Trump se enroca y amenaza con una crisis constitucional

En un acto sin precedentes, el presidente se aferra al poder y arremete contra el sistema democrático

Pensilvania completaba el 100% del escrutinio cuatro días después de la cita electoral histórica, y automáticamente después las calles de las principales ciudades del país se llenaban de cientos de miles de estadounidense celebrando la victoria de los candidatos demócratas. Joe Biden y Kamala Harris se convertían en presidente y vicepresidenta electos de Estados Unidos.

La noticia se deba a conocer tras el frenético recuento de votos por correo en el que ha acabado siendo el estado decisivo. Esos 20 votos electorales de Pensilvania le daba una ajustada victoria a los demócratas, a pesar de seguir liderando el proceso electoral en Georgia, Nevada y Arizona.

Trump mantenía, mientras tanto, un inusual silencio en sus redes sociales desde el vecino estado de Virginia, donde supuestamente se encontraba jugando al golf. Pero su el equipo de campaña se encargaba de emitir un comunicado en el que no reconocía la derrota.

En esa misma información oficial de la Casa Blanca, el equipo del todavía presidente Donald Trump denunciaba de nuevo el recuento del proceso electoral sin presentar pruebas sobre dichas irregularidades, lanzando también la amenaza de que “la elección está lejos de haber terminado”.

Además, el equipo de Trump señalaba en el comunicado, publicado poco después de conocerse el resultado final de Pensilvania, que “todos sabemos por qué Joe Biden se está apresurando a presentarse falsamente como el ganador, y por qué sus aliados de los medios se están esforzando en intentar ayudarle: no quieren que se sepa la verdad”.

Lo cierto es que la sombra del fraude lleva meses acompañando a Trump, desde que él enfundara esos rumores y acusaciones, sin pruebas hasta ahora, sobre la irregularidad del proceso electoral estadounidense.

“HE GANADO ESTAS ELECCIONES POR MUCHO”, publicaba Trump en mayúsculas horas antes de conocerse el resultado final, quedando catalogado por la red social Twitter como “mensaje engañoso”. Y es que el presidente no ha conseguido ni la mayoría del voto popular, habiendo obtenido Biden el récord histórico de votos de más de 74 millones de personas, ni tampoco el voto electoral, que supera los 270 necesarios para proclamarse ganador, a la espera de confirmar el resto de los estados decisivos que todavía están pendientes de completar el escrutinio.

Su equipo defendía que “son los votos legales los que deciden al presidente, no los medios de comunicación”, sin aportar ninguna prueba que demuestre que los votos por correo y efectuados de manera anticipada en plenos tiempos de pandemia no lo sean.

A partir del lunes, el equipo de Trump anuncia una ofensiva a través de demandas legales que podrían llevar el caso a la Corte Suprema, tal y como viene amenazando durante semanas que tenía previsto hacer si no alcanzaba los votos necesarios para mantenerse en el poder.

La actitud del presidente Donald Trump y su equipo contrastaba con la de cientos de miles de personas que salían a las calles para celebrar la victoria demócrata nada más conocerse la noticia. La capital estadounidense se llenaba en pocas horas de miles de personas que caminaban desde diversos puntos de la capital hasta donde les permitía el perímetro de seguridad de la Casa Blanca.

Familias enteras, jóvenes con pancartas, personas de todas las edades y multitud de medios de comunicación de todo el mundo presenciaban este momento histórico desde las calles, a pie, pero también desde los automóviles y desde los balcones de las viviendas. El ruido de su celebración, ensordecedor, se convertía en la noticia de última hora en la capital.

Aunque muchos son conscientes del riesgo que representa para el país el berrinche del presidente, no reconociendo su derrota y aferrándose al poder, más allá de su mandato de cuatro años. La fecha de la toma de investidura de Joe Biden y Kamala Harris es el 20 de enero de 2021, tiempo suficiente para que Donald Trump, desde la Casa Blanca, ponga en marcha toda la artillería que considere necesaria para permanecer en el cargo.

Otra de las preocupaciones, en medio de la polarización que divide más que nunca al país, es el aumento de las tensiones entre los seguidores de Trump (le han votado casi 70 millones de personas) y sus detractores, en un ambiente actual de incertidumbre y posible descontrol. Aunque, aseguran los expertos, la solvencia de las instituciones estadounidense, en el país más democrático del mundo hasta ahora, está por encima de cualquier agenda personal.