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Steve Bannon: la ambición frustrada del ex asesor de Trump

El padrino de los ultraderechistas europeos se ha topado con las leyes nacionales que impiden la financiación electoral a los donantes extranjeros.

  • Steve Bannon / Efe
    Steve Bannon / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

19 de mayo de 2019. 03:49h

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Ismael Monzón 19/5/2019

Un fantasma llamado Steve Bannon camina estos días por Europa. Cuentan sus allegados que no se quiere perder la cita con las urnas del domingo 26 de mayo y se encuentra en el Viejo Continente. No hay más detalles. Podría estar desde Finesterre a Estocolmo. Probablemente reuniéndose en salones secretos con alguno de sus discípulos populistas. Todo lo que rodea al ex asesor Donald Trump parece siempre una película de suspense.

Precisamente en una película, el propio Bannon confiesa su estrategia. «Una de las cosas que aprendí de Trump es que no hay medios de comunicación negativos. Cuanto más hablen de nosotros, bien o mal, mejor», dice ante la pantalla. El documental en inglés se llama «The Brink» (el borde), aunque quizás por una vez quienes se encargan de doblar los títulos al español han acertado. En nuestro país se acaba de estrenar como «El gran manipulador». Los medios de comunicación han caído en sus redes de experto propagandista para amplificar ese discurso mesiánico que él mismo personaje explota.

No conviene tampoco subestimar del todo a uno de los hombres clave en el ascenso del controvertido inquilino de la Casa Blanca. «Sin mí no hubiera ganado las elecciones», presume Steve Bannon en el documental. Lo cierto es que, una vez llegado al poder, el presidente estadounidense lo despachó y no quiso saber más de él. En Estados Unidos, Steve Bannon es hoy un hombre caído en desgracia. Por eso, con la reputación de haber arrimado el hombro en una de las victorias políticas más sorprendentes que se recuerdan, vino a exportar su invento a Europa.

Gracias a esa fama, se convirtió en un solicitado conferenciante. En los últimos dos años apenas ha pronunciado una palabra nueva y, sin embargo, todas sus intervenciones tienen una resonancia inmediata. Bajo su idea del soberanismo como fenómeno global aparecen siempre el rechazo a la inmigración como receta mágica, los políticos de fuerte personalidad y, sobre todo, la controversia. Un relato repetitivo construido con lecturas oportunistas y la seguridad del comunicador estadounidense. Él se considera su alma máter, pero en realidad lee el manual del buen populista. La única duda legítima es si podríamos catalogarlo como su autor genuino.

En su versión europea fundó «The Movement», una organización ideada para agrupar a los partidos de extrema derecha, que por el momento ha resultado ser un fracaso. O un nuevo señuelo, porque se trata de un grupo dado de alta en Bruselas por un político irrelevante llamado Mischael Modrikamen –cuyo mayor logro es tener un escaño en el Parlamento belga–, que ni siquiera tiene página web y del que siempre se habla. No hay nada oficial en esta historia, pero las únicas adhesiones reconocidas a «The Movement» son las del propio partido de Modrikamen, una formación montenegrina, la Liga de Matteo Salvini y los ultraderechistas Hermanos de Italia.

En Francia, Marine Le Pen ya le ha dicho a Bannon que está muy equivocado si piensa que un americano va a llegar a salvar Europa. El orgullo francés, por encima de todo. En Hungría, Victor Orbán ya existía desde antes incluso que Trump, inspirándose en la estrategia electoral de Benjamin Netanyahu y creando un modelo propio llamado «democracia iliberal», que consiste básicamente en destruir las estructuras del Estado. Para Alternativa por Alemania (AfD), el neoliberalismo de sello estadounidense quizás sea demasiado. Mientras que el británico Nigel Farage o el holandés Geert Wilders, quizás los más parecidos al histriónico Bannon, también se han negado incluso a participar abiertamente en su proyecto.

Es posible que la razón a tantas deserciones la explique la investigación que realizó «The Guardian», que reveló que las legislaciones de al menos 13 países de la Unión Europea–entre ellas la española– podrían sancionar a los partidos que aceptaran la ayuda directa de un grupo extranjero, como sería «The Movement». Tampoco los fondos de esta corriente tienen un ápice de transparencia. Bannon siempre responde que él es multimillonario y además recibe donaciones privadas, aunque los expertos sospechan del entorno ruso oculto en paraísos fiscales.

El gurú estadounidense repite que no va a quebrantar ninguna ley europea y que todo lo que organiza son cenas informales con políticos afines. Él mismo reconoció que se reuniría con Vox, pero desde el entorno de Bannon son incapaces de responder si esos encuentros han existido ya o no.

Bannon siempre responde que él es multimillonario y además recibe donaciones privadas, aunque los expertos sospechan del entorno ruso oculto en paraísos fiscales. El gurú estadounidense repite que no va a quebrantar ninguna ley europea y que todo lo que organiza son cenas informales con políticos afines. Él mismo reconoció que se reuniría con Vox, pero desde el entorno de Bannon son incapaces de responder si esos encuentros han existido ya o no. El asesor en comunicación política Alessandro Orlowski señala que la intención de Bannon «no es atacar a la socialdemocracia, sino romper a la derecha europea en dos y llevarse a una buena parte de ella al extremo».

Un objetivo que tiene su punto de partida en Italia, donde además la legislación electoral es más laxa. El líder de la Liga, Matteo Salvini, ha sido el único líder europeo que verdaderamente le ha puesto la alfombra roja al consejero estadounidense. El idilio ha sido mutuo, ya que «El Capitán» –sobrenombre que comparte con Jair Bolsonaro– es el hombre ungido por Bannon para convertirse en abanderado del soberanismo en Europa.

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