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Maxi Iglesias: “Ser guapo siempre es un plus”

Acaba de cumplir 30 años y ya es momento de sentar la cabeza. En realidad, Maxi Iglesias la ha tenido siempre muy bien amueblada.

Maxi Iglesias en Lifestyle Magazine.
Maxi Iglesias en Lifestyle Magazine.Manu Bermúdez

Acaba de cumplir 30 años y ya es momento de sentar la cabeza. En realidad, Maxi Iglesias la ha tenido siempre muy bien amueblada. Ha sabido qué hacer en cada momento y cómo construir su carrera desde que allá, con 16 años se convirtiera en ídolo juvenil con Física o Quimica. Ahora, vuelve a la pequeña pantalla con La cocinera de Castromar, un dramón de época donde comparte set con Michelle Jenner o Hugo Silva, pero sobre todo, vuelve con una convicción: hacer solo aquello que le aporte. Que le aporte de verdad.

Maxi Iglesias es guapo. ¿Qué digo guapo? Es insultantemente guapo. Cuando llegó a esta producción con su mascarilla, su cuello alto, su cazadora con borreguito por dentro… y pasaba de largo tras aparcar su Smart, lo normal hubiera sido que no nos hubiéramos reconocido hasta que hubiera sacado el móvil para, con una llamada rápida, localizar la puerta de entrada al hotel. En estos tiempos, no reconocerte es tan habitual… Pero, qué va. Cómo obviar esos ojos verdes que miran como si te acecharan, como un lince a punto de cazar a su presa. Ese pelo rubio desmadejado. Y esa complexión que lo hace caminar, volvamos otra vez al símil, como un felino. Uno podría recordar aquella frase de Capote con la que comenzaba su Música para camaleones. Aquello de que “cuando Dios le da a uno un don, también le da un látigo y ese látigo es únicamente para autoflagelarse”. Su don, el de Maxi, obvio, habría sido la belleza. El amargo don de la belleza. Y ese podría haber sido el leitmotiv de esta entrevista: el joven actor torturado que lucha por interpretar ese personaje de carácter –enloquecido, rebelde, minusválido…– con el que demostrar a críticos y productores que, tras unos pectorales cincelados y unas espaldas como tu salón, hay un genio, un genio que sufre. Pues no. Maxi, no. Fuera topicazos. Con una practicidad tan inteligente como desarmadora, este actor que se convirtió en estrella adolescente cuando tenía tan solo 16 años y a sus 30 recién cumplidos sigue siéndolo, ocupando las carpetas de adolescentes y no tan adolescentes, reivindica su lugar sin renegar de su físico. Un lugar ganado con la misma concentración con que traza sus rutinas de musculación: calculando tiempos, movimientos, fuerzas, descansos… Y sus brazos y su carrera demuestran que en cuestión de tonificarse, Maxi es disciplinado. Y si hay que rebelarse, lo hace contra las tecnologías: se ha autorregalado una cámara de fotos réflex y de carrete.

¿Cómo llevas los 30?

Llevo solo una semanita... Dicen que es la edad de los cambios… Pero fíjate que me dijeron “no tanto los 30, como el año antes de cumplirlos”. Y sí, ha sido un año un poco de balance. Cumplí 29 en Argentina. Estaba en un viaje personal. Un viaje muy gratificante… Allí me permití más estar conmigo mismo. Escuché a otro Maxi. Supongo que encontrarme en otro país, con un elenco de gente muy maja, sí, pero con hijos, con su vida… me obligó a estar más conmigo y también a conocer a otra gente que… Es que aquí no es tan fácil conocer gente. Y en marzo, volví a Madrid, la cuarentena, horas de lectura… Llegó el verano y me puse a currar, sin parar… Y en este tiempo he notado como que se iban colocando cosas. Tanto te diré que a veces pienso… he llegado a los 30 muy fuerte.

Maxi Iglesias en Lifestyle Magazine. FOTO: Manu Bermúdez

Y tanto que sin parar…

Si, sí. Hice Mérida en agosto y ya estábamos con ensayos de La Cocinera de Castamar. Cuando empecé a grabar, comenzaron las primeras reuniones de Física o Química: el Reencuentro. Después, empiezo con Valeria… Se iban sumando cosas, y cosas. Pero no sentía estrés, iba colocando y colocando… todo en su lugar. Estoy supertranquilo, estoy pleno. Creo que empiezo a disfrutar y valorar la vida mucho más… Siempre he disfrutado, pero ahora creo que lo hago de verdad.

Porque valoras las cosas.

Sí y he aprendido a ser paciente… Este es un camino que me gusta, me digo a mí mismo. Es curioso porque cuando uno cumple los 30 tiene su primera crisis, la de Peter Pan. Quizás sea porque, al final, he tenido muchas responsabilidades desde muy joven. Creo que ahora lo que me está pasando es que estoy colocando esas responsabilidades, que son las mismas de siempre, pero de otra manera. Más consciente de cómo me afectan a mí, o si realmente me aportan o no me aportan. Ha llegado un punto en que digo: esto ya no me apetece.

Es curioso porque cuando uno cumple los 30 tiene su primera crisis, la de Peter Pan.

Quizás sea porque, al final, he tenido muchas responsabilidades desde muy joven. Creo que ahora lo que me está pasando es que estoy colocando esas responsabilidades, que son las mismas de siempre, pero de otra manera. Más consciente de cómo me afectan a mí, o si realmente me aportan o no me aportan. Ha llegado un punto en que digo: esto ya no me apetece.

