Oriente Medio

Irán disolverá la temida “policía de la moral” tras más de dos meses de protestas

Los ayatolás aceptan relajar las reglas de vestimenta de las mujeres para calmar a los manifestantes

Iran
Manifestantes incendian neumáticos en las calles de TeheránIranLa Razón

Más de dos meses después del estallido de la revolución de las mujeres en Irán, el régimen de los ayatolás muestra las primeras fisuras. El fiscal general del país anunció eeste domingo que se desmantelará la «policía de la moral», encargada de hacer cumplir los estrictos códigos de vestimenta vigentes desde la Revolución Islámica de 1979. Agentes de este cuerpo detuvieron a la joven kurda Masha Amini por vestir inadecuadamente el «hiyab» por las calles de Teherán. Su muerte bajo custodia policial el 16 de septiembre fue la chispa que prendió las protestas, que se convirtieron en el mayor reto a la élite clerical de las últimas décadas.

Pese a la relevancia del anuncio, muchos pidieron cautela. Por ahora no hay confirmación oficial de que los guardianes de la moral vayan a ser retirados de las calles de inmediato, ni de que se vaya a modificar la ley que exige a las mujeres vestir el velo islámico. Desde la diáspora, activistas iraníes alertaron de que podría tratarse de un intento de lavado de cara del régimen ante la comunidad internacional. El Ministerio del Interior, responsable del cuerpo, no hizo aún comentarios al respecto.

El fiscal Mohamamad Jafar Montazeri sorprendió con su anuncio ante las preguntas de la prensa local iraní, que le demandó explicaciones sobre la supuesta cancelación de las patrullas represivas. «La policía de la moral no tiene nada que ver con la judicatura, y ha sido abolida», comentó, según la agencia oficialista ISNA. Montazeri lo anunció durante una conferencia sobre asuntos religiosos, donde el Gobierno volvió a acusar a agentes extranjeros de fomentar la revuelta para debilitar al régimen teocrático.

Pese a la censura vigente, en los últimos años han circulado en redes decenas de vídeos de estos agentes en acción, que patrullan las calles con vehículos blancos y verdes para hacer cumplir la ley. Se dedican a ordenar que las mujeres se coloquen el velo como corresponde, agredirlas, o llevarlas a «centros de reeducación». El intento de reeducar a Amini culminó en una muerte que se tornó en un «boomerang». Los temidos vehículos moralizantes llevan días sin aparecer en las ciudades.

La presencia de la «policía de la moral» se acrecentó tras la llegada al poder de Mahmud Ahmadinejad en 2005. Hasta entonces, existía cierta supervisión oficial sobre las vestimentas de mujeres y hombres –ellos no pueden vestir pantalón corto–, pero el líder ultraconservador instó a estas unidades a «fomentar la cultura de la modestia y del ‘hiyab’». Durante la monarquía prooccidental del Shah Reza Pahlevi antes de 1979, las calles de Teherán se asemejaban a las de cualquier capital europea, con mujeres a la última moda.

La obligación de vestir «hiyab» se aprobó en 1983, pero hasta 2006 no hubo agentes desplegados en las ciudades para hacer cumplir esta norma. Acorde a la legislación iraní, toda mujer en edad de pubertad debe cubrir su cabeza y vestir recatadamente. En las escuelas, las niñas empiezan a usar el velo a partir de los siete años.

La mayor parte de las regulaciones sobre la vestimenta están basadas en la interpretación que el régimen hace de la «sharía» (ley islámica), que exige el uso de ropa modesta a hombres y mujeres. En la práctica, las patrullas de la «policía de la moral» se dedican exclusivamente a aleccionar a mujeres. Dado que no existen unas reglas claras que definen que es inmoral, los agentes cuentan con libertad para realizar detenciones acorde a su propia interpretación. Inicialmente, empezaron dando «consejos», pero hace 15 años empezaron los arrestos.

Ante las ambigüedades de las normas, muchas mujeres encontraron fisuras para desafiar la ley. Por ejemplo, usando la obligación de vestir velo para dar más colorido a sus atuendos, o exponiendo gran cantidad de su cabellera. Una encuesta realizada por el Parlamento iraní en 2018 concluyó que entre el 60% y el 70% de las mujeres no seguía los códigos de vestimenta islámicos estrictamente.

Cuando casi se cumplen tres meses de las movilizaciones, miles de iraníes siguen quemando sus «hiyabs» y andando destapadas por las calles, especialmente en la capital. La quiebra de las nuevas generaciones con la vieja élite clerical parece insalvable: la juventud demanda un vuelco absoluto del sistema. La revuelta, cuyo lema es «mujer, vida y libertad», se ha cobrado ya la vida de al menos 448 personas, y miles han sido detenidas, incluidos influyentes actores o futbolistas. Ante la dificultad de fiscalizar al régimen, la cifra de víctimas de la brutal represión podría ser mucho mayor, especialmente en las áreas del país habitadas por minorías étnicas.

Sectores conservadores y religiosos –incluyendo a varios parlamentarios– se pronunciaron también en contra de la obligación de vestir el velo, así como contra el rol de las fuerzas policiales moralizantes. Muchas activistas que en el pasado lucharon por eliminar esta ley siguen cumpliendo extensas penas de cárcel.

El presidente ultraconservador Ebrahim Raisi comentó el sábado que los fundamentos islámicos del régimen están constitucionalmente garantizados, pero «hay métodos de implementar la Constitución que pueden ser flexibilizados». Durante el mandato de su predecesor, el «moderado» Hassan Rouhani, se relajaron relativamente las normas de vestimenta. Cuando Raisi tomó el poder, señaló que «los enemigos de Irán y el islam golpearon los valores culturales y religiosos de la sociedad difundiendo la corrupción».

En septiembre, el principal partido reformista opositor exigió la abolición de la ley que obliga vestir el «hiyab». Además, el pasado sábado exigieron que el régimen anuncie oficialmente «el fin de las actividades de la policía de la moral» y «permitir las manifestaciones pacíficas». Algunos oficiales iraníes insinuaron que a partir de ahora podrían usarse cámaras o inteligencia artificial para penalizar a quienes desafíen los códigos de vestimenta. Pese a exigir prudencia, los opositores celebraron ayer una primera victoria.