El caso Breonna Taylor enciende de nuevo la ira racial en Estados Unidos

Las protestas en Louisville se extienden por el resto del país después de que la Justicia no haya acusado a los agentes que irrumpieron en su casa y le dispararon seis tiros

Mismo contexto, diferente escenario. Louisville se convierte, esta vez, en el centro de las protestas raciales extendidas por todo Estados Unidos desde finales de mayo. La muerte por asfixia de George Floyd en Mineápolis a manos de un agente y las imágenes grabadas en vídeo de otra media docena de casos de abuso policial contra ciudadanos afroamericanos, han reabierto una herida difícil de cicatrizar en la sociedad estadounidense y han despertado la indignación de cientos de miles de personas que desde entonces han salido a las calles como protesta.

Dos meses antes, Breonna Taylor murió en su propia casa durante un tiroteo de la Policía. Los hechos sucedían la noche del 13 de marzo, mientras la joven de Kentucky estaba en su casa, durmiendo en la cama. Taylor, trabajadora de salud y técnica de emergencias, recibió un total de seis disparos de los agentes de Policía, que habían entrado en su apartamento, vestidos de paisano, poco después de la medianoche en un allanamiento como parte de una investigación de narcotráfico. No encontraron drogas en el domicilio y la víctima, que murió en el pasillo por el impacto de uno de los disparos, tampoco tenía antecedentes penales.

Un juez había decretado la orden después de recibir informes de sospecha de los investigadores sobre el ex novio de Taylor, un traficante de drogas convicto que podría haber usado su dirección para recibir mercancía. Pero la víctima no tuvo tiempo de demostrar lo contrario ni tampoco de defenderse.

A pesar de la gravedad de los hechos, el caso pasó casi desapercibido y sólo recuperó interés meses después cuando la muerte de Floyd sacó a la luz denuncias del uso desproporcionado de la fuerza contra personas de raza negra. Desde entonces, las protestas raciales por la justicia y contra el abuso policial se han extendido por todo el país, ganando relevancia a su paso por algunos estados clave en las próximas elecciones y sumando miles de manifestantes en otra veintena de ciudades del país.

«Ley y orden»

Lejos de apagarse, la indignación va en aumento. A falta de un mes y medio para las elecciones presidenciales, la estrategia política de demócratas y republicanos para abordar una solución al creciente conflicto no puede ser más opuesta. El presidente Donald Trump ha optado por recuperar, en clave electoral, el lema «Ley y orden». Un eslógan empleado con éxito por el entonces presidente Richard Nixon tras las históricas protestas raciales por la muerte de Martin Luther King. Las de este 2020 se han convertido en las protestas raciales más multitudinarias, extendidas y de mayor impacto del último medio siglo en Estados Unidos.

Según cuentan los testigos, en el mismo momento en el que se conocía la sentencia en la que los tres policías involucrados en la muerte de Taylor resultaron exonerados del delito, cientos de manifestantes en Louisville gritaron indignados con lágrimas de rabia y frustración desde el lugar donde se han venido realizando homenajes en memoria de Breonna Taylor en Kentucky. Su familia calificó la sentencia de «ofensiva e indignante».

La creciente tensión de las calles ha obligado a las autoridades a tomar medidas de seguridad en las últimas horas para tratar de calmar la crispación de miles de personas que salieron a protestar en Louisville desde que se conociera la noticia. Las autoridades locales y estatales declararon el estado de emergencia en Louisville y se desplegaron agentes de la Policía y la Guardia Nacional.

El alcalde de la localidad, situada en el estado de Kentucky, estableció el toque de queda desde las 21:00 a las 6:00 de la mañana durante las siguientes 72 horas tras los disturbios por la sentencia.

Y es que las protestas no sólo fueron en aumento sino que se convirtieron en disturbios violentos que se saldaron con dos policías heridos por disparos de los manifestantes. Uno de los sospechosos fue arrestado, según confirmó la Policía metropolitana de Louisville, mientras los dos agentes se encuentran estables y sus vidas no corren peligro.

El hombre, identificado como Larynzo Johnson, de 26 años, ha sido acusado de catorce cargos de imprudencia temeraria y dos de agresión a un oficial de la Policía. Según la citación judicial divulgada por el Departamento Correccional Metropolitano, con sus acciones Johnson demostró «una enorme indiferencia por el valor de la vida humana», poniendo a los agentes en peligro de muerte o de sufrir lesiones graves.

Más de un centenar de personas fueron detenidas, una docena de ellas a raíz de un altercado entre cientos de manifestantes y un grupo de agentes de la Policía en el barrio de Highlands, limítrofe con el centro de Louisville. Algunos participantes violentos arrasaron con mobiliario urbano y rompieron cristales de pequeños negocios de la zona.

Y se espera que las protestas, con los consecuentes disturbios, se prolonguen durante las próximas semanas conforme se acerca la fecha de la cita electoral. Los demócratas tratarán de convencer a los votantes de su intención de sacar adelante reformas que eviten la conducta agresiva de la Policía para evitar el abuso policial y el racismo, mientras que el presidente republicano usará la fuerza que sea necesaria para ofrecer su apoyo a las autoridades policiales y poner fin al caos de la crispación del país.