Ucrania

Armagedón ecológico de Jersón: «La inundación ha devuelto los cuerpos enterrados»

Las aguas tóxicas arrastradas por la presa de Kajovka amenazan con alcanzar Odesa y provocar enfermedades entre la población

“La destrucción de la presa de Nova Kajovka es un ecocidio, una monstruosidad cuyas consecuencias para la gente de la región solo estamos empezando a comprender ahora. Este Armagedón es un desastre que tardará años en ser solventado, si es que algún día puede serlo porque hasta que el embalse, todavía en manos rusas, sea reconstruido las aguas no remitirán completamente”, explica Constantin, uno de los voluntarios ucranianos que, desde hace una semana, se desvive para rescatar y evacuar a las personas atrapadas por las inundaciones en la ciudad y la región de Jersón.

“En el centro de ayuda donde nos encontramos”, en realidad una escuela reconvertida en alojamiento de emergencia situada en el centro de la capital, “viven más de 100 personas, la mayoría de ellas ancianos y niños, que lo han perdido todo. Desde sus pertenencias hasta sus animales y granjas. En la ciudad hay muchos centros como este, y esperamos que los evacuados sigan viniendo”, añade, bajando los ojos enrojecidos y ojerosos. No obstante, “el mayor peligro está por llegar porque el agua estancada y contaminada puede provocar muchas enfermedades”.

El líquido de la vida del sur de Ucrania se ha convertido en un potencial peligro para “las más de 700.000 personas que dependían del suministro de la presa”, según informa la doctora Teresa Zakaria, directora técnica del programa de emergencias sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “El alcance exacto del impacto a la salud aún está por verse porque la corriente sigue bajando río abajo”, añade.

Sin embargo, para Olena, otra de las voluntarias rescatando a los que se han quedado atrapados por la subida del río, el desastre sanitario solo es cuestión de tiempo. “La inundación ha devuelto de la tierra los cuerpos enterrados en los cementerios de los pueblos. Y a esto hay que sumarle el número de animales muertos, sobre todo mascotas y ganado, así como el de la gente que se ha ahogado, cuya cifra real todavía desconocemos, por lo que pronto tendremos entre manos una gravísima crisis sanitaria”.

Construida por la Unión Soviética y puesta en marcha a finales de los años 50 del siglo pasado, Nova Kajovka es el último embalse antes de que el caudaloso río Dniéper llegue a la desembocadura del Mar Negro. Muchos de los pueblos y aldeas situadas a lo largo de los 60 kilómetros de ribera que la separan de la ciudad de Jersón, ahora en parte inundada, han desaparecido bajo las aguas que, aunque empiezan a remitir, todavía alcanzan los más de tres metros en las zonas más anegadas. “No esperamos que el nivel baje en todas partes porque el agua no tiene a donde ir”, concluye Olena.

Los 18 kilómetros cúbicos de agua que la presa contenía “han afectado a un total de 80 poblaciones”, según el Gobierno de Kyiv, tanto en el lado ucraniano, situado en el margen izquierdo del río, como en las zonas controladas por las fuerzas de ocupación rusas. Asimismo, cifran en más de 40.000 los afectados directos por las inundaciones, 25.000 de los cuales residen en la zona bajo influencia del Kremlin.

Las enfermedades transmitidas por el agua contaminada incluyen la diarrea y la disentería, cuyas consecuencias son especialmente graves entre los menores, los cuales son más vulnerables ante la desnutrición que provocan. Asimismo, el agua pútrida puede transmitir la enfermedad del cólera, que es una infección bacteriana aguda del intestino que provoca numerosos episodios de vómitos intensos, deshidratación aguda y hasta la muerte.

“Aunque no se han reportado casos de cólera en Ucrania desde que comenzó la guerra en 2022, las muestras ambientales muestran que los patógenos aún existen en la región”, asegura la doctora Zakaria, donde las aguas infectadas del río pueden constituir “un grave riesgo para la salud humana”.

Por otra parte, también se pueden dar casos de esquistosomiasis, una anomalía causada por parásitos que penetran en la piel de las personas que se están lavando o bañando en fuentes de agua contaminada, y que afectan el hígado, los intestinos, los pulmones y la vejiga, entre otros órganos.

Además, con la llegada del verano y el calor, el aumento descontrolado de las poblaciones de mosquitos también puede provocar casos de paludismo, el cual se transmite a través de ciertos tipos de mosquitos que habitan en zonas de aguas estancadas, o en lugares donde esta no goza de suficiente calidad. “El impacto en el suministro de agua potable, los sistemas de saneamiento y los servicios de salud pública no se puede subestimar”, aseguró el pasado jueves el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.

Otra de las grandes amenazas son los muchos vertidos tóxicos que ahora están flotando en el río, como “las 150 toneladas de petróleo que se han vertido en el Dniéper, con el riesgo añadido de posibles nuevas fugas de más de 300 toneladas. Algo que se teme lleve a la desaparición del Parque Nacional de Nyzhniodniprovskyi, el cual alberga más de 80.000 hectáreas de tierra natural protegida”, según informa Fabrice Martin, director de la organización humanitaria CARE en Ucrania.

Toda esa agua fétida e insalubre también es un peligro para la población que vive en los márgenes del río, el cual termina en la ciudad de Odesa, donde los deshechos y los residuos tóxicos ya han llegado y están yendo a parar directamente al mar Negro. De momento, Ucrania no ha podido establecer medidas de contención, por lo que los ecosistemas marinos y la biodiversidad de la zona pueden pasar a engrosar la larga lista de víctimas del conflicto. Algo que también es aplicable a las extensas plantaciones agrícolas del sur del país, ahora regadas con un líquido malsano y nocivo para la vida.

El Ministerio de Agricultura ucraniano ha advertido sobre el impacto masivo del desastre ecológico en la agronomía de la región, la cual es fundamental para la subsistencia alimenticia en diversos países africanos, hecho que puede repercutir en nuevas oleadas migratorias. Según este, el 94% de los sistemas de riego en la provincia de Jersón, casi el 75% de los situados en la provincia de Zaporiya y alrededor del 30% de la de Dnipropetrovsk, se han quedado sin fuentes de agua potable.

La tierra se está infectando tanto a nivel de superficie como en los canales subterráneos. Por ello, el ministerio ha advertido que, durante “el próximo año, los campos en el sur de Ucrania pueden convertirse en desiertos”. El desastre ecológico mundial está servido.