Pedro Castillo, el maestro y sindicalista del Perú profundo al que las élites aborrecen

Este profesor de primaria recién llegado a la política derrota al fujimorismo, pero nadie sabe si actuará como un izquierdista pragmático o radical

El candidato peruano Pedro Castillo
El candidato peruano Pedro CastilloALESSANDRO CINQUEREUTERS

Todo es misterio en torno a la figura de Pedro Castillo, el candidato izquierdista que está a punto de alcanzar la presidencia de Perú tras un reñidísimo recuento con su rival Keiko Fujimori. Misterio por la velocidad en que ha conquistado la presidencia viniendo de la nada y enigma porque nadie sabe exactamente qué quiere para su país. Castillo es un profesor rural, sindicalista, un político recién llegado a la política sin una estructura sólida detrás pero que ha sabido aprovechar la oportunidad que nadie esperaba y hacerse con las riendas de Perú, la quinta economía de América Latina, un país sumido en una crisis política constante que ha visto pasar a cinco presidentes en menos de cuatro años.

Miembro de las rondas campesinas peruanas durante su juventud (organizaciones del campo creadas en los años setenta para evitar el robo de ganado) Castillo, de 51 años y nacido Tacabamba, en la norteña región de Cajamarca, es el único de nueve hermanos que ha estudiado en la universidad y tiene un master en Psicología Educativa.

Era apenas un candidato desconocido cuando se celebró la primera vuelta de las elecciones en abril de este año. De hecho, su nombre aparecía en la casilla de “otros”. Así que la pregunta parece inevitable. ¿Cómo ha llegado a convertirse en el próximo presidente de Perú? Ataviado con un característico sombrero de paja, el único intento en política antes de presentarse a las presidenciales fue su postulación para la alcaldía de Anguía, en Chota, por el partido Perú Posible.

Pero el momento decisivo en la carrera de Castillo llegó con la huelga de educación en 2017 durante el gobierno del conservador Pedro Pablo Kuczynski. El protagonismo que alcanzó entonces marcaría un punto de inflexión en su vida. Al frente de Conare-Sutep, peleó por la derogación de la Ley de Reforma Magisterial y contra la privatización de las escuelas públicas. El radicalismo de esta facción sindicalista fue utilizado por el entonces ministro del Interior, Carlos Basombrío, quien denunció que Conare tenía vínculos estrechos con Movadef, un movimiento que pide la amnistía Abimael Guzmán, el fundador de Sendero Luminoso.

Tras la huelga educativa Castillo pasó a un tercer plano de la actualidad y no fue hasta la primera vuelta de las elecciones este año cuando su nombre repentinamente comenzó a subir en las encuestas a falta de dos semanas para los comicios. En 2020, Castillo había tomado el relevo en el partido de Perú Libre Vladimir Cerrón, “un izquierdista marxista-leninista” que apoya al régimen de Nicolás Maduro y que quedó inhabilitado como gobernador de la región de Junín tras una condena por corrupción. Este partido no tenía una estructura fuerte a nivel nacional, pero no resultó un obstáculo para que el nombre de Castillo siguiera subiendo en los sondeos.

Algunos analistas sostienen que el detonante que marcó la subida de Castillo entre los votantes fue la campaña que lanzó para denunciar persecución política en su contra después de ser arrestado por incumplir el distanciamiento social en una reunión con sus simpatizantes. Castillo se lanzó al ruedo visitando pueblos y localidades en una campaña de corte tradicional que le acercó a la gente. Su lema tocó la fibra sensible de muchos peruanos: “¡Nunca más un pobre en un país rico!”.

Llegado el momento de la elección en abril, logró un 15,38% de los votos. El mapa de la votación dejó claro que sus apoyos más sólidos estaban en el sur y el centro del país y que en Lima, la capital, apenas había obtenido el 6,7% y un 4,6% en el extranjero.

¿Cuáles son las propuestas que ha defendido?

Como Evo Morales en Bolivia, Castillo representa los intereses del pueblo más pobre del país, donde las élites miran con evidentes rechazo la figura emergente del presidente electo. Castillo ha defendido durante la campaña la convocatoria de una asamblea constituyente para elaborar una nueva Carta Magna que le dé al Estado un papel activo como regulador del mercado. En el ámbito económico ha propuesto limitar las importaciones de productos, una nueva reforma agraria, aumentar hasta el 10% del PBI el presupuesto destinado a sanidad y una cantidad parecida para educación. Su partido ha planteado una “economía popular con mercados” y la nacionalización de sectores estratégicos como el petrolero y el minero. Aunque no está en contra de la actividad privada, dice que siempre debe traducirse en “beneficio de la mayoría de los peruanos”.

El periodista Luis Felipe Gamarra cuenta a LA RAZÓN que Castillo desconoce el funcionamiento de las instituciones y que nadie sabe realmente cuál será el rumbo que adopte su gobierno. “Podría ser marxista, pero eso no lo hace terrorista como le han endilgado sus críticos. Podría ser comunista, pero no podría imponer un gobierno autoritario en un país en el que más de la mitad de peruanos han votado por Fujimori, y que tiene una élite de políticos y empresarios a favor del actual modelo. Podría ser un gobierno moderado, como el de Ollanta Humala, con énfasis en querer ofrecer más ayuda o crédito a familias pobres, para que el desarrollo también los alcance”.

En el ámbito social Pedro Castillo ofrece un perfil más conservador y se ha mostrado en contra de políticas sociales como el aborto o el matrimonio homosexual. Es también conservador en temas como la lucha contra la inseguridad y apoya la política de mano dura para mantener el orden público. “Castillo representa una izquierda muy conservadora en lo social”, asegura a este periódico el analista político Jeffrey Radzinsky, director de Grupo Fides Perú. “Habla de los valores de la familia, está en contra del matrimonio homosexual y es machista, con lo cual sintoniza con una sociedad conservadora como la peruana. No es casual que tenga más votos masculinos que femeninos”. Lo dicho, un misterio.