Uso del paraguas: no todo vale

En los días de lluvia el paraguas puede causar muchos problemas si no se respetan ciertas normas de cortesía.

Dicen que hace más de tres mil años, una joven china llamada Lu Mei retó a su hermano a que fabricase algún artilugio que la protegiese de la lluvia. El joven aceptó el reto y fabricó un bastón al que unió treinta y dos varillas de bambú recubiertas de tela. Sea cierta la historia o no, siglos después, el paraguas se ha convertido en un utensilio universal indispensable para guarecernos cuando estamos a la intemperie.

Este complemento es objeto de modas, de diseño y hasta de ser utilizado para fines diversos a su uso original, como en la Segunda Guerra Mundial, cuando los paraguas escondían filos en su punta y eran empleados como arma de corta distancia. Y sin embargo a día de hoy, cuando caen cuatro gotas de lluvia, la gente se olvida de la urbanidad y las calles se convierten en junglas de armazones de colores en los que muchas veces se corre el riesgo de perder un ojo. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para observar cualquier día de lluvia, como algunas personas utilizan el paraguas más como un arma que como un elemento de utilidad para no mojarse.

Normas de cortesía

  • No se debe jugar con el paraguas ni llevarlo levantado cuando esté cerrado (al menos que seas un guía turístico, claro).
  • Hay gente que es muy supersticiosa al ver un paraguas abierto en los lugares cerrados, así que no hay que olvidar plegarlo al entrar en el transporte público o en cualquier habitáculo.
  • Al entrar en tiendas o edificios lo cortés es sacudirlo a la puerta (nunca en el interior del establecimiento) para que no esté goteando al cerrarlo. Y una vez cerrado, buscar el paragüero pertinente.
  • En los transportes públicos, debemos tratar de sacudir bien el paraguas antes de subir, pues al ir, generalmente, bastante apretados, se puede mojar a otras personas.
  • Si se va a compartir paraguas, lo mejor es que lo lleve la persona de mayor altura para no molestar con las varillas a la otra. Para la persona de menor altura supondría un mayor esfuerzo tener levantado su brazo para poder mantener el paraguas a una altura adecuada a la de su acompañante.
  • Si nos cruzamos con otra persona que lleve paraguas, el más alto debería elevar su paraguas y el más bajo debería ladearlo para facilitar el paso de ambos.
  • Si nos paramos para saludar a alguna persona en la calle y ambos llevamos paraguas, lo ideal es que uno de los dos cierre su paraguas y que ambos permanezcan debajo del otro.
  • Nunca se gesticula con el paraguas en la mano ni se se señala con él a nadie ni nada.
  • Al igual que cuando vamos en el coche, tiene prioridad la persona que camina por nuestra derecha, pero siempre deberemos ceder el paso con paraguas a personas mayores, en sillas de ruedas o a los niños, no tan duchos llevando este instrumento.
  • Cuando el paraguas está cerrado, tenga punta o no, siempre se lleva hacia abajo, no al hombro a modo de fusil o como si fuésemos lanceros de las justas medievales.
  • Si tenemos visita en casa y empieza a llover, es cortesía prestar nuestro paraguas a nuestros invitados (lo de que después te lo devuelvan es otra historia).
  • El paraguas no es juguete, así que no es conveniente dejárselo a los niños para que jueguen pues pueden hacerse daño o dañar a otras personas.