Lukashenko copia a Putin su Constitución a la carta

Un referéndum que no sofoca las protestas. El presidente de Bielorrusia ignora el clamor de la calle para que dimita y propone enmendar la Carta Magna que él mismo aprobó para afianzar su poder

Después de tres semanas de protestas en Bielorrusia, el presidente Alexander Lukashenko ha comenzado a darse cuenta de que todo eso iba con él y trata de buscar soluciones pero sin satisfacer la principal demanda de las protestas que es su renuncia política.

El jefe de Estado, que el domingo cumplió 66 años sin mucho que celebrar, fue testigo de la última movilización organizada por la oposición, que sigue sin reconocer el resultado de las presidenciales del 9 de agosto, que le otorgaban una holgada victoria a Lukashenko con más del 80% de los votos. Como venía siendo habitual en las protestas, el número de los allí congregados no bajó de los 100.000. Ni las amenazas, ni las más de cien detenciones, ni la lluvia impidieron a los manifestantes salir a la calle y reclamar una vez más la retirada del que han venido en calificar como «último dictador de Europa».

Lukashenko, que ha suavizado su discurso, no contempla dejar un poder, pero se ha mostrado más conciliador con sus compatriotas, hasta el punto de sugerir un cambio de rumbo en su política para acercarla más a un pueblo que le repudia. Ayer, con los ecos de las protestas aún en los oídos, insinuó la posibilidad de llevar a cabo una consulta popular para para reformar la Constitución como solución a la crisis que sufre Bielorrusia.

Con ese propósito, Lukashenko se reunió con el presidente del Tribunal Supremo, Valentin Sukalo, y a la salida del encuentro compartió su punto de vista al respecto. «Me gustaría ver cambios que hagan avanzar nuestra sociedad», dijo, aunque aclarando que sin volver a la Constitución de 1994, como pretende la oposición, que ya se modificó bajo su mandato porque esto no supondría «un movimiento hacia adelante». «El regreso, como algunos dicen, a la Constitución de 1994, no lo pasamos, ni vivimos, simplemente lo absorbimos. Vimos qué estaba pasando en aquel entonces. Una vuelta atrás, posiblemente, no es un progreso», zanjó.

Seguramente, en la cabeza del mandatario rondaba la idea de copiar a su homólogo ruso, Vladímir Putin, que promovió una consulta similar a la pretendida por Lukashenko, cuyo referéndum aprobó las reformas en la Carta Magna rusa el pasado 1 de julio. Lo cierto es que, al igual que hizo Putin, el presidente bielorruso ha expresado su idea de que las enmiendas a la ley sean redactadas por un grupo de expertos, incluido un nutrido grupo de jueces del Tribunal Constitucional, que ya trabaja en ello para después «ser expuesto ante la población para que lo discuta y exprese su opinión» a través de un referéndum popular.

«Hay que lograr que el sistema no esté ligado a ninguna personalidad, incluido a Lukashenko», matizó, a la vez que pedía al presidente de la Corte Suprema de su país encabezar la redacción del proyecto. «Quiero que usted como persona experimentada exprese su palabra. Y sobre los tribunales. Muchos quieren, también en la comunidad judicial, alguna independencia. Estoy dispuesto a discutir con quien sea acerca de la posibilidad de tener un tribunal más independiente en Bielorrusia», concluyó.

Mientras tanto, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó la conversación telefónica mantenida durante la mañana del domingo entre Vladimir Putin y Alexander Lukashenko, y la propuesta del presidente ruso de un encuentro cara a cara entre los dos mandatarios, que tendría lugar en Moscú durante los próximos días. «Las fechas se están acordando, pero los dos presidentes convinieron ayer en hacerlo en las próximas semanas», informó ayer Peskov a la Prensa.

Próximo encuentro con Putin

A pesar del distanciamiento experimentado entre ambos países los últimos meses, con una acusación directa de Lukashenko al Kremlin de querer desestabilizar los comicios presidenciales de agosto, ha sido Putin quien se ha mantenido cerca del Gobierno de Minsk expresando su apoyo, que no ha sido desaprovechado por Lukashenko.

No parece que el presidente bielorruso cuente con muchos más aliados, sino todo lo contrario, porque ayer fue declarado persona «non grata» en los países bálticos, en una decisión comunicada por el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda, quien ha expresado el deseo de su país y de sus vecinos de censurar las medidas llevadas a cabo por el Gobierno bielorruso y su presidente para reprimir a los manifestantes que no reconocen los resultados electorales. Lukashenko encabeza así una lista confeccionada por las repúblicas bálticas en las que se hallan 30 personas en total.