Carmen Tello: «Mi relación con la familia Alba es cero»

  • Carmen Tello: «Mi relación con la familia Alba es cero»

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31 de octubre de 2015. 02:27h

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1/10/2015

El silencio reina en Bellasombra, el hogar del matrimonio formado por Curro Romero y Carmen Tello, una calma de campo donde comienza a caer la tarde mientras la luz se cuela entre las hojas de las palmeras. Hay un cierto ambiente de convento, sosiego de alberca callada y algarabía de pájaros en las copas. En este «hortus conclusus» al que la pareja se vino a vivir cuando decidieron casarse, Carmen recibe a LA RAZÓN mientras acaba de organizar su traslado a un piso en Camas, cerca de Sevilla y de sus hijos, donde ambos vivirán más cómodos de aquí en adelante. Mientras recorremos sus salones, los ojos no pueden evitar mirar algunos de los recuerdos que aún permanecen en la casa que, aunque su propietaria insista en que está «un poco desordenada», se muestra en perfecto estado de revista. En una pequeña foto, Curro, vestido de corto durante un festival, saluda a un joven sonriente tocado con un sobrero de cowboy. «¿Sabes quién es? Es Yul Brynner, que saltó al ruedo para felicitarlo porque eran muy amigos», explica con satisfacción la esposa de uno de los hombres más importantes en la historia de la tauromaquia y dios viviente de una religión que llaman «currismo»: una manera de entender la vida, el tiempo, la alegría, la derrota y el triunfo.

–Acaba de cumplir 60 años, se cambia de casa, ¿comienza una nueva etapa?

–La verdad es que sí, llega un momento en el que tienes que tomar decisiones y el ciclo en esta casa ya se ha terminado, vamos a empezar una nueva vida con ilusión. Nos da muchísima pena dejarla porque se hizo cuando vivían aquí mis hijos, pero ahora estamos Curro y yo solos. Es muy grande y hay que estar muy pendientes de ella.

–Es una decisión bastante valiente cambiar a estas alturas.

–Estoy casada con un torero, que son todos valientes, que se ponía delante de un toro y eso sí que es gordo, no esto. No tengo apego a las cosas terrenales, de eso nada, lo tengo a las personas. A mí me ha tocado cambiar de casas muchas veces, pero es complicado porque tengo muchas cosas que se quedarán mis hijos para que las disfruten. Curro y yo no necesitamos más que cuatro o cinco cosas.

–Vivir tan cerca de un mito como Curro y tener la estrecha amistad con la Duquesa de Alba quizás ha ensombrecido su figura. ¿Quién es Carmen Tello?

–Me ha tocado vivir cerca de personas muy importantes, casi mitos, pero ambos son tan sencillos, que están en consonancia conmigo. Soy muy normal y nunca me he creído nada. Ni cuando me casé con el actual marqués de la Motilla ni con Curro ni estando al lado de Cayetana. Me ha gustado ayudar a conocer un poco más la personalidad de Curro, porque él toreando se olvidaba de que había 20.000 personas mirándolo porque tenía plena seguridad. Pero luego, en el trato personal, es muy reservado y tímido. Él ha hecho lo mismo conmigo.

–Ayudó mucho a Cayetana en los últimos años de su vida, pero, en alguna ocasión, aseguró que fue la Duquesa quien realmente más hacía por usted.

–Ella sembró mucho conmigo en el momento de mi separación, cuando la sociedad de Sevilla me criticaba por la espalda por dejar una vida que tenía resuelta. Ella se puso de mi lado y me aconsejó que lo pensara mucho, pero cuando tomé la decisión tomó partido por mí. Para mí fue como un escudo y nos hicimos íntimas amigas, aunque fuera mucho más mayor que yo; pero era muy joven en su manera de ser y de pensar. Cuando las cosas vinieron mal para ella, al enviudar de Jesús Aguirre, le pude devolver todo lo que hizo por mí hasta que falleció. No digo esto porque nadie me tenga que agradecer. Las cosas se hacen de corazón y ahí está Alfonso, que nos adora porque ha visto de cerca lo que la queríamos.

–Fueron inseparables...

–Ella me pescó a mí y yo a ella. He aprendido mucho porque han sido 30 años a su lado.

–También conoció a Alfonso Díez.

–Bueno, sobre el papel yo no me fiaba mucho de él. Una persona joven que llega ahora a su vida. Tenía mis dudas, y ella lo mantuvo en secreto durante nueve meses. Lo que sucede es que en el momento de conocerlo comprendí por qué se enamoró Cayetana, porque Alfonso es una persona fuera de serie, con un grandísimo corazón, que se ha ocupado de ella en los peores momentos de su vida aunque tuviera la cabeza perfecta. Se empeñó en casarse con él, pero antes tuvo que dar sus cosas en vida para poder celebrar la boda.

–¿Pero entiende las reticencias que tuvo la familia?

–Claro, pero luego ha demostrado que es una gran persona. Es más, nadie lo ha visto este año en ningún plató de televisión, concediendo una entrevista o haciendo una declaración, pese a que ha tenido grandes ofertas de todos lados.

–No me niegue que no resultaba rara la llegada de un señor de Madrid, funcionario de carrera y con casi sesenta años que se quiere casar con la Duquesa, que además no tenía un pelo de tonta.

–Ella me decía que era muy lista y que se daba cuenta de que él la quería. «Cuando lo conozcas cambiarás de opinión» y cuando lo conocí la apoyé. Le encantaba estar en la calle, disfrutar del sol de Andalucía y se empeñó en casarse con él. Se conocían de hacía tiempo y una vez a la salida del cine encontró la ilusión que le faltaba a su vida.

–Aquello de salir a bailar descalza después de casarse fue la imagen pura del «hago con mi vida lo que quiero».

–En realidad, lo que quiso hacer con ese gesto fue devolverle el cariño que le profesaba a toda la gente que estaba en la puerta de la Casa de las Dueñas esperándola. Fue como un detalle de agradecimiento también al pueblo de Sevilla, que salió a la calle en su puesta de largo, en su primera boda y en esta última. Bailaba divinamente y quiso ser una flamenca pura hasta el final. Era una mujer de imprevistos sin miedo a nada.

–El próximo 20 de noviembre se cumple un año de su fallecimiento. Supongo que en estos meses habrá habido momentos para su recuerdo...

–La echo mucho de menos, me acuerdo mucho de ella (se emociona). Hablábamos todos los días, por la mañana y por la noche; yo tenía un problema al que le daba mucha importancia y ella se la quitaba. Tenía mucha experiencia y seguridad, daba muy buenos consejos, me daba su cariño pero había que conocerla. No era sencilla, había que darle su sitio, su cariño y mi lealtad. Nunca utilicé a Cayetana. Fui fiel a mis sentimientos, eso me ha creado muchas envidias y me ha hecho daño. Tengo muchos defectos, pero la envidia no la conozco. Después de morir, a veces pienso: «si vieras lo que están haciendo ahora y el daño que me han hecho». Seguro que me defendería. En el entierro ya vi ciertas cosas; si ella viera quiénes estaban allí... Alfonso no puede sustituir a Cayetana, pero a él también lo defendería. Callaba como moscas a quienes les hacían daño a sus seres queridos.

–¿Con los hijos mantiene algún tipo de relación?

–Cero. A Eugenia la vi en Semana Santa y estuvo muy cariñosa. Coincidimos porque estaba en casa de mis hijos viendo las cofradías el Jueves Santo y luego nada más. Al actual Duque de Alba sólo lo he visto una vez y a los hijos de Carlos y Matilde, que son primos de mis hijos, tampoco. Creo que Alfonso no tiene tampoco ningún tipo de relación, sólo algunas llamadas por teléfono de Cayetano. Ahora será el funeral en la iglesia de Los Gitanos; pero iré si Alfonso nos lo pide. Rezo mucho por ella. Cayetana era muy creyente, a su manera claro, y quería que la enterrasen en Sevilla para que la gente rezara por ella, que si estaba con sus antepasados no lo haría nadie y además decía que haría muchísimo frío.

–¿Cómo ha pasado este año Alfonso?

–Mal. Además de quererla, la idolatraba. Era su mito. Cuando la conoció, todo eran caprichos para ella.

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