Política

Bruselas

España solo puede votar «no» a este Brexit

España solo puede votar «no» a este Brexit
España solo puede votar «no» a este Brexitlarazon

El equipo español que ha negociado el Brexit ha hecho el ridículo. Y las consecuencias no serán menores.

Cuando los británicos votaron a favor de dejar la Unión Europea, a España se le ofreció una oportunidad irrepetible para recuperar su soberanía sobre el Peñón. Gibraltar fuera del mercado único no tiene ninguna opción de sobrevivir y nuestro país, con Reino Unido perdido en el espacio, se convirtió entonces en el único puente por el que la economía de la Roca podría seguir vinculada al continente.

Logramos dos éxitos diplomáticos impensables en siglos. Por una parte, en las instrucciones del Consejo Europeo al negociador Michel Barnier se estableció que cualquier compromiso sobre la situación en que hubiera de quedar Gibraltar requeriría el visto bueno de España, otorgándonos un impagable derecho de veto sobre el acuerdo del Brexit. Por otra parte, en la resolución emitida por el Parlamento, incluso se evitó la palabra «Gibraltar», dejando claro que el Peñón no es parte de Reino Unido y que, por tanto, nunca debería estar incluido en la negociación.

Por una vez éramos nosotros los que estábamos en el bando correcto de la Historia y con todos los amigos de nuestro lado. La verja que aísla el Peñón tendría una llave y se iba a guardar en Madrid.

Lo que se jugaba no era exclusivamente la bandera de la roca o el uso conjunto del aeropuerto, situado sobre el itsmo, es decir, sobre terreno robado. Además, Gibraltar es un paraíso fiscal que cuenta con más sociedades que habitantes, la plaza preferida por narcotraficantes y contrabandistas, el limbo de las casas de apuestas en internet y un productor masivo de basura al mar. ¿Por qué ninguna mafia de las que trafican con seres humanos desembarca en la roca?

Gibraltar actúa sobre el Campo de Gibraltar igual que un eucaliptus en su desierto verde, absorbe todas las oportunidades de desarrollo de las poblaciones que lo circundan.

Sin embargo, contra pronóstico, hemos vuelto a perder.

El 18 de octubre Pedro Sánchez declaraba: «Gibraltar no va a ser un problema para el Brexit». Y un mes después ha debido rectificar anunciando que España podría votar «no» al acuerdo de Brexit si no se modifica un artículo 184 con el que se ha encontrado por sorpresa.

Theresa May y Picardo conocían ese tal artículo, pero Sánchez y Borrell no. Alguien les ha engañado o ellos se han dejado engañar.

¿Y qué dice el 184? Nada. Ése es el problema, no dice nada y liquida así nuestra ventaja negociadora. Describe cómo serán las relaciones futuras entre la Unión Europea y Reino Unido, pero no menciona que, en lo relativo a Gibraltar, cualquier compromiso requerirá el visto bueno de España. Desaparece nuestro derecho de veto; Gibraltar se beneficiará del mercado único, aunque sea una colonia; y la famosa llave de la verja se duplica y se llevan una copia a Londres y otra a Bruselas. Una abdicación implícita de nuestra capacidad de decidir sobre la soberanía del Peñón.

El texto acordado, 184 incluido, como mucho se matizará para facilitarle a Theresa May su aprobación por Westminster, pero en ningún caso para ponérselo aún más complicado. El miércoles May proclamó que: «Siempre hemos tenido claro que Gibraltar estaba incluido». No creo, por tanto, que el Consejo acepte esa reforma que suplica España en el último minuto.

Nos ofrecerán una solución humillante. Alguna declaración política sin valor jurídico, por ejemplo. Y espero que Sánchez no acepte. No deseo un Brexit duro, sin embargo, por culpa de la candidez de nuestro Gobierno, este acuerdo de Brexit es inaceptable. Si no hay modificación del artículo 184 del tratado de salida, España debe votar «no» en el Consejo. Cualquier otra componenda agravaría el descrédito en que nos hemos instalado. Qué torpes hemos sido.