“El coronavirus es menos peligroso que nuestros políticos”

Los libaneses desafían el confinamiento con una protesta contra el colapso de la economía

Labor Day demonstrations in Beirut
Los agentes protegen el Banco de Líbano de los manifestantesNabil MounzerEFE

Con música de Dabke (baile tradicional oriental), banderas libanesas al viento y eslóganes revolucionarios, varios cientos de libaneses se sumaron este viernes a las manifestaciones del 1 de mayo en la Plaza de los Mártires, que tenían como telón de fondo la profunda crisis económica. A diferencia de las jornadas anteriores en las que hubo fuertes disturbios nocturnos con enfrentamientos con el Ejercito y actos vandálicos contra entidades bancarias, el ambiente fue de lo más relajado y festivo.

Las protestas convocadas por diferentes grupos, que partieron desde diferentes puntos de Beirut para congregarse en la Plaza de los Mártires y el Banco de Libano fueron menos multitudinarias de lo que se esperaba, y el aforo no superó los 500 manifestantes. Se trata de la segunda convocatoria de protestas en la capital libanesa, tras dos meses de parón por la pandemia del Covid-19.

Líbano no ha sido, precisamente, un país muy golpeado por el coronavirus, y hasta la fecha se han registrado 725 casos y 24 muertes. No obstante, el Gobierno ha impuesto medidas preventivas de confinamiento y toque de queda a la población desde marzo hasta el 11 de mayo. Sin embargo, en las ultimas semanas, no se están tomando muy en serio las medidas y hay mucha relajación por parte de los libaneses, que han empezado a hacer reuniones públicas sin mantener la distancia de seguridad, y muchos de ellos sin usar guantes ni mascarillas de protección.

Raquel vende mascarillas “revolucionarias” con la bandera libanesa, que ella misma confecciona, y ayer se puso a venderlas durante las protestas. “He venido a vender mis mascarillas porque quiero que la gente de la revolución esté protegida”. Pero no son muchos los que siguen su consejo.

En Líbano, la crisis económica supera a la pandemia y los libaneses han salido a protestar, desafiando el confinamiento, por el deterioro de sus condiciones de vida. Si en octubre los libaneses se echaron a las calles para pedir un Gobierno de tecnócratas y el fin de la corrupción hoy piden pan. Más del 70% de los trabajadores independientes e informales ha perdido su empleo en estos últimos tres meses y no tiene cobertura social. Restaurantes, bares, comercios, talleres de reparación, librerías y centros comerciales cerrados han acabado de hundir la frágil economía libanesa con una devaluación de más del 60 por ciento de su valor frente al dólar lo que ha reducido los salarios de los libaneses.

“Éste es un Gobierno de palabras y no acciones. Estamos hartos de esperar mientras nuestros bolsillos y estómagos están cada día más vacíos. El coronavirus es menos peligrosos que nuestros políticos”, denunció a LA RAZÓN Ganan Shaad, profesora en paro y madre de tres hijos.

Frente al edificio parapetado de fuerzas de seguridad y vallas de protección del Banco de Líbano, un grupo de manifestantes lanzaban botellines de agua, e improperios al presidente de la entidad bancaria nacional, Riad Salameh.

“Esta nación es para trabajadores, no para traidores”, denunció Khaled, que como muchos libaneses acusa a Salameh de la escasez de dólares en el país y de la caída del valor de la libra libanesa.