Hasler Iglesias, el opositor español que se esconde de la policía de Maduro: “Vienen a por mí”

Miembro del partido político Voluntad Popular, sobre él pesa una orden de captura tras ser vinculado a bandas armadas de Caracas

El opositor venezolano Hasler Iglesias
El opositor venezolano Hasler IglesiasLa RazónLa Razón

“Temo por mi vida y también por la de mi mamá, que tiene 76 años y con la que vivo desde que murió mi papá. Vienen a por mí”. Es el testimonio del opositor venezolano Hasler Iglesias, de 29 años, que está incluido en la lista negra del gobierno de Nicolás Maduro de opositores incómodos. Desde hace unos días, vive escondido en algún lugar del país para no ser arrestado tras la orden de detención dictada por el presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez, quien le vinculó con los tiroteos ocurridos hace unos días en varias barriadas de Caracas.

Rodríguez también citó en su discurso por radio y televisión a otros opositores -todos ellos del partido Voluntad Popular, fundado por Leopoldo López- como Emilio Graterón, Gilber Caro, Luis Somaza, y Freddy Guevara. Guevara fue detenido por la policía bolivariana del Sebin y actualmente se encuentra en la cárcel del Helicoide.

Iglesias, coordinador nacional de juventudes de Voluntad Popular, tiene la nacionalidad española desde los cinco años. En una conversación con LA RAZÓN explica su relación con nuestro país: “Mi padre era gallego. Fue asesinado en un intento de robo hace 19 años. Llegó a Venezuela con 15 años, en el año 53. Se vino toda la familia, con mis dos abuelos y todos los hermanos. Mi papá nunca volvió a España, me decía que quería ir conmigo y enseñarme Pontevedra”.

No es nuevo en la lucha política contra el gobierno de Maduro. Hasler participó en las protestas como dirigente estudiantil en 2014 y también en las manifestaciones antigubernamentales de 2017. “Han logrado generar temor en los venezolanos, a pesar de eso creo que hay mucha valentía en muchas comunidades que sin respaldo político ni atención de los medios de comunicación son capaces de protestar por lo más básico. No piden democracia o libertad sino agua, gas, luz y comida. Esas protestas están por todos lados en el país y también son perseguidas por el Gobierno”. Iglesias entona aquí el mea culpa como miembro activo de la oposición política porque “no hemos logrado cuajar el respaldo de la gente para las manifestaciones multitudinarias como las vividas hace cuatro años”.

Hasta ahora no tiene un documento formal en el que se le impute delito alguno, pero sabe que no es necesaria una denuncia oficial para que sea detenido. “A Freddy Guevara es al único que han encausado con cargos de terrorismo, traición a la patria y asociación para delinquir, que son los cargos que le ponen a todos los presos políticos”.

Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, mostró como pruebas para acusar a Hasler una serie de capturas de Whatsapp en las que conversaba con el líder opositor Leopoldo López sobre la organización de protestas: “Yo no he negado que organizamos protestas pacíficas, pero no tienen nada que ver con el uso de armas ni con protestas violentas. Ellos lo venden como si estuviéramos apoyando organizaciones irregulares dedicadas al secuestro y la extorsión”.

Iglesias explica que en Caracas operan numerosas bandas criminales que fueron apoyadas en el pasado por el propio gobierno de Maduro: “Hace años el gobierno creó zonas de paz para intentar acabar con la violencia callejera. En esas zonas de paz la policía no entraba y estaban controladas por las bandas criminales, a las que el Gobierno había armado y que actuaban muy al estilo de lo que era Pablo Escobar en Colombia, pagando escuelas y hospitales para ganarse la simpatía de los vecinos. Con el tiempo, al Gobierno se les fue de las manos y ahora están enfrentados a ellas”. El Gobierno acusa a Iglesias y al resto de miembros de Voluntad Popular citados de vínculos con la banda armada que se enfrentó a la policía en la zona de Caracas conocida como Cota 905.

Iglesias ya fue blanco del régimen en el pasado, cuando fue retenido en el aeropuerto de Caracas. “Me sacaron en una camioneta de la policía, rodeado de militares; me llevaron al hospital público y me hicieron una placa de torax. Decían que había tragado cápsulas de droga. Gracias a dios, en ese trayecto un dirigente político vio que me llevaban y se activaron los apoyos. Mi temor era que la placa fuera cambiada para acusarme de narcotráfico, pero por la presión que hubo me liberaron”.

Embajada española en Caracas

Espera salir de Venezuela sea como sea. “Venezuela no tiene un sistema judicial confiable. La justicia sigue instrucciones del Ejecutivo, no tiene sentido entregarse en estas condiciones”. Por su condición de español, se ha puesto en contacto con la embajada española en Caracas: “He hablado con la embajada y el consulado y han sido muy francos. Las misiones diplomáticas están limitadas y es poco lo que pueden hacer en un caso así. Pero están al tanto y haciendo un seguimiento”.

Preguntado el motivo por el que todos los señalados por el Gobierno son miembros del partido Voluntad Popular, Iglesias explica que esta formación política, inhabilitada por el Gobierno para concurrir a las elecciones regionales de noviembre, “ha puesto su objetivo en la libertad de Venezuela sin más; otros partidos además de la libertad quieren tener cuotas de poder dentro de este sistema. Somos un partido muy incómodo, con muchas interlocutores afuera, tanto en EEUU como en la Unión Europea y usamos nuestra posición para salir de este sistema totalitario, no para beneficiarnos”.

El objetivo de estas órdenes de captura contra opositores es, a su juicio, “obtener disidentes como monedas de cambio para luego utilizarlo en la negociación política con Guaidó. Lo han hecho otras veces en el pasado”. Iglesias defiende la necesidad de ese proceso de diálogo, aunque otros muchos intentos en el pasado fracasaron: “El régimen ha demostrado poder vivir con las sanciones; la negociación es lo menos traumático y lo que puede generar más estabilidad a largo plazo. Merece la pena intentarlo”.