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Cara al otoño

Tiempo de lectura 2 min.

05 de septiembre de 2018. 20:26h

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Enrique Miguel Rodríguez Sevilla. 6/9/2018

Aunque nos queden casi 20 días de verano, lo cierto es que el almanaque está ya en «modo septiembre»: empiezan los colegios y los partidos salen de un cierto letargo y empiezan la encarnizada batalla diaria, que en esa autonomía tan sosegada como es Cataluña parece que nos va a poner los pelos de punta. También en septiembre desaparecen de las revistas del corazón los cuerpos gloriosos de las y los famosos en ropa de baño. Ya no se vuelve a ver un biquini salvo que la reina de Inglaterra decida ponerse esta escueta prenda para bañarse en los helados lagos de la real residencia de Balmoral. Todos estos avisos, y otros que se van produciendo, dejan claro que el otoño está en funciones. La estación se presenta fogosa, sólo hay que ver que lo que dijeron Sánchez y Torra en plan de distensión a principio de verano y que lo siguen manteniendo a la vuelta. Torra, ya saben, dispuesto al diálogo, pero para que esto ocurra hay que partir reconociendo que Cataluña es una república independiente. Supongo que la negociación, según Torra, es para cuantificar la reparación económica que el estado español debe abonar al nuevo estado catalán por los siglos que ha ejercido un colonialismo cruel. A Sánchez, por muchas sonrisas, por mucha distensión que quiera poner en juego, no le queda otra que garantizar la Constitución. Ayer, por primera vez en sus tres meses al frente del Gobierno habló del artículo 155 y su aplicación. Veremos si el otoño ardiente que se anuncia se convierte en una especie de toma de la Bastilla. Para alargar un poco lo de hacer política, antes de que tengan los jueces que actuar de nuevo, el presidente de toda España ofrece un nuevo Estatuto. Pero, ¿qué queda por conceder que no esté ya en el actual ? De cualquier forma, esto para los independentistas es como comida de enfermo en un hospital. Resumiendo, todo para nada desgraciadamente. Ahora sólo queda por ver cómo lidian los tres líderes de los partidos constitucionalistas, Sánchez, Casado y Rivera. Parece efectivamente un cartel de toros, tres guapos en la arena, con muchas similitudes entre ellos, jugándoselo todo en esas especies de ferias que son las elecciones y que están a punto de toque de clarines.

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