Historia

Finlandia, el pequeño país que estuvo en guerra contra la URSS y se salvó de desaparecer

La Unión Soviética atacó el país escandinavo en 1939 y obtuvo una difícil victoria, quedándose con el 10% de su territorio, pero tuvo que respetar su independencia

Soldados finlandeses cruzando la línea del ferrocarril a Múrmansk en 1941.
Soldados finlandeses cruzando la línea del ferrocarril a Múrmansk en 1941. FOTO: Tauno Norjavirta/SA-kuva - http://sa-kuva.fi/

La imagen que tenemos la mayoría de Finlandia es la de un país idílico, con hermosos paisajes, una naturaleza exuberante, gran calidad de vida, auroras boreales, alces... Sin embargo, los finlandeses viven siempre con la alargada sombra que proyecta su gigantesco vecino ruso, que con un simple soplido podría echarlo todo abajo.

Y es que no debemos olvidar que Finlandia fue desde inicios del siglo XIX parte de la Rusia zarista como Ducado de Finlandia y ya antes parte de su territorio estuvo integrado en la República de Novgorod, de tal modo que, de un modo u otro, siempre han estado aplastado, de un modo u otro, por tan poderoso vecino.

El país vio por fin el momento de ser independiente en 1917 cuando, el 6 de diciembre, poco después de la Revolución Bolchevique en Rusia, declaró su independencia. Y en esas que llegó la Segunda Guerra Mundial, un periodo en el que Finlandia libró tres guerras: la llamada guerra de Invierno (1939-1940), la guerra de Continuación (1941-1944) y la guerra de Laponia (1944-1945). Las dos primeras fueron contra la URSS y la tercera contra la Alemania nazi.

Lo más llamativo es que el pequeño e incipiente país, apenas poblado, se enfrentó a la todapoderosa URSS... y no salió derrotado. Todo empezó cuando la Unión Soviética atacó Finlandia el 30 de noviembre de 1939, tres meses después del inicio de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto comenzó después de que los soviéticos buscaran obtener territorio finlandés, exigiendo entre otras concesiones que Finlandia cediera territorios fronterizos sustanciales a cambio de tierras en otros lugares, alegando razones de seguridad, principalmente la protección de Leningrado, a 32 kilómetros de la frontera finlandesa. Finlandia se negó, por lo que la Unión Soviética invadió el país.

Finlandia repelió los ataques soviéticos durante más de dos meses e infligió pérdidas sustanciales a los invasores, mientras que las temperaturas se desplomaron hasta los -43 °C. Después de que el ejército soviético se reorganizase y adoptara diferentes tácticas, renovaron su ofensiva en febrero y vencieron finalmente, y no sin esfuerzo, las defensas finlandesas. Las hostilidades cesaron en marzo de 1940 con la firma del Tratado de Paz de Moscú.

Finlandia no se puede decir que saliera vencedora, pues tuvo que ceder el 11% de su territorio, que representaba el 30% de su economía, a la Unión Soviética. Las pérdidas soviéticas fueron grandes y la reputación internacional del país se vio mermada. Las ganancias soviéticas excedieron sus demandas de antes de la guerra y recibió un territorio sustancial a lo largo del lago Ládoga y en el norte de Finlandia.

Sin embargo, Finlandia conservó su soberanía, que mantiene hasta la fecha, y mejoró indudablemente su reputación internacional. El pobre desempeño del Ejército Rojo alentó a Adolf Hitler a pensar que un ataque contra la Unión Soviética sería exitoso y confirmó las opiniones negativas de Occidente sobre el ejército soviético. Después de 15 meses de paz provisional, en junio de 1941, la Alemania nazi comenzó la Operación Barbarroja y comenzó la Guerra de Continuación entre Finlandia y la Unión Soviética.

Poco después estallaba la segunda guerra entre ambos países, la denominada Guerra de Continuación, entre el 25 de junio de 1941 al 19 de septiembre de 1944. En esta guerra Finlandia actuó como aliada de la Alemania nazi, por lo que las hostilidades se iniciaron de forma paralela a la invasión alemana a la Unión Soviética.

En Finlandia la guerra recibió su nombre con el fin de dejar claro su carácter de continuación de la Guerra de Invierno de 1939, lo que explica por qué tradicionalmente esta guerra ha sido vista como un enfrentamiento separado de la Segunda Guerra Mundial, aun cuando varias operaciones fueron ejecutadas en el marco del conflicto en cuestión.

Cuando Alemania invadió a la Unión Soviética, Finlandia lanzó su ofensiva, y en el corto plazo logró recuperar los territorios perdidos en la anterior Guerra de Invierno, tales como el istmo de Carelia y las orillas del lago Ládoga, e incluso más, invadiendo la región rusa de Karelia Oriental, avanzando tan solo a treinta kilómetros de la ciudad de Leningrado.

Sin embargo, poco a poco el frente se estabilizó y la situación se mantuvo en una relativa estabilidad por unos años, hasta junio de 1944, cuando se ejecutó la Cuarta Ofensiva Soviética, logrando el Ejército Rojo expulsar a los finlandeses de la mayoría de los territorios que habían ocupado durante la guerra. La ofensiva, sin embargo, logró ser contenida en agosto.

Las hostilidades entre Finlandia y la Unión Soviética terminaron con un alto el fuego formalizado por la firma del Armisticio de Moscú, el 19 de septiembre de 1944. Una de las condiciones más importantes de este acuerdo fue el término de la alianza de Finlandia con Alemania, lo que supuso la expulsión o desarme de cualquier tropa alemana en territorio finlandés.

Tras la firma de Tratado de París en 1947, los anteriores bordes de Finlandia fueron restaurados. Además, Finlandia se vio obligada a ceder el municipio de Petsamo y el arrendamiento de la Península de Porkkala a la URSS. Además, se exigió el pago a Finlandia 300 millones de dólares en reparaciones de guerra.

Relaciones tras la IIGM

El presidente finlandés Urho Kekkonen, en el cargo entre 1956 y 1982, se centró en mantener relaciones amistosas y estrechas con Moscú para preservar la independencia evitando el conflicto, una táctica conocida como finlandización.

El final de la Guerra Fría permitió a Finlandia salir de la sombra de Rusia y adherirse a la Unión Europea en 1995, así como a la eurozona en 1999. Su integración en la UE y la firma de su cláusula de defensa mutua significó que Finlandia cambiaba de la neutralidad a la no alineación militar, pero Finlandia optó por permanecer fuera de la alianza de defensa occidental OTAN .

Hasta 2020, solo alrededor del 20% de los finlandeses querían que Finlandia se uniera a la OTAN en las encuestas, y la mayoría de la gente creía que la paz se mantenía mejor manteniendo relaciones amistosas y vínculos económicos con Rusia. La invasión de Rusia a Ucrania cambió el sentido entre los finlandeses, con alrededor del 76% de la gente a favor de unirse a la OTAN y solo el 12% en contra.

¿Y ahora qué?

¿Podría desatarse de nuevo una guerra entre ambos países? Aunque hace apenas unos meses nadie hubiera apostado por ello, ahora las espadas están en alto y nada se puede descartar. La principal diferencia es que si finalmente Finlandia entra en la OTAN, cualquier ataque de Putin contra su vecino escandinavo tendría la respuesta militar de toda la Alianza Atlántica, desatanco, probablemente, una guerra a escala mundial.