El Senado bendice a Draghi

En su discurso de investidura, promete combatir las desigualdades generadas por la pandemia con un Gobierno reformista guiado por el europeísmo y el ecologismo. Este jueves se somete al voto de la Cámara de Diputados

Mario Draghi, durante su discurso
Mario Draghi, durante su discursoROBERTO MONALDO / POOLEFE

Hasta ahora, Mario Draghi había actuado solo como invitado. Todavía con el cartel de ex presidente del Banco Central Europeo (BCE), sin más roce con la política que el estrictamente necesario. Este miércoles le tocaba bajar al barro, a esa jaula de gritos, eslóganes y reproches que es el Parlamento. Su discurso de investidura en el Senado siempre estuvo por encima. Más que lanzar promesas o anunciar medidas estrella, se limitó a trazar un análisis de la situación. Fue una intervención fría, espesa por momentos. En su hoja de ruta dejó claro que sus ejes serán las reformas, una preocupación especial por el medio ambiente y la consonancia total con la Unión Europea.

Se animó, en primer lugar, a ponerle un tono emotivo. Dijo Draghi no haber sentido en su vida «una emoción mayor». Añadió que combatiría la pandemia «con todos los medios posibles» y agradeció a su predecesor, Giuseppe Conte, por «haber afrontado una emergencia sanitaria y económica como no se había visto desde la unidad de Italia». Empezaron los aplausos y el ruido desde los escaños. Pero a Draghi parecían molestarle los coros, quería limitarse al papel que tenía preparado y a lo que estaba por decir a sus señorías.

Lo calificó como «una nueva reconstrucción», como ocurrió «después de la Segunda Guerra Mundial». Cambiando Plan Marshall por los fondos de recuperación europeos, de los que Italia será el primer beneficiario con 209.000 millones de euros.

Serán la principal fuente de financiación, como reconoció el propio primer ministro italiano. Pero la UE exige contrapartidas, a través de una transformación de la economía, y Draghi está dispuesto a asumir el reto. Fue la parte más sustancial de su discurso. «¿Cuándo salgamos de la pandemia, qué mundo encontraremos?», se preguntó. Y añadió que «salir de la pandemia no será como encender la luz».

El cambio de paradigma se centra en dos elementos: el sistema productivo y el medio ambiente, que además van ligados. En cuanto a la ecología, Draghi citó al Papa Francisco, al afirmar que «hemos sido nosotros quienes hemos arruinado la obra del Señor». Le salió ahí su vena más democristiana. Prometió una economía verde, digitalización y una preocupación especial por la gestión de los recursos. «Queremos dejar un buen planeta, no sólo una buena moneda», fue una de las frases del día.

En lo referente al modelo productivo, entró en un terreno más arriesgado. El flamante primer ministro dijo que «hay modelos de crecimiento que deberán cambiar, algunos radicalmente». Y puso como ejemplo el turismo, que representa cerca de un 14% del PIB. Los trabajadores deben recibir ayudas, consideró, pero es un sector para el que pidió abandonar la cantidad y centrarse en la calidad. «Sería un error proteger indefinidamente todas las actividades económicas», sentenció, como buen economista.

Aunque esto no significa que la vía sea la austeridad, todo lo contrario. En su intervención, economía y emergencia sanitaria siempre fueron de la mano. Recordó los datos de la pandemia de coronavirus e inmediatamente después concluyó que sus primeras consecuencias habían sido un aumento de la pobreza, de la desigualdad y la disparidad de género. Prometió a la vez «todos los recursos necesarios» para la campaña de vacunación, más inversión en la sanidad de base, protección para los trabajadores que han perdido su empleo y recuperar las horas perdidas por los estudiantes. El dinero, una vez más, en Bruselas.

De esos fondos también deben salir la reforma de la Justicia que reclama la UE, la modernización de la Administración pública y una reforma del sistema tributario encaminada a «reducir la carga fiscal, preservando la progresividad». No entró, sin embargo, en detalles en estos aspectos, quizás los más ambiciosos que le esperan, en cuanto a la forma ni a los tiempos.

¿Un trampolín al Quirinal?

El cronómetro para Draghi ya ha empezado a correr, pues su legislatura solo puede durar un máximo de dos años, cuando se deberán convocar de nuevo elecciones. Eso si no termina antes, ya que algunos analistas consideran que podría aprovechar este ejercicio en el Gobierno para presentar el año próximo su candidatura a presidente de la República, coincidiendo con el final de mandato del actual inquilino del Quirinal, Sergio Mattarella.

La UE es tan vital en su objetivo que Draghi le juró lealtad eterna. «Sin Italia no hay Europa. Pero fuera de Europa, hay menos Italia», resumió el primer ministro, que recalcó que «apoyar este Gobierno significa compartir la irreversibilidad del euro». Pareció un recado para el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y, sobre todo, para la Liga, que han pasado del euroescepticismo a sostener al ex presidente del BCE.

Su mandato seguirá una vía «europeísta y atlantista, en línea con los ejes históricos de Italia: la Unión Europea, la Alianza Atlántica y Naciones Unidas». La elección de Joe Biden al otro lado del océano facilita que Italia se repliegue sobre sus aliados tradicionales, basándose en la senda del multilateralismo.

El primer ministro italiano condenó la «violación de derechos humanos en Rusia» y el «aumento de las tensiones en Asia entorno a China», al tiempo que prometió reforzar la posición estratégica con Alemania y Francia. Sobre España, solo hubo palabras para los asuntos de interés común, como la inmigración.

Draghi consiguió un efecto integrador al hablar ampliamente de la falta de oportunidades de los jóvenes y la brecha salarial de género. Se había anunciado como un discurso breve, pero finalmente duró 50 minutos, más de lo previsto. Todos los partidos, salvo los ultraderechistas Hermanos de Italia, emitieron reacciones positivas. «Hoy la unidad no es una opción, es un deber», aseveró el jefe de Gobierno antes de someterse al voto en el Parlamento. Ayer en el Senado y hoy en la Cámara de Diputados, podría obtener el mayor respaldo a un Gobierno la historia democrática italiana. En la Cámara Alta recibió anoche 262 votos a favor, 40 en contra y dos abstenciones.