La letal confesión de Trump a Bob Woodward sobre la covid: “Es más mortal que la gripe”

En febrero el presidente de EE UU admitió ante el periodista que el coronavirus “se transmite por el aire”, pero en marzo hablaba de “bulo”

En plena crisis de la pandemia de coronavirus en EEUU y ante la atenta mirada de millones de personas que seguían en directo sus ruedas de prensa desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump decía una cosa, pero la información de primera mano que él tenía era otra.

A pesar de saber que el brote de Covid-19 era “mortal” y que podía causar mucho más daño en la población que la gripe estacional, Trump insistía ante los medios de lo contrario. “Lo tenemos controlado. Es una persona que viene de China. No va a pasar nada”, dijo en enero. “Se irá en abril con el calor”, aseguró en febrero, “un día desaparecerá, como un milagro”. Al mes siguiente intentó culpar a los demócratas de “un nuevo bulo”, pero una semana después, el 13 de marzo, declaró la Emergencia Nacional en EEUU. Sólo entonces anunció que vendrían “días duros” por el “virus chino”.

Trump tardó tres meses en hablar con seriedad de la pandemia. Durante esa etapa de negación ante las cámaras, por detrás sus palabras cambiaban. “Esto es algo mortal”, reconoció Trump el 7 de febrero. “Sólo se respira por el aire y así es como se contagia. Así que es muy difícil. Es muy delicado. También es más mortal que la gripe”, añadió el presidente.

Así se ha dado a conocer ahora a través del legendario periodista que destapó el escándalo del Watergate en 1972, Bob Woodward. Un nuevo libro del veterano autor que ha visto la luz esta semana revela detalles hasta ahora desconocidos del presidente estadounidense y su gestión con la mayor crisis sanitaria y económica de la historia reciente.

El revelador contenido de un total de 18 conversaciones entre el presidente y el periodista se acaban de publicar en el libro Rage (“Rabia”, en español), acompañado por una serie de audios de las entrevistas, que fueron grabadas con el consentimiento de Trump. En la Casa Blanca, en Mar-a-Lago y también en varias llamadas telefónicas, esos encuentros entre ambos se mantuvieron desde diciembre de 2019 y hasta finales de junio de 2020.

Información de interés mediático y social que muestra la perspectiva del otro lado de la Casa Blanca, lo que sucede cuando las puertas se cierran al público y las cámaras se apagan.

Woodward describe a un Trump que se muestra a veces serio y concentrado, dando incluso a conocer detalles sorprendentes de su gestión de la pandemia de COVID-19 o información inédita sobre un nuevo sistema secreto de armas nucleares. En otras ocasiones, sin embargo, Trump trata de destacar sus aspectos más positivos y los que considera méritos de su mandato para impresionar a Woodward.

La “sala Mónica”

¿Cómo intenta Trump agradarle? Contándole detalles personales como su preferencia por las corbatas largas, mostrándole fotografías de su encuentro histórico con el líder norcoreano o incluso haciéndole un recorrido guiado por el Despacho Oval, enseñándole la que el propio Trump denomina “sala Mónica” en referencia a la mundialmente conocida becaria de Clinton, Mónica Lewinsky.

Trump se muestra honrado con el veterano periodista por convertirse en su centro de atención. Para este presidente, ser retratado por uno de los periodistas más reconocidos de EEUU no es asunto de poca importancia. Al parecer, Trump accedió a ser entrevistado por Woodward después de quejarse por no haber participado en su libro más vendido, “Fear” (Miedo, en español), publicado con éxito en 2018. A pesar de que Woodward asegura haberle ofrecido participar repetidamente, Trump fingió no haber recibido la solicitud.

A lo largo de las entrevistas realizadas durante cerca de 6 meses, Trump se muestra preocupado por cómo el autor lo retratará en su libro. Por ello, al principio Trump lo alaga: “Sería un honor recibir un buen libro de usted”. Pero en otras ocasiones se muestra sospechoso: “Probablemente me vas a joder”, le llegó a decir el presidente, añadiendo: “Ya sabes, porque así son las cosas… Y al final probablemente escribirás un libro pésimo. ¿Qué puedo decir”.

La corbata larga

En uno de sus múltiples encuentros, Woodward cuenta que Trump le pidió al fotógrafo oficial de la Casa Blanca que les retratara juntos. Y, mientras posaban, Trump le explicó que le gustan las corbatas más largas para meter la parte de atrás de la etiqueta. “¿No odias cuando vuelva?”, le preguntó.

En otro momento, Trump le prometió enseñarle algo “genial”, levantando el teléfono y pidiendo a su equipo imágenes suyas con el líder norcoreano Kim Jong Un en la Zona Desmilitarizada. “Estos somos él y yo”, le mostró Trump con orgullo. “Ésa es la línea, ¿verdad? Luego caminé sobre la línea. Bastante bien, ¿sabes?”.

Ese 30 de junio de 2019, el presidente Donald Trump se convirtió en el primero en poner un pie en Corea del Norte. “Nadie ha hecho eso nunca. Quiero decir, son imágenes geniales cuando hablas de imágenes icónicas, ¿qué tal eso?”, dijo un Trump que a Woodward le parecía más impresionado por la importancia de la fotografía que por la del significado del evento en sí.

Tras haber entrevistado a otros presidentes de EEUU como Carter, Clinton, Bush y Obama, Woodward describe la serie de entrevistas con Trump, sentado en la silla presidencial, como “un gran espectáculo”. Todos sus antecesores le concedieron la entrevista en una silla junto a la chimenea del Despacho Oval.

Si por algo destaca Trump como presidente es por el uso que hace, sin precedentes para un alto cargo, de las redes sociales. “Soy el número uno en Twitter”, le dijo a Woodward. Si bien es el mandatario que se mantiene en el cargo con más seguidores (85 millones), otros ex presidentes como Obama (122 seguidores) superan esas cifras en la actualidad.

“Cuando eres el número uno y tienes a cientos de millones de personas, ya sea que estén en tu contra o no, todavía leen lo que dices”, le confesó Trump al periodista, desvelando ser consciente del impacto que sus mensajes de Twitter generan.

Algunas interrupciones se producían con cierta frecuenta durante las conversaciones grabadas entre el magnate y el periodista. “Cariño, estoy hablando con Bob Woodward”, le dijo a Melania en una ocasión cuando la primera dama entró en la sala.