Mark Rutte, la “bestia negra” del Sur que nunca pierde la sonrisa

El primer ministro holandés mantiene su oposición a conceder ayudas europeas a fondo perdido tras la pandemia

De maneras suaves y carácter sencillo y afable, Mark Rutte, nacido en La Haya el Día de San Valentín de 1967, es un auténtico superviviente de la política holandesa. Tras una década como primer ministro, ha demostrado ser un mago para tejer consensos en la atomizada realidad parlamentaria sin perder nunca la sonrisa. Es después de la canciller Angela Merkel el líder de la UE que más tiempo lleva en el poder.

Concertista de piano de vocación, estudió Historia en la Universidad de Leiden. Antes de entrar en política en 2002, trabajó en el departamento de recursos humanos de la multinacional holandesa Unilever. De religión protestante, acude en su inseparable bicicleta para impartir dos horas de clase de Historia en un instituto. Eterno soltero, no dudó en exhibir en la prensa rosa su romance con una presentadora de televisión.

Su primera prueba de fuego fue en 2010, cuando convirtió a su liberal Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) en el partido más votado, desbancando a los dos grandes que habían dominado el panorama político holandés desde el final de la II Guerra Mundial (los democristianos de la CDA y los socialdemócratas del PvdA). Rutte se convirtió así en el primer liberal en dirigir un Gobierno, pero eso sí en minoría con la CDA y a expensas de los caprichos del Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders.

A imagen y semejanza de la derecha populista danesa, Wilders sabía que podía influir más en la vida política holandesa desde el Parlamento que desde el poder. Así lo hizo hasta que en abril de 2012 dejó caer al Ejecutivo al oponerse a respaldar un plan de recortes. Se cuenta que entonces le prometió “acabar con ese partido que tienes hasta que no te quede ningún escaño”.

Sin embargo, la enemistad entre Wilders y Rutte viene de lejos, de cuando ambos militaban en el VVD. En 2002, el ahora primer ministro fue nombrado secretario de Estado de Asuntos Sociales y Empleo, un cargo que ambicionaba el entonces diputado. Dos años más tarde, en 2004, vuelven a verse frustradas las expectativas de Wilders al pasar Rutte a Educación y no relevarle en el puesto que dejaba libre.

Pero su apelativo de “primer ministro de teflón” no le viene solo de sus dos años de cohabitación política son Wilders, con el que asegura que “no, nunca, no” pactará. . Admirador de Margaret Thatcher y fiel seguidor de las políticas de austeridad de Merkel, Rutte fue uno de los pocos líderes europeos que no fueron castigados en las urnas y fue reelegido para un segundo mandato en 2012 en plena Gran Recesión.

Entonces como ahora, el líder holandés lidera a los países del Norte frente al Sur desde una renacida Liga Hanseática junto a Dinamarca, Finlandia, Suecia, Estonia, Letonia y Lituania que rechaza los coronabonos y aumentar sus contribuciones al Presupuesto comunitario. La pandemia ha resucitado la brecha Norte-Sur. Ahorradores frente a despilfarradores. Trabajadores luteranos frente a vagos católicos.

Aunque no duda de las ventajas del euro y la UE para Países Bajos, Rutte no es un europeísta ferviente, más bien un político pragmático que hace equilibrios entre los que dice en Bruselas y lo que luego cuenta en La Haya. De ahí que el ex líder liberal demócrata (D66) Alexander Pechtold, le soliera acusar de que “en Países Bajos se comporta como un miembro del PVV, pero en Bruselas es un político de D66”.

A su imagen no ayudó tampoco mucho una reciente visita a una incineradora de La Haya en la que un empleado se dirigió a él para pedirle que “por favor, no des ese dinero a los italianos y a los españoles». En el vídeo difundido por la cadena publica NOS, se puede ver al primer ministro holandés responder “no, no” antes de despedirse levantando el poder.

«La fijación neerlandesa por historias morales durante una crisis de salud mortífera e indiscriminada no le ha hecho ningún favor a La Haya», le reprochaba el “Financial Times” días después.

Tras la fracasada cumbre de este viernes, el jefe de Gobierno holandés no parecía tener prisa para llegar a un acuerdo sobre los 750.000 millones del euros del Plan de Recuperación de la UE. En cambio, recordó que existe un paquete del Eurogrupo de 540.000 millones de euros para aquel que lo necesite.

“No estoy seguro de que vayamos a alcanzar un acuerdo antes del receso de verano. Nadie quiere que nos tome mucho tiempo. Darse prisa podría ayudar, pero en este debate, [acordar] el contenido es fundamental.... Tampoco creo que sea devastador si no hay acuerdo a mediados de julio”, subrayó.

Con todo, Rutte no es el mayor “halcón” de gobierno de coalición. El ministro de Finanzas, el democristiano Wopke Hoekstra, enervó a los países mediterráneos al comienzo de la pandemia de coronavirus al acusarlos de despilfarradores que no habían aprovechado la bonanza económica de los últimos años para sanear sus cuentas públicas. Hoekstra seguía la estela marcada por antecesor y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, que espetaba al Sur que “no puedo gastarme el dinero en alcohol y mujeres y después pedir ayuda”.

Lo cierto es que la postura inflexible del Gobierno del liberal Mark Rutte cosecha críticas también en casa. La oposición socialdemócrata y ecologista reclama más solidaridad con los socios mediterráneos, mientras que banqueros y empresarios recuerdan que un país netamente exportador como Países Bajos será el primer damnificado si el sur de Europa sucumbe en una grave recesión.

En la propia coalición cuatripartita formada por liberales de derechas (VVD), democristianos (CDA), liberal demócratas (D66) y calvinistas (UC), existen tensiones. Los dos últimos partidos abogan por brindar más ayuda a Italia y España.