
Seguridad
Inquietud ante la militarización de EE UU impulsada por Trump
Organizaciones de derechos civiles acusan al presidente de buscar ampliar su poder bajo la excusa de luchar contra la criminalidad en las ciudades

Donald Trump se ha propuesto militarizar EE UU a pesar de que el país no está en guerra. Bajo el pretexto de combatir la criminalidad, el mandatario norteamericano está impulsando lo que algunos catalogan de ofensiva política disfrazada de misión patriótica. «El presidente Trump está inventando emergencias para expandir su poder y sembrar el miedo en las principales ciudades estadounidenses», ha dicho en un comunicado Hina Shamsi, directora del Proyecto de Seguridad Nacional de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. «Independientemente de si el presidente cita estadísticas falsas sobre la delincuencia, demoniza a los inmigrantes o afirma que las protestas pacíficas constituyen una insurrección, el envío de agentes federales armados y tropas militares a nuestras comunidades es injustificado y peligroso».
Primero fue el despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles, después Washington, la capital que en contra de lo que Trump apuntó está registrando su nivel más bajo de criminalidad de los últimos 30 años; y ahora sus siguientes objetivos son otras dos ciudades demócratas: Chicago y Nueva York. Sobre la primera, el presidente ya ha comenzado a lanzar mensajes para sembrar la semilla que justifique el despliegue posterior de un cuerpo militar en las calles de la ciudad. «Durante 13 años consecutivos, Chicago ha tenido los niveles de crimen más altos del país», rezaba la nota de empresa que la Casa Blanca envió a los periodistas esta semana. El comunicado ofrecía datos sobre la seguridad de la ciudad que estaban muy alejados de las cifras que defienden el alcalde de Chicago, Brandon Johnson, y el gobernador de Illinois, J.B. Pritzker, que aseguran que la delincuencia ha caído y no es necesario el apoyo militar. En los primeros seis meses del 2025, ha dicho Pritzker, la ciudad «ha registrado una reducción del 33% de los homicidios y del 38% de los tiroteos».
Trump sigue insistiendo en sus datos, y su discurso está calando profundamente en el mundo MAGA, aunque cada vez son más los ciudadanos que no ven claro que el mismo presidente que indultó a los acusados del asalto al Capitolio el 6 de enero del 2021, ahora se presente como señor y protector de la ley y el orden. El lunes, después de que la semana pasada su Administración permitiera portar armas a la Guardia Nacional desplegada en Washington, Trump firmó un decreto para el siguiente paso, la creación de unidades «especializadas» de la Guardia Nacional que estarán «específicamente entrenadas y equipadas para tratar con problemas de orden público», dijo el secretario de prensa, Pete Hegseth esta semana.
«Se está gestando un golpe de estado lento», así calificaba el contertulio político Bill Maher en un programa de televisión de HBO Max la decisión. Por su parte, el experto en seguridad Javier Oliza, asegura que poner en las calles soldados para luchar contra ciudadanos norteamericanos «vulneran los principios básicos de la democracia de Estados Unidos. Los expertos temen que la presencia militar podría disuadir a las clases más desfavorecidas del libre movimiento, o incluso incitar a los ciudadanos a manifestarse en contra de la presencia militar en sus calles de manera violenta.
Randy Manner, exjefe interino de la Oficina de la Guardia Nacional, aseguró en una entrevista con un medio nacional que Trump está tratando de «desensibilizar a los ciudadanos estadounidenses para que se acostumbren a la presencia de soldados armados norteamericanos en vehículos de combate patrullando las calles de Estados Unidos», quiere «dominar y vigilar al pueblo, y eso es extremadamente inquietante».
Los demócratas ven con preocupación el rumbo que está tomando esta cuestión y apuntan a que se trata de una extralimitación por parte de Trump que no descartan denunciar ante los tribunales si fuera necesario. «No se trata de combatir la delincuencia», ha dicho en un acto público J.B. Pritzker, sino de «un hombrecillo arrogante que intenta intimidar a sus rivales políticos».
El líder republicano quiere extender su poder por territorios estatales donde la ley no le permite imponerse, pero los gobernadores demócratas de Chicago y Nueva York, así como el de California, Gavin Newsom, que desde hace tiempo suena como favorito para enfrentarse a Trump en las próximas elecciones presidenciales, ya han dejado claro que no lo van a permitir. Pritzker, que busca un tercer mandato en el 2026, lo ha comparado con el Tercer Reich nazi, y ha dejado claro que en su Estado «no quieren» al presidente Trump.
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