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Salvini, el rey de los “ultras” europeos

Exhibición de fuerza del líder de la Liga, que reúne a Le Pen y a los principales partidos de extrema derecha en Milán para escenificar su asalto al Parlamento Europeo en las elecciones del próximo domingo.

  • Matteo Salvini saluda a sus seguidores en la multitudinaria concentración en la Plaza del Duomo de Milán / Reuters
    Matteo Salvini saluda a sus seguidores en la multitudinaria concentración en la Plaza del Duomo de Milán / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

19 de mayo de 2019. 03:48h

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Ismael Monzón 19/5/2019

A falta de cuatro horas para el principio de la manifestación, Alessandro ya estaba tomando posiciones. Se había despertado Milán con el cielo cerrado, anunciaba lluvia para todo el día, pero había que estar en primera fila. Para cuando salió al palco el vicepresidente italiano, Matteo Salvini, con el Nessun Dorma de Puccini y los tradicionales gritos de histeria entre el público, ya había miles de personas detrás. La concentración no llegó a los 100.000 que se esperaban, si acaso la mitad, pero sí que fue una demostración de fuerza a una semana de unos comicios que se antojan fundamentales. «Él es el verdadero líder que puede alumbrar una Europa distinta. Si gana las elecciones, no sólo Italia contará más en la UE, sino que todos los países tendrán más capacidad de decisión», decía Alessandro, convencido. La idea de cambiar Europa por dentro había congregado a una docena representantes de todo el continente, pero el lema era «Primero Italia». Cosas del soberanismo.

La irrupción de Salvini lo explicó. Se había traído a Milán a sus compañeros de viaje del próximo domingo, pero el único y verdadero protagonista fue él. Lo que debía ser un acto coral se transformó en un auténtico mitin para gloria y disfrute del anfitrión. Los mensajes han dejado de sonar novedosos, incluso ha perdido fuelle, pero se espera que la llamada de las urnas todavía le pillen con la curva ascendente. Los sondeos en Italia le dan alrededor del 32% -algo menos que un par de meses-, lo que le convertiría no sólo en el líder populista más votado, sino que estaría compitiendo con el partido Angela Merkel por gozar de la mayor representación de una fuerza política en la Eurocámara. La pugna será descomunal, porque se enfrentan dos figuras hegemónicas con dos ideas absolutamente contrapuestas. «Aquí no está la ultraderecha, sino la política del buen sentido: los extremistas son quienes han gobernado Europa por 20 años», dijo Salvini, ante un público entregado. De nuevo la contraposición entre lo viejo y lo nuevo. Y ante una sociedad deprimida por una década de crisis económica, la novedad suele tener mayor atractivo.

Salvini, el rey de los “ultras” europeos

El también ministro del Interior italiano dotó a su discurso de un fuerte mensaje ultracatólico. Un elemento presente en su partido, pero que a él le pilla algo impostado. Citó a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, pero atacó directamente a Francisco. «Con la acción de Gobierno, he dado respuestas con hechos y no con palabras. Se lo digo también al Papa Francisco, que hoy es necesario reducir los muertos en el Mediterráneo y el Gobierno italiano lo está haciendo con orgullo y espíritu cristiano», dijo. La interpretación de la fe debe ser opuesta a la del Pontífice, como lo son sus enfrentamientos en materia inmigratoria, que ya no atienden ni al cuidado de la diplomacia. Salvini también citó a Churchill, aunque sus referentes fueron Margaret Thatcher, Donald Trump y Robert Sarah, un cardenal guineano ultraconservador, que se caracteriza por recoger el relato ultraconservador. Un poso ideológico que Salvini ha ido incorporando para dotar de peso a su proyecto.

Entre sus compañeros había un poco de todo. Desde el laicismo extremo de Marine Le Pen, estrella para el antiguo votante comunista, hasta el xenófobo Geert Wilders. Ellos dos fueron los invitados de excepción, sacrificándose desde el papel únicamente de teloneros. El resto fueron segundos espadas de Alternativa para Alemania, los Verdaderos Finlandeses, el Partido de la Libertad austríaco o el Partido del Pueblo danés. Se había especulado con el otro gran referente de los ultraderechistas europeos, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, pero faltó a la cita. El líder magiar aún forma parte de los conservadores europeos y su tarea tras las elecciones será unir a los populares con los populistas, antes que fotografiarse directamente con estos últimos. Vox también estaba invitado a la fiesta, pero rechazaron participar sin dar más explicaciones. Probablemente salir en la foto con Salvini hubiera provocado un chorro de antiguas imágenes del líder de la Liga apoyando al independentismo catalán. A Vox tampoco le interesa asociarse con el mensaje antieuropeo de Salvini. España es uno de los países más europeístas de la Unión.

Para recordar el pasado federalista de la Liga, no faltó la estelada que suele estar presente en todos sus mítines.

Fue significativo que cada uno de los líderes que pasaron por el escenario agradecieron –en italiano, se agradece el gesto– a Salvini. No hay duda que será el alma máter de esta corriente que aspira a ocupar un tercio de los asientos del Parlamento europeo y cambiar un equilibrio de fuerzas, por el que tradicionalmente conservadores y socialistas han gozado de mayoría. Aunque de todas las personalidades que pasaron por el palco, la retórica siempre llena de orgullo de Le Pen destacó por encima del resto. «Vivimos un momento histórico y vosotros podéis decir a vuestros nietos que estabais aquí, bajo este cielo de Milán para comenzar la Europa de la resistencia, la esperanza y la reconquista», pronunció. En su discurso no faltaron referencias a Notre Dame y a los «enfants de la patrie», como los protagonistas del cambio.

A ello se opusieron un grupo de manifestantes que acudieron a la Plaza del Duomo para abuchear desde las últimas filas las palabras de unos y otros. Pero si los organizadores fallaron en las previsiones, también lo hicieron estos. Milán había anunciado resistencia y sólo hubo decenas de personas contrarias a Salvini y los suyos. Uno de los pocos fue un hombre vestido de «El Zorro» que desplegó una pancarta desde un edificio en la plaza en la que se leía: «sigamos siendo humanos». Las dos Europas se darán cita el próximo domingo en unas elecciones cruciales para el proyecto comunitario en el que está en juego la correlación de fuerzas en la Eurocámara.

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