El descontento eleva la represión ante el retiro de Raúl Castro

Arranca el Congreso del Partido Comunista en el que se espera que el régimen escenifique la jubilación política del dictador

Una mujer camina hoy frente a una valla que promociona el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba
Una mujer camina hoy frente a una valla que promociona el VIII Congreso del Partido Comunista de CubaErnesto MastrascusaEFE

El descontento se multiplica en Cuba. Y al contrario de lo que ha sido habitual durante décadas de comunismo en la isla, esta vez los habitualmente implacables servicios de seguridad del régimen no se muestran capaces de controlarlo. Esta semana estuvo trufada de muestras de rechazo al Gobierno; la más insólita, la rebelión vecinal en la Habana Vieja que impidió a la Policía detener al rapero Maykel Osorbo, uno de los integrantes del disidente Movimiento San Isidro, que con sus acciones de protesta se ha convertido en el principal enemigo de las autoridades.

El vídeo de lo ocurrido corrió por internet y muestra a decenas de personas que se interponen entre los agentes y Osorbo, hasta que este logra escapar del lugar en una bicicleta que alguien le presta. La imagen posterior de Osorbo desafiante, alzando el puño del que cuelga uno de los grilletes que los policías acertaron a ponerle en el forcejeo mientras sus seguidores corean insultos contra el presidente Miguel Díaz-Canel, podría convertirse en el símbolo de la rebeldía en ciernes en sectores juveniles y populares de la sociedad cubana.

Osorbo comentó con LA RAZÓN el episodio: “El pueblo salió a defenderme porque yo soy parte de ese pueblo marginal y necesitado que va a tumbar este régimen”. El artista es uno de los músicos que ha tomado parte en la canción “Patria y vida”, una crítica corrosiva a la propaganda comunista y a sesenta años de opresión en Cuba que acumula ya más de 4 millones de visionados en Youtube y parece haber puesto de los nervios a los jerarcas castristas.

No ha sido la única queja en los últimos días. Mientras Osorbo y sus vecinos le plantaban cara a la Policía en La Habana, en Santiago de Cuba, al otro extremo de la isla, la opositora Unión Patriótica de Cuba iniciaba una huelga de hambre a la que, según sus promotores, se han sumado ya medio centenar de personas. Poco después, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, fundador del Movimiento San Isidro, era detenido mientras repartía dulces a los niños de su barrio acusado de participar en un “acto subversivo”.

El Observatorio Cubano de Conflictos detectó que las protestas se triplicaron en el último trimestre de 2020 y los acontecimientos de los últimos días muestran que la tendencia no se ha revertido en 2021. La reacción del Gobierno, que ha multiplicado los ataques a los disidentes desde sus medios de propaganda y ha impulsado un fallido contragolpe musical contra el éxito de “Patria y vida” desempolvando en Twitter viejos temas de Silvio Rodríguez, indica que la nomenclatura acusa el golpe. La disidencia, tanto tiempo amordazada, no está dispuesta a dejar pasar la oportunidad de agitar el tablero y Osorbo afirma no tener miedo al aparato represivo.

Y es que el goteo de protestas llega en un momento crítico para el castrismo, a pocos días de que arranque el Congreso del Partido Comunista Cubano en el que se espera que Raúl Castro abandone la Secretaría General, el último cargo político que conserva y desde el que ha tutelado durante los últimos años la labor de su sucesor, el gris burócrata Díaz-Canel, que se enfrentará ahora al reto de pilotar una “revolución” oxidada sin el apoyo ni el carisma de la generación de ancianos guerrilleros que lideraron la insurrección armada que la llevó al poder.

La largamente planeada sustitución de la llamada “generación histórica” por la nueva hornada de funcionarios comunistas de bajo perfil que representa Díaz-Canel se ha visto sacudida por los acontecimientos.

La desaparición del turismo debido a la pandemia de covid-19 dejó sin su principal fuente de ingresos a una economía lastrada por décadas de corrupción, ineficiencia y absurdas trabas a la iniciativa privada. Las principales ciudades del país se llenaron de colas de gente en busca de artículos de primera necesidad y el deterioro de la situación obligó al Gobierno a acelerar reformas que llevaba años postergando.

El pasado diciembre se anunció una reforma monetaria, que se vio acompañada poco después de otras medidas liberalizadoras. La mayoría de expertos llevaba años reclamándolas como imprescindibles, pero advirtieron de que el necesario ajuste provocaría en primera instancia el cierre de muchas empresas estatales ineficientes y dispararía la inflación. Así ha sido y eso ha colmado el vaso de la paciencia de muchos cubanos, especialmente de los más jóvenes, a los que las viejas proclamas propagandísticas no les dicen nada y están cada vez más ávidos de cambio y prosperidad.

Los órganos de prensa oficial descalifican a los integrantes del Movimiento San Isidro como cómplices de Estados Unidos y de la “mafia de Miami”, pero seguramente tanto Díaz-Canel como Castro saben que las raíces de la contestación son más complejas y esta vez quizá no sea viable encarcelar a todo el que alce la voz. Osorbo lo tiene claro: “Este año es crucial para la libertad de Cuba y vamos a convocar a la gente a la calle cuando sea necesario”. Si de él depende, el sueño de los Castro de dejarlo todo atado y bien atado no se cumplirá.