¿A qué edad empezaste? Empecé muy pequeño… Pero realmente en serio, cuando ya empiezas a conocer este mundo de verdad, a ver cómo funciona, a que se te pidan o te exijan cosas, los 16.

¿Exijan? Bueno, a ver, somos productos. Tienes que funcionar, tienes que servir. Y no es lo mismo que hagas capitulares en series, que eso rara vez te cambia la carrera y que con 13 años lo vivas como un hobby, como cuando hice Amar en tiempos revueltos con Pilar Bardem, imagínate, a que ya te llegue algo serio como Física o Química. Eso fue a los 16.

Imagino que como llevas 15 años, que es mitad de tu vida, en la cresta de la ola, parece como que tienes más años de los que tienes… Para mí es un orgullo haber conseguido hacerme un huequito, ¿sabes? Que de alguna manera, casi todo el mundo pueda decirme: “He visto algo de tu trabajo”. Porque he intentado, además, buscar esos personajes que, al final, me acompañarán siempre y que han construido una carrera muy concreta, que la puedas reconocer.

¿Has tenido esa suerte de poder elegir los proyectos? Bueno, a veces eliges; a veces te eligen y tienes que decir que no; a veces quieres y no te eligen (risas).

Pero tú no te puedes quejar… De hecho, me ha pasado hace algunas semanas, que según iba a hacer el casting, pensé: este proyecto no es para mí…Vi que no iba a ser satisfactorio para nadie y lo entendí. Me dije, Maxi, no te compensa.

El instinto, ¿no? Claro. Y que hago mucho balance de las cosas. También relativizo y valoro lo que cuesta conseguir las cosas, que en esta profesión somos muy desagradecidos y damos las cosas por hecho, y no, no es así…

¿A ti se te subió alguna vez a la cabeza? A ver, tanto como subir a la cabeza, no creo. A lo mejor, mala gestión en algunos casos o con cosas muy concretas.

¿Ni siquiera eso de que estés siempre en los rankings de los más guapos? ¿Hasta qué punto ser guapo te condiciona? Ser guapo condiciona. Es un arma de doble filo, sí, pero también depende mucho de cómo lo lleves tú. Si pretendes renunciar a eso o intentar que sea algo que no te pertenezca, que no sea parte de ti, no tiene mucho sentido… A mí me aporta mucho mi físico, me aporta mucho más de lo que me quita. Y no pienso parar. O sea, soy la persona más realizada del mundo cuando salgo del gimnasio, porque al final somos animales y tenemos un cuerpo al que hay que dar de comer... ¿Qué voy a hacer? ¿Dejo de cuidarme para que crean que soy mejor actor así? No, no. Por Dios.

Pero ya sabes lo que pasa. Que para que te tomen en serio, para que te den un Óscar como a Charlize Theron en Monster, tienes que salir hecho un cuadro… Ya pero, hasta que te llega Monster, ¿cuántas pelis habrás tenido que hacer? A mí, quien no me ha visto en una cosa, me ha visto en otra.

Vamos, que para ti, ser guapo es un plus. Claro que es un plus. ¿Que llega un proyecto que tengo que engordar o adelgazar? Vale, lo tomaré como un proyecto más. Pero no lo haré porque diga “así me van a tomar en serio”. Mira, te hablo en datos, el jueves, La Isla de las Tentaciones, un 27 %. Y, el debate de Cataluña, un 8 %. Y ¿yo voy a ir a hacer una película indie de serio? ¿Para qué? ¿Para un 13 %? Bueno, pues ya lo haré… Yo ahora mismo tengo unos seguidores, y tengo una edad que me sigue, una franja. Y esa franja no te quiere ver haciendo otra cosa.

Pero Maxi, yo también te he visto hacer teatro. También eres ecléctico… A ver, claro, es un poco ver ¿dónde voy a encajar más? ¿Dónde se va a valorar más el trabajo que se haga? ¿Dónde puedo aportar más? Realmente ver el alcance que voy a tener. Y no porque quiera ser más famoso o que me vea más gente, pero sí que la gente que me vea, sepa qué va a encontrar de mí.

Maxi Iglesias en Lifestyle Magazine. FOTO: Manu Bermúdez

Te referías antes a Física o Química. Cuando te ves hace 15 años, ¿qué ves? Ese ha sido un ejercicio que he hecho este año, de ser justo también con ese momento y esas circunstancias y no juzgarte. Creo que si nos juzgamos a nosotros mismos, sin ser conscientes de lo que fue ese momento, en la mayoría de los casos vamos a salir mal parados. Hacer ese ejercicio es ponerte una zancadilla a ti mismo.

Hablamos de Física o Química, pero tienes Valeria, que es otro exitazo, Desaparecidos… Ya no hace falta irse a Hollywood para triunfar en todo el planeta. Basta con un hit en una plataforma y ser un fenómeno mundial. Es cierto, sí, pero yo he sido siempre muy de go for it. Esperar que lleguen las cosas es muy válido, pero también es muy cómodo.

¿Eres muy ambicioso? No soy ambicioso, pero me gusta coger las cosas que se me ponen al alcance. Si sé que hay esa posibilidad, no voy a frenarme.

Sin freno hasta los 30, ¿y ahora? Ahora voy a intentar ser mucho más selectivo. Me puedo permitir tomármelo con más calma.

* Por Luis Nemolato. Fotos Manu Bermúdez. Estilismo Beatriz Valdivia