La farsa electoral de Nicaragua

El 69% de la población cree que Ortega hace poco o nada por el país

La última encuesta publicada por la agencia de investigación Gallup, revela que el 69% de los nicaragüenses consideran que Ortega hace «poco o nada» por el país
La última encuesta publicada por la agencia de investigación Gallup, revela que el 69% de los nicaragüenses consideran que Ortega hace «poco o nada» por el país FOTO: STRINGER REUTERS

Una nueva farsa electoral se aproxima en Nicaragua. En apenas tres semanas, los nicaragüenses están llamados a ir a las urnas, no para elegir a un presidente, sino para convalidar una elección fraudulenta, cargada de irregularidad y, sobre todo, amañada desde el principio por los presos políticos y exiliados que el sandinismo ha provocado desde hace tres meses.

El ambiente electoral en Nicaragua está marcado por la persecución, la amenaza y el insulto. No hay una justicia independiente que le permita a los diversos candidatos, que hasta hace poco aspiraban a medirse en contra del autócrata Daniel Ortega y de su controvertida esposa Rosario Murillo, a pretender cumplir con la necesaria alternabilidad de cualquier democracia.

La última encuesta publicada por la agencia de investigación Gallup, revela que el 69% de los nicaragüenses consideran que Ortega hace «poco o nada» por el país. Al mismo tiempo, el mismo estudio devela que el 65% votaría por otro candidato distinto al actual presidente. Tales números explican la andanada autoritaria del populista de izquierda y de su esposa para evitar salir del poder.

Por su parte, lo cierto es que uno de los grandes males del país centroamericano ha sido el acomodo de importantes grupos empresariales y de medios de comunicación a favor del régimen a lo largo de estos 14 años. Tanto Ortega como alguno de esos empresarios se han beneficiado de una relación conveniente: «Él manda y nosotros ganamos dinero a cambio del silencio». La fórmula ha sido devastadora. Ortega los ha utilizado, la oposición, prácticamente, ha desaparecido, y el pueblo de Nicaragua se encuentra a las puertas de un nueva trampa que atornillará aún más a una pareja presidencial que parece lejos de abandonar el poder.