Johnson endurece las restricciones por el Covid al llegar a “un punto peligroso como en España"

El primer ministro británico anunció nuevas medidas para frenar el virus y pide ahora a los ciudadanos que, en la medida de lo posible, trabajen desde casa

Boris Johnson fue el último mandatario europeo en imponer el confinamiento al inicio de la pandemia. Pero ahora que ha reconocido que una segunda ola en el Reino Unido es ya “inevitable” no quiere que la crisis le pille de nuevo con los deberes sin hacer.

El premier anunció este martes nuevas restricciones sociales y, menos de un mes después de planificar la gran campaña de “regreso a la oficina”, pide ahora a los ciudadanos que, en la medida de lo posible, trabajen desde casa. Asimismo, a partir de hoy los pubs y restaurantes de Inglaterra deberán cerrar sus puertas a las 22 hora local. Pero oficinas, colegios y universidades permanecen abiertas para no dañar aun más la economía de un país que ha entrado en recesión.

El director científico del Gobierno, Patrick Vallance, y el asesor médico, Chris Whitty, adelantaron el lunes que los contagios se estaban duplicando ya cada semana y que, de no hacer nada, calculaban que para mitad de octubre habrá 50.000 casos diarios, lo que llevaría a más de 200 muertes al día para noviembre.

Por lo tanto, los ciudadanos ya estaban más que preparados para ver cómo sus libertades vuelven a dar un paso hacia atrás. En una esperada intervención en la Cámara de los Comunes, el premier anunció que, a partir de ahora será obligatorio el uso de mascarillas en bares, restaurantes y tiendas minoristas (sigue sin ser obligatorio en la calle) y se reforzarán las multas para quienes no cumplan con las medidas de seguridad. Asimismo, quedan suspendidos los planes para que a partir del 1 de octubre los eventos deportivos tuvieran público. Las bodas quedan limitadas a los 15 invitados, pero en los funerales se mantiene el límite de 30.

Las medidas se aplicarán sólo a Inglaterra, ya que el resto de naciones que componen el país tienen su propias competencias. Y, en este sentido, mientras que Johnson ha optado por continuar sólo con la prohibición de reuniones de más de seis personas, tanto en Escocia como en Irlanda del Norte, se han prohibido además reuniones de distintos núcleos familiares en el interior de las casas.

De momento, no hay un segundo “confinamiento” (si es que esta palabra puede utilizarse, cuando el encierro en el Reino Unido no se acercó ni de lejos a las estrictas medidas impuestas en marzo en España). Sin embargo, alrededor de 11 millones de ciudadanos (de un país de 60 millones de personas) se encuentra ya “confinado” a nivel local, la gran parte de ellos en el norte de Inglaterra, donde se registra el ratio más alto de contagios. El martes se registraron cerca de 5000 casos en todo el país (4.926) y 37 muertes.

“Siempre supimos que, si bien logramos contener el virus, la perspectiva de una segunda ola era real. Lamento decir que, como en España, Francia y muchos otros países, hemos llegado a un punto de inflexión peligroso”, recalcó Johnson.

No estamos ante un confinamiento como el de marzo. No estamos pidiendo a la gente que se quede en casa. Pero sí pedimos que actúe de manera responsable”, repitió luego por la noche en un discurso dirigido a la nación. “Si fallamos en actuar conjuntamente, no solo pondremos a otros en riesgo, sino que amenazaremos nuestro propio futuro con la imposición de más medidas drásticas que estaremos obligados a tomar”, añadió.

Estas disposiciones, explicó el primer ministro, tienen como objetivo reducir la “R” o número reproductivo de la enfermedad -que indica cuánta gente puede contagiar una persona infectada-, que actualmente está en todo el Reino Unido entre 1,1 y 1,4. Las medidas podrían alargarse durante los próximos seis meses.

Ante el avance de los contagios, el Gobierno ha elevado el grado de alerta desde el tercer nivel hasta el cuarto, en una escala de cinco, lo que refleja un “alto riesgo de transmisión” y la necesidad de medidas de “distancia social”.

El problema político es que el Johnson de septiembre no es el mismo que el Johnson de marzo. Y ya no sólo porque haya sufrido en primera persona el virus. El premier afronta este segundo pico con la popularidad bajo mínimos, las críticas de la propia prensa conservadora, la presión del Gabinete y unas filas divididas que amenazan con rebelión la próxima semana, cuando el inquilino de Downing Street quiera renovar en Westminster los poderes especiales que ha tenido durante los últimos seis meses para lidiar con el mayor reto global desde la II Guerra Mundial al que se han tenido que enfrentar los Ejecutivos a ambos lados del Atlántico. (fin).