Erdogan, el mediador privilegiado en la guerra de Ucrania

Sus buenas relaciones con Kiev y Moscú convierten a Turquía en un interlocutor neutral en las negociaciones

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se dirige a las delegaciones rusa y ucraniana
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se dirige a las delegaciones rusa y ucraniana AP

Turquía está aprovechando su situación geopolítica excepcional para erigirse como mediador principal del conflicto iniciado tras la invasión rusa de Ucrania. El país mediterráneo, a medio camino entre Europa y Oriente Medio, procuró mantener una cuidada neutralidad desde el inicio de la guerra. El presidente Recep Tayip Erdogan, que mantiene un calculado equilibrio entre su fluida relación con el presidente ruso y la membresía de Turquía a la OTAN, ya impulsó una primera negociación de los ministros de Exteriores ruso y ucraniano en Anatolia, y posteriormente envió a su emisario, Mevlüt Çavusoglu, a Kiev y Moscú.

Turquía tiene especial interés en calmar la situación. Desde que estalló el conflicto, trató de mantener buenas relaciones con ambos países enfrentados, con quienes comparte la costa del mar Negro. Ankara ha sido un tradicional aliado de Kyiv, e incluso aportó drones militares que han sido efectivamente utilizados por su ejército durante el conflicto. Por otro lado, pretende preservar los buenos lazos con Moscú, su principal fuente de suministro de gas, importación de granos y un valioso aporte de turistas para su economía interna.

Ankara también estaría trabajando conjuntamente con Francia y Grecia para garantizar un corredor humanitario para evacuar la ciudad portuaria de Mariupol, duramente castigada por los bombardeos indiscriminados rusos.

En el encuentro de líderes de la OTAN celebrado en Bruselas la semana pasada, Erdogan apeló a Putin a que “busque mecanismos para terminar este asunto, y que se convierta en un arquitecto de la paz diseñando una salida honorable” del territorio ocupado. A su vez, el presidente turco avanzó la supuesta voluntad de Zelenski de renunciar al ingreso de Ucrania en la Alianza Atlántica, así como su predisposición de aceptar el ruso como lengua oficial del país.

Turquía, que ante las sanciones impuestas por Occidente sobre Rusia aclaró que solo estaría dispuesta a cumplir con castigos económicos acordados por la ONU, abrió sus puertas a las fortunas de oligarcas rusos. Además de dos lujosos yates del billonario Roman Abramovich amarrados en puertos turcos, Estambul se convirtió en destino preferencial para rusos que huyen de su país.

Sin mencionar directamente a las fortunas rusas, Erdogan señaló que “mantendremos las puertas abiertas a grupos inversores que quieran invertir su potencial en Turquía”. Al parecer, Putin habría prometido al líder turco que animaría a sus ciudadanos a viajar al país mediterráneo.

“Compramos la mitad de nuestro gas a Rusia”, aseveró el presidente turco, alegando que jamás permitiría que sus compatriotas sufran por el frío o que se detenga la actividad industrial del país, dependiente de las exportaciones energéticas rusas.

Ante la creciente percepción de un multipolarismo en el tablero internacional y la pérdida de influencia de Occidente, Erdogan pretende sacar tajada. En el pasado, ya cooperó con Rusia en otras zonas de guerra como Siria, Libia o Nagorno-Karabaj. Galip Dalay, experto en política turca, opinó en la CNN que “Turquía es quien más rédito puede sacar de este conflicto. La guerra está cambiando el balance de poder en el mar Negro, y es actualmente el mayor socio comercial de Rusia en Oriente Medio y el norte de África”.