Maduro, un respaldo popular en caída libre

El oficialismo obtuvo esta vez el 17% de los sufragios, cuando en 2013 Nicolás Maduro fue electo tras la muerte de Hugo Chávez, y en medio del fervor por el líder fallecido, con 44% de los sufragios

Ciudadanos asisten hoy a un centro de votación durante la jornada de elecciones legislativas, en Maracaibo, estado Zulia (Venezuela).
Ciudadanos asisten hoy a un centro de votación durante la jornada de elecciones legislativas, en Maracaibo, estado Zulia (Venezuela).Henry ChirinosEFE

Votaron 5 millones y medio de personas, y por el chavismo lo hicieron unos 3 millones y medio. El dato oficial, dado por el Consejo Nacional Electoral en su primer boletín, retrata la pérdida de capital político de Nicolás Maduro.

El evento electoral del 6 de diciembre, que el régimen venezolano afirma es para sustituir a la Asamblea Nacional que está en manos de la oposición a partir de 2021, estuvo caracterizado por las amenazas y los chantajes a los sectores más humildes, los más dependientes de las limosnas del poder. Pero no funcionó tanto como querían sus ejecutores.

En números, el oficialismo obtuvo esta vez el 17% de los sufragios, cuando en 2013 Nicolás Maduro fue electo luego de la muerte de Hugo Chávez, y en medio del fervor por el líder fallecido, con 44% de los sufragios. Un respaldo electoral en caída libre, que pudiera ser peor si se cuestionan los números dados por la autoridad electoral.

El número de sufragios contrasta con el número de familias receptoras de comida subsidiada a través de los CLAP, que la propaganda oficial ubica en 7 millones, o la cantidad de familias supuestamente beneficiadas por viviendas asignadas por el régimen: más de 3 millones; amén de la nómina pública que abarca a más de 6 millones de personas. Son todos esos grupos sociales los que recibieron mensajes convocándolos a participar, a los que les tocaron la puerta de las casas, a los que amenazaron con retirarles los “beneficios”.

Pero lo que entrega el poder ya no alcanza. Los recientes bonos de dinero en efectivo asignados mensualmente apenas equivalen a ente 1 y 2 dólares. Dejar de recibirlos no significa nada para muchos venezolanos.

Asimismo, desde hace un par de años se viene registrado cómo las cajas y bolsas de comida subsidiada van haciéndose cada vez menos robustas. La ONG Ciudadanía En Acción ha registrado cómo la cantidad de comida ha decrecido, algunos paquetes hasta llegan abiertos con menos cantidad y otros son reempaquetados, en un sistema que ya no garantiza su frecuencia.

En julio de 2020, por ejemplo, la caja CLAP pesó en promedio 7,8 kilos, una reducción de 11,2 kilos con respecto a los 19 kilos que pesaba cuando comenzó a ser repartida en 2016. Ese mes, además, llegó solo al 41% de los hogares registrados en el sistema, y con retraso de unos 40 días. De acuerdo con una medición constante que hace la encuestadora Datanálisis, el número de familias que dependen de este subsidio de alimentos disminuyó de 63% a 56% entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020.

Mariluz Benítez vive en El Cementerio, una zona popular de Caracas, y no fue a votar. “Me tocaron la puerta pero me hice la loca. Estaban intensos llamando a votar, que había que ir, pero yo los mareé diciéndoles que iría”, dijo a LA RAZÓN. Una de sus vecinas sí acudió: “yo no quise problemas, voté y les mandé el mensaje que pedían para anotar que participé”.

Para el 6D, los CLAP fueron incorporados a la Red de Articulación y Acción Sociopolítica (RAAS), una instancia controlada por el partido de gobierno que hace seguimiento al comportamiento en las comunidades.