Putin y el poder local

En estas elecciones municipales y regionales el Kremlin se ha volcado para que sus candidatos sean los elegidos

Este domingo los ciudadanos de Rusia volverán a acudir a los colegios electorales para elegir a un gran número de presidentes regionales y alcaldes. Están en juego 18 presidencias regionales y 14 alcaldías en ciudades con más de 500.000 habitantes. No se esperan sorpresas. La élite gobernante mantendrá su control sobre los territorios, pero hay algunas tendencias interesantes. Primero, el Kremlin se ha volcado en sus nuevos nombramientos. A pesar de que Rusia es una federación, los gobernadores pueden ser destituidos por el presidente, y pueden designarse interinos hasta que se convoquen las urnas. En nueve regiones, los actuales presidentes interinos esperan ser elegidos en primera votación y otros cuatro en segunda ronda. Los presidentes regionales en funciones enviados desde Moscú tienen poca experiencia en el terreno y a menudo se enredan en conflictos con las élites locales y empresariales. En general, no son muy apreciados por el electorado.

En varias ocasiones, los ciudadanos han rechazado a los “enviados” de Putin y eligieron a personalidades casi desconocidas críticas con el poder de Moscú. En julio, uno de estos presidentes electos en Khabarovsk en las elecciones de 2018 fue arrestado y encarcelado, lo que provocó una oleada de protestas que lleva diez semanas.

Esta vez Moscú quiere evitar sorpresas y ha puesto todos los medios para que sus candidatos sean los elegidos.

Las irregularidades electorales han sido recurrentes y numerosas en Rusia pero se espera que en esta cita sean más intensas. Por primera vez, el plazo de votación se ha extendido a tres días. Hasta la fecha el único caso de votación extendida fue el referéndum constitucional del 25 de junio al 1 de julio. Después se tomó la decisión de introducir tres días de votación a partir de 2021 (las campañas locales ya comenzaron en ese momento, por lo que parecía ilegal cambiar el procedimiento). Pero como en Rusia no existe un Estado de derecho, la Comisión Electoral cambio de criterio y amplió los plazos con la excusa de la pandemia. Así que, yo diría, que estos tres días se asegurarán de que voten las personas “adecuadas”.

Asimismo, el Kremlin parece estar descontento con los partidos tradicionales de la oposición que están activos en Rusia desde hace 30 años, encabezados por las mismas personalidades (el líder del Partido Comunista, Gennady Zyuganov, es mayor que el líder soviético Leonid Brezhnev cuando murió). Así que crearon varios partidos nuevos, uno “liberal”, uno “conservador”, uno “verde”, entre otros. El primero se llama Novye Lyudi (The New People) y está presidido por un escandaloso empresario Alexei Nechaev conocido por crear una marca de cosméticos que vende a través de una red social. ¡El segundo, Za Pravdu! (¡Por la verdad!) está encabezado por el escritor imperialista, Zakhar Prilepin, que participó en el conflicto de Donbass en Ucrania y él mismo confesó que había matado a militares ucranianos. Prilepin fue declarado criminal de guerra y terrorista por el Gobierno de Kiev. Ambos partidos han recibido una importante financiación por parte de empresas vinculadas al Kremlin y esperan obtener varios escaños en cinco o siete asambleas legislativas (en las circunscripciones en las que gobierna Rusia Unida simplemente se “olvidaron” de registrar a sus candidatos).

En paralelo se han producido muchos rumores sobre un adelanto para la próxima primavera de las elecciones legislativas nacionales (la Duma Estatal) previstas para septiembre de 2021 debido a la caída de popularidad de Rusia Unida. El Kremlin teme que estallen las protestas en la calle. En este contexto, se aprobó recientemente una ley que sólo permite presentar candidaturas nacionales a los partidos que tienen diputados en al menos tres asambleas regionales.

No obstante, los rusos que rechazan el sistema autoritario de Putin buscan alternativas para oponerse a la demolición total de las prácticas democráticas. Las dos formas más visibles son el llamado “Smart voting” y, por otro, la formación de coaliciones. La primera se trata de una aplicación puesta en marcha por el opositor Alexei Navalni para identificar a los candidatos más cercanos del Kremlin y votar por los que estén más alejados. La herramienta ha resultado ser bastante efectiva y creo que está detrás de su intento de envenenamiento.

La segunda táctica se basa en unir a políticos independientes en una plataforma que pueda atraer a la gran mayoría de los votantes y expresar una oposición no solo al partido gobernante Rusia Unida, sino a los “partidos tradicionales". El mejor ejemplo es la “Coalición Novosibirsk-2020” que unió a 31 candidatos para el consejo municipal de 50 escaños y se convirtió en el intento más celebrado de gobernar en Novosibirsk, una ciudad con 1,7 millones de habitantes, la tercera más grande.

La próxima semana veremos cuán exitoso será el Kremlin en impulsar a sus candidatos. Pero uno puede estar bastante seguro, mirando a Bielorrusia, que los regímenes como el de Putin no cambian a través del voto. Los dictadores reconocen sólo la fuerza. Pueden ser expulsados por una revuelta popular masiva o por un movimiento orquestado desde dentro de la propia élite gobernante.

* Profesor de Economía, director del Centro de Estudios Post Industriales de Moscú