¿Quién era Marie Colvin, la periodista asesinada hace nueve años en Siria?

La veterana reportera murió en un ataque planeado del régimen Al Asad

Marie Colvin
Marie Colvin

22 de febrero de 2012. La periodista del Suday Times Marie Colvin, de 56 años, reconocible por el parche que cubría su ojo izquierdo perdido en Sri Lanka, entró un centro de prensa discretamente instalado en un edificio en Homs, Siria. La acompañaban su fotógrafo, el británico Paul Conroy, la francesa Edith Bouvier, periodista freelance, y el fotógrafo francés Rémi Ochlik. Sabían que el lugar no es seguro y que tenían que salir de allí cuanto antes. Marie Colvin hizo una última conexión en directo para el canal CNN. No les dio tiempo a marcharse. A tres metros de la puerta principal, Marie Colvin y Rémi Ochlik fueron alcanzados por misiles. Ambos murieron en el acto. Edith Bouvier sufrió heridas en una pierna. Paul Conroy ya estaba en la calle en el momento de la explosión, resultó herido y fue evacuado al Líbano en una complicada operación que duró varios días.

Ese mismo día comenzó la lucha de la familia de la reportera por conocer la verdad. En abril de 2018, lograron la desclasificación de documentos que arrojaron algo de luz. Unos documentos que confirmaron lo que ellos ya denunciaban: que el presidente sirio, Bachar Al Asad, era responsable del asesinato. Los documentos exigidos por la jueza que lleva el caso en Nueva York incluían el interrogatorio de un ex oficial sirio, de nombre en código “Ulises”, que relata cómo, gracias a una fuente anónima, el ejército sirio localizó a los periodistas. “Marie Colvin era una perra, que vengan a buscarla ahora”, exclamó el general sirio que ordenó el ataque, antes de decretar una gran fiesta para celebrarlo.

Menos de un año después, un tribunal estadounidense ordenó a Siria pagar más de 300 millones de dólares a los familiares de la periodista, declarando culpable al régimen de Damasco de un ataque “intolerable” a los medios. Según la sentencia, los servicios militares y de inteligencia sirios habían detectado las señales satelitales emitidas por los periodistas y habían decidido bombardear su base con cohetes. “Siria coordinó y llevó a cabo un ataque cuidadosamente planeado”, dijo la jueza Amy Berman Jackson. Marie Colvin “fue atacada por su profesión, para silenciar a quienes informaban sobre el auge de los movimientos de oposición en el país”, agregó.

Así se desmontaba la posición del régimen sirio. El propio presidente Bachar Al Asad llegó a decir en una entrevista que la reportera era la responsable de su muerte porque “entró ilegalmente a Siria, trabajó con los terroristas (tal y como llama a los rebeldes) y por lo tanto es responsable de todo lo que ocurrió”.

Treinta años de carrera

La periodista estadounidense había esquivado a la muerte en varias ocasiones durante su trabajo como reportera de guerra, como lo demostraba el parche que llevaba en el ojo tras resultar herida en Sri Lanka.

Nacida en Estados Unidos pero afincada en Londres, había cubierto en sus treinta años de carrera algunos de los conflictos más sangrientos, desde Chechenia a Sierra Leona, y las revoluciones de la Primavera Árabe en Túnez, Egipto. y Libia.

La estadounidense comenzó su carrera en 1984 en París como jefa de personal de la agencia de noticias United Press International, antes de unirse a The Sunday Times como corresponsal de Oriente Medio en 1986.

Era una apasionada de su trabajo, al que se entregaba más allá de los límites de la prudencia. Mostraba una especial empatía hacia las mujeres y los niños víctimas de las guerras. Su valentía fue recompensada a menudo: recibió el premio de la prensa británica a la “Mejor corresponsal extranjera” por sus reportajes en Yugoslavia, Irán, Sri Lanka y Zimbabue. Y también el premio al “Valor en el periodismo” que otorga la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios.

Su historia fue retratada en 2018 en la película “La Corresponsal” (A Private War) protagonizada por Rosamund Pike. También se publicó ese año una biografía, In Extremis, y un documental, Under the Wire.

Excepcional en casi todo lo que hizo, vio más violencia y brutalidad que la mayoría de los soldados y lograba, con un estilo muy personal, que sus reportajes tuvieron un gran impacto. Ella creía firmemente en el poder del periodismo para cambiar las cosas. Sin embargo, pagó un precio personal enorme por su trabajo, lidiando con el alcoholismo y el trastorno de estrés postraumático, y su vida personal fue tan tormentosa como exitosa su vida profesional.