Biden se impone a Trump y se convierte en el 46º presidente de EE UU

El candidato demócrata supera los 270 votos electorales tras vencer en Pensilvania mientras su adversario republicano no reconoce la derrota y acude a los tribunales

Pasadas las 11 de la mañana de la Costa Este el candidato Joe Biden fue declarado presidente por la mayoría de los medios, que proyectaban ya una victoria inapelable. Inmediatamente después la gente salió a la calle a celebrar.

En Nueva York comenzaron a escucharse cláxones y gritos, aplausos y vítores. Y más allá de lo que nadie hubiera votado un colosal suspiro de alivio parecía brotar de una nación exhausta después de una semana agónica, en la que los porcentajes y los votos bailaron como nunca y donde resultaba imposible afinar el resultado para saber quién había ganado.

«América», ha escrito Biden en Twitter, «es un honor que me haya elegido para dirigir nuestro gran país. El trabajo que tenemos por delante será arduo, pero les prometo esto: seré un presidente para todos los estadounidenses, me hayan votado o no me hayan votado. Honraré la fe que han depositado en mí».

Y minutos más tarde publicaba un comunicado: «Enfrentados a unas dificultades sin precedentes los números han votado en unos números de récord, demostrando una vez más que la democracia late en lo más profundo del corazón de América. Con la campaña terminada es tiempo de poner la ira y la retórica feroz detrás nuestro y juntarnos como una nación. Es hora de que América esté unida y de cicatrizar. Somos los Estados Unidos de América y no hay nada que no podamos hacer si estamos juntos».

Kamala Harris, la futura vicepresidente, dijo en un tuit que «estas elecciones tratan de algo más que de Joe Biden y de mí, eran sobre el alma de América y sobre nuestra determinación de pelear por ella. Tenemos mucho trabajo por delante. Comencemos».

La campaña de Biden, entre tanto, colgó un vídeo de imágenes de ciudadanos estadounidenses, en distinto origen y condición, con el himno América de the beautiful sonando detrás suyo, interpretada por Ray Charles.

Hillary Clinton, la mujer que compitió y perdió en 2016 frente a Trump, escribió que «los votantes han hablado. Han elegido a Biden y a Kamala para ser nuestro presidente y nuestro vicepresidente. Es un candidatura que ha hecho historia. Significa también el repudio de Trump y el inicio de un nuevo capítulo para América. Gracias a todos los que han ayudado para que esto suceda. Hacia delante, juntos».

Mientras tanto Trump en caída libre, con todo el derecho a denunciar posibles fraudes y la radical obligación de probarlos y, entre medias, de no tratar de envenenar la democracia, tuiteaaba que «Decenas de miles de votos fueron recibidos ilegalmente después de las 8 de la noche. el martes, día de las elecciones, cambiando total y fácilmente los resultados en Pensilvania y algunos otros estados dudosos. Como asunto aparte, cientos de miles de votos no pudieron ser OBSERVADOS ilegalmente».

Desde el entorno del presidente llegaba a los medios el rumor de que la Casa Blanca no piensa invitar a Joe Biden en los próximos días. Una suerte de tradición no escrita que han observado siempre los presidentes que cedían su cargo ante el triunfal aspirante. Como, en efecto, hizo Obama en 2016 con el propio Trump.

Mike Pence, por su lado, no aparecía por ningún lado, y en CNN comentaban que aspira a conservar intactas sus posibilidades de cara a optar a la presidencia en 2024. Algo difícil junto con un Trump que en los últimos días, a medida que decrecía su ventaja inicial, ha denunciado repetidamente una supuesta conspiración para robarle las elecciones, una suerte de golpe de Estado orquestado por los poderes ocultos, de los servicios secretos a los gobernadores demócratas.

Según Trump el sistema estaría esencialmente corrompido, con papeletas falsas y oficiales electorales comprados. Después de meses de pedir a sus votantes que acudieran a las urnas y no votaran por correo exclamó que «estábamos ganando en todos los lugares clave, y de pronto nuestros números empezaron a reducirse de forma milagrosa».

Biden, que anunciaba una comparecencia para la noche del sábado, había dicho el día anterior, desde su base de Wilmington, Delaware, que «la gente habló, más de 74 millones de estadounidenses». «Estamos demostrando una vez más lo que hemos demostrado durante 244 años en este país. La democracia funciona. Sus votos serán contados. No me importa lo mucho que alguna gente intente evitarlo, no permitiré que eso suceda».

Todo esto mientras trascendía que el jefe de prensa de Trump, Mark Meadows, había dado positivo por coronavirus. Poco después también era diagnosticado el congresista republicano por Florida Matt Gaetz, responsable entre otras cosas de haber ayudado a que la Casa Blanca cortarse su beca a EcoHealth Alliance, con base en Nueva york, y que colabora con numerosos laboratorios y científicos de todo el mundo, incluida la doctora Zheng-Li Shi, que hace 5 años descubrió y describió un virus muy similar y da la alerta. La pandemia entre tanto no descansa. El viernes EE.UU. batió otra vez el récord de contagios, más de 125.000, mientras el total de muertos es ya de 225.000 y el modelo de la Universidad de Washington proyecta 396.000 para el 21 de febrero.