La «jordina» que imita a Yoko Ono

La esposa de Jordi Cuixart se dedica al periodismo, pero también escribe poesía y la recita en un espectáculo que recuerda al que la viuda de John Lennon presentó por primera vez en los sesenta.

  • Bonet durante una de sus presentaciones, en la que el público le corta la ropa.
    Bonet durante una de sus presentaciones, en la que el público le corta la ropa.

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28 de octubre de 2017. 04:27h

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28/10/2017

as esposas de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez se han convertido en protagonistas de la situación catalana tras participar en la manifestación del pasado sábado en Barcelona que pedía la libertad de los líderes de Òmnium Cultural y de la Asamblea Nacional Catalana, presos en Soto del Real por presunto delito de sedición. Txell Bonet, esposa de Cuixart, es periodista, por lo que su cara, aunque sea en Cataluña, ya era conocida. En cambio, Susanna Barreda, madre de los hijos de Sánchez, nunca antes había participado en actos públicos. Después, ambas mujeres dieron declaraciones a «The Washington Post» en las que afirmaban que sus esposos eran mártires de la causa independentista. Más allá de eso, de Barreda se sabe muy poco. El líder de la ANC y su esposa, que viven en el barrio del Guinardó, fueron novios durante años y se casaron hace quince. Apenas hay rastro de Barreda en las redes: no tiene Facebook y su cuenta de Twitter fue creada en abril de este año y apenas cuenta con 93 seguidores. Además, ella no expresa por esa vía sus opiniones, sino que se limita a retuitear temas relacionados con Cataluña y, sobre todo, con el reciente encarcelamiento de Sánchez.

Islandia y poesía

Bonet, en cambio, tiene más de mil seguidores en Twitter, donde es muy activa. Eso sí, en los últimos días tampoco ha opinado demasiado, optando más bien por difundir mensajes de Omnium Cultural y Gabriel Rufián, entre otros, relacionados con la situación de su esposo. Buceando entre sus publicaciones más antiguas se pueden entrever algunas de sus aficiones, como la poesía y la música de Björk. Bonet es una apasionada de Islandia, donde nació la intérprete, por lo que ha viajado a ese país y conoce algunas palabras del idioma (las lenguas se le dan bien: habla inglés, francés, rumano, español y catalán). Bonet se define como una «activista cultural» a la que le gusta escribir poemas. Poemas para ser leídos en voz alta. Así lo cuenta en su blog de poesía. Los escribe desde 2013. Un par de años después decidió llevar su iniciativa a escena y así concibió un espectáculo llamado «¡Detente, bala!» en el que combina la performance, la declamación y la música.

La exclamación, que la tradición sitúa en la época de Santa Margarita María Alacoque, en el siglo XVII, se utiliza en el ámbito militar con el fin de «apartar de nuestra vida aquello que puede causarnos un daño terrible» y que se materializa desde hace siglos en forma de estampita pequeña con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que las mujeres solían bordar en los uniformes de sus esposos e hijos, a la altura del corazón, antes de que partieran a la guerra.

¿Originalidad del espectáculo? Nula. Seguramente le haya servido de inspiración a la esposa de Jordi Cuixart Yoko Ono. Mientras Bonet monta su espectáculo sobre un escenario pequeño en el que, además de un guitarrista que la acompaña hay un micrófono y público, a la performer japonesa, eterna viuda de John Lennon, se le abrían las puertas del MoMA de Nueva York, el sacrosanto espacio del arte. Estamos hablando de 1964, fecha en que lo debutó en Tokyo, más de cincuenta años antes de que Bonet estrenara su versión. Diferencias aparte, el núcelo del montaje es idéntico: artista y espectadores que interactúan tijera en mano para cortar pequeños trozos del vestido de la protagonista. Quizá Bonet sienta lo mismo que Ono, que explicaba así esta experiencia un tanto mística: «Cuando hago “Cut Piece” entro en trance. Entonces no me siento demasiado asustada. Me interesaba saber cómo el público afrontaría esto. Me impresionó el silencio que se producía entre una y otra persona cuando se acercaban la escenario», escribía. Londres y Tokyo fueron también ciudades a las que llevó esta pieza y que mostró al público por última vez en 2003.

Por su parte, Bonet invita al público, a quienes considera agentes del arte, a interactuar con ella, acciones que son habituales hoy en pequeños escenarios. Lee sus versos en tres idiomas, el español, el catalán y el francés. Y confiesa que la política fue algo circunstancial en su vida hasta que en ella entró su esposo, con el que tiene un bebé de seis meses. Ahí cambió todo. Quizá no haya sido únicamente Yoko Ono quien le haya servido de inspiración, pues su espectáculo rezuma también dosis de post feminismo. Ahí es donde entraría el trabajo de Annie Sprinkle, una mujer que fue estrella del cine porno durante veinte años y que ahora se dedica a la performance que combina con charlas sobre sexo en el espacio de un cabaret. Estudió en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York y fue la primera «porn star» en conseguir un doctorado.

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