casi llenos también» y mientras «los cementerios no pueden gestionar la avalancha de solicitudes» de entierros y «rechazan la mayoría».

Los ataúdes de lujo retrasan las cremaciones

David Fleming, de la New York State Association of Cemeteries, llegó a comentar, a la revista «Politico», que sería de gran ayuda si se estableciera una moratoria en las ventas de ataúdes de lujo, pues «obviamente la llama tiene que consumir la caja, y nos retrasa mucho si los directores de las funerarias venden ataúdes demasiado ornados o pesados durante la pandemia».

Preguntado también por el dantesco escándalo de los muertos apilados en Brooklyn, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, ha respondido que la situación fue «horrible». Evidentemente pasmado, comentó lo asombroso de que sucediera algo así «en una funeraria de Brooklyn». «Es absolutamente inaceptable», dijo, «seamos francos». De paso explicó que «las funerarias son empresas privadas. Tienen obligaciones con la que gente a la que sirven, de tratarlos con dignidad. No tengo ni la más remota idea de cómo una funeraria pudo permitir que esto ocurriera. Históricamente la ciudad no ha trabajado de forma directa con las funerarias. Son reguladas por el estado de Nueva York. Pero todos tenemos que trabajar juntos para resolver los problemas».

El alcalde, incapaz de explicarse lo ocurrido, abundó en que sigue sin entender por qué no alertaron al Estado de Nueva York, que regula las funerarias, «o por qué no acudieron a la Policía o… Por qué no hicieron nada antes de dejar allí los cadáveres, que es algo inconcebible».

El estado de Nueva York, el más penalizado de todo EE UU por la epidemia, entre tanto, ha vuelto a anunciar que el ritmo de hospitalizaciones y decesos sigue bajando. Son ya 12.000 los pacientes de coronavirus ingresados en todo el estado, por casi 20.000 en los peores momentos de la crisis. Empeñado en el debate sobre cómo reabrir una economía que amenaza con acabar reducida a cenizas, Nueva York ha anunciado que el metro, que hasta ahora nunca cerraba, dejará de operar entre la una y las cinco de la madrugada. Son muchas las denuncias estos días sobre su suciedad, es imperioso limpiar los vagones, y no hay forma de hacerlo sin detenerlos